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Marta Matute emociona con 'Yo no moriré de amor', un drama familiar sobre el peso de los cuidados

La directora debuta con una historia basada en su propia experiencia, la de una chica atrapada entre los cuidados de su madre enferma y la pulsión propia de la juventud. Júlia Mascort, Sonia Almarcha, Tomás del Estal y Laura Weissmahr son los protagonistas

MÁLAGA, 11/03/2026.- La cineasta Marta Matute (c) junto a los actores Tomás del Estal (i), Julia Mascort (2i), Sonia Almarcha y Laura Weissmahr durante la presentación de su película "Yo no moriré de amor", en la 29 edición del Festical de cine de Málaga.EFE/ Jorge Zapata / Jorge Zapata (EFE)

MÁLAGA, 11/03/2026.- La cineasta Marta Matute (c) junto a los actores Tomás del Estal (i), Julia Mascort (2i), Sonia Almarcha y Laura Weissmahr durante la presentación de su película "Yo no moriré de amor", en la 29 edición del Festical de cine de Málaga.EFE/ Jorge Zapata

Málaga

En los últimos años la nueva generación de directoras que están cambiando nuestro cine ha situado en el centro del relato los cuidados. Lo hizo Alauda Ruiz de Azúa en 'Cinco lobitos' cuando a la protagonista se le juntaba la maternidad con la enfermedad de su madre, lo mostró Pilar Palomero desde otro punto de vista en 'Los destellos' con una mujer que acompañaba a su exmarido en sus últimos días, o la debutante Sara Fantova en 'Jone, a veces', la historia de una joven que busca su lugar en el mundo y su identidad mientras asume el cuidado de su padre. Todas ahondan en cómo la vida se paraliza con una familiar enfermo y cómo se convive también con la culpa y la frustración.

“¿Sabes lo que creo que quizá nos preocupa a nivel generacional? El quién nos va a cuidar a nosotros, Yo tengo un grupo muy grande de amigos y muy pocas personas tienen hijos. Creo que nos estamos creando una red de cuidados que tiene que ver con algo más comunitario, quizá eso es lo que más nos puede atravesar en estos momentos, la duda de quién nos va a cuidar si no estamos teniendo hijos”, reflexiona la directora Marta Matute, que presenta en la sección oficial del Festival de Málaga su ópera prima, ‘Yo no moriré de amor’.

La historia de este emotivo y sutil drama la encontró la autora en su propia experiencia, en el tiempo de juventud que tuvo que asumir los cuidados de su madre tras sufrir un microinfarto y desarrollar una demencia frontotemporal. “Me sentía muy sola cuando estaba viviendo todo lo de mi madre, porque nadie de mi edad estaba pasando por algo similar. Aunque tenía grandes amigos, era inevitable sentirme muy sola porque nadie compartía realmente los problemas gordos que estaba viviendo yo en casa, esa madurez obligada y empujada por la enfermedad de mi madre. Quería hacer esta película para acompañar a las personas que están viviendo esto, a todas las personas que están cuidando de un familiar, pero también a esas personas jóvenes que de repente se encuentran con este problema que supuestamente no les toca por la edad que tienen”, explica.

Matute compone mucho más que una coming of age de una veinteañera atrapada entre las obligaciones familiares y la propia búsqueda de su identidad, y logra trazar un retrato familiar mayor de cómo el peso de los cuidados afecta, perturba y a la vez recompone las relaciones familiares. “Nosotros siempre hemos sido una familia muy poco afectuosa, muy poco comunicativa. Yo antes pensaba, no tengo nada que ver con mi padre, no tengo nada que ver con mis hermanas, mi madre me cae mal. Había muchas broncas en mi casa porque siempre había conflictos por una cosa o por otra. Siempre he envidado las familias del resto. Y a raíz de atravesar todo la enfermedad de mi madre juntos, cambió todo. De repente miras a tu hermana, a tu padre, a tu madre con una empatía que no habías vivido nunca, porque ahora están pasando exactamente por lo mismo que tú y todos compartimos una vulnerabilidad y una fragilidad. Siento que esa unión familiar va a ser para siempre”, explica del arco de esta historia hacia un camino más luminoso y esperanzador que transcurre en paralelo a la inminencia de la muerte.

Para retratar los efectos de una enfermedad tan dura como el Alzheimer, la directora se apoya en el excelente trabajo de sus actores y en el uso del tiempo. ‘Yo no moriré de amor’ utiliza las elipsis para saltar de cumpleaños en cumpleaños y mostrar el deterioro físico y mental tanto de esa madre enferma como de la familia. Y ahí es donde sobresale el trabajo de una actriz como Sonia Almarcha, un trabajo físico en el que su cuerpo se va apagando con cada vez menos movilidad, sin poder hablar ni valerse por sí misma. La intérprete acompañó a la directora a centros médicos especializados en esta enfermedad. “Sonia es una persona súper comprometida con el trabajo actoral y con ella y el resto del reparto fuimos a la asociación de familiares de enfermos de Alzheimer en varias ocasiones, también a centros de día, y además mi padre también tiene una demencia ahora mismo. Ella vino a visitarle y estuvo un día en casa, ahí también cogió gestos de él. Cuando ensayamos la escena del baño y vi cómo lo hacía, sentí exactamente lo mismo que viví con mi madre”, recuerda.

Esa hija que ducha y limpia a su madre es Júlia Mascort, uno de los grandes rostros revelación que nos dejará esta edición del Festival de Málaga. Ella encarna la impotencia, la rabia, la culpa y la pulsión de la juventud por seguir adelante mientras estudia arte dramático y la compagina con trabajos de camarera. “Para mí la forma de acompañar con esta película a las personas que cuidan era enseñar también los momentos más frustrantes. Me sentía sola y fatal porque no quería estar cuidando, porque culpaba a mi madre por la enfermedad, porque quería que se acabara ya, porque tenía una rabia que me comía por dentro. Era muy importante que en la película salieran esas escenas que a lo mejor son más incómodas, a mí me hubiera gustado ver en una película a unos personajes que estuvieran pasando lo mismo que yo pasé”, añade.

Junta a ella Tomás del Estal interpreta a un padre recién jubilado, afligido y a la vez paralizado por la enfermedad de su mujer, que intenta ayudar y colaborar con sus hijas pero no está pendiente del todo. A la ecuación se suma Laura Weissmahr, la actriz ganadora del Goya revelación por ‘Salve Maria’, en el papel de la hermana que no reside en la misma ciudad, que trata de hacer un calendario de cuidados y que fiscaliza a su hermana pequeña. Ese es uno de los focos, primero de tensión, y luego de acercamiento, entre dos hermanas tan distintas que comienzan a entenderse en ese tránsito por los cuidados y un duelo anticipado. “Hay algo del deber de cuidar a la persona que nos ha cuidado que estaba en nuestros cuerpos cuando decidimos cuidar a nuestra madre porque nunca se cuestionó. Las familias con alguien enfermo se van aislando, es muy duro y doloroso ver cómo esa persona va perdiendo sus capacidades y va desapareciendo. Y todo eso está también muy atravesado por la vergüenza. La vergüenza de las personas que lo ven y los propios familiares. Entonces hay algo de querer aislarse, de no querer compartir. Yo no compartía nada de lo que estaba viviendo en mi casa, quería que se quedara de puertas para adentro y yo vivir mi vida, que nadie se enterase porque no quería la compasión de nadie. Lo peor cuando sales por ahí es la puñetera compasión de, ay pobrecita”.

Ese es precisamente uno de los méritos de ese notable debut, el de trabajar lo sutil, lo íntimo y lo sobrio alejándose de cualquier sentimentalismo forzado más allá del propio viaje emocional de las protagonistas. A eso ayuda también la puesta en escena en un piso común de clase media ubicado a las afueras de Madrid, en la ciudad de Valdemoro. Ahí transcurren dos tercios de la película. “Quería que la casa sí que fuera un poco asfixiante, quería detenerme en los planos, no hay grandes movimientos de cámara, es todo bastante austero. También porque quería trasladar esa sensación de estancamiento, de tiempo detenido. No quería embellecer nada. Quería trasladar a la película la sensación que tuve yo en esos años de enfermedad, que el tiempo se estancaba. Yo viví en la casa de mis padres desde el principio hasta el final de la enfermedad y la casa te absorbía de alguna manera. Buscaba esa sensación, porque el cuerpo también tiene un sistema de supervivencia, yo he olvidado bastante cosas, tengo lagunas mentales de ese periodo, no recuerdo lo que estudiaba en la carera”, cuenta.

Matute se formó en Comunicación Audiovisual y luego estudió interpretación y empezó a desarrollarse como actriz, al igual que la protagonista de su película. Fue durante la pandemia cuando optó a las residencias de la Academia de Cine y descubrió que en ella había una directora y una guionista con historias que contar. “Yo siempre dije, algún haré algo con esta historia familia. Y ahora he descubierto una profesión, bueno, dos profesiones, el guion y la dirección, que me encantan. Todo este proceso me ha ayudado a relacionarme con mi historia desde otro lugar. No era el objetivo que esto fuera terapéutico ni mucho menos, pero me lo he encontrado así”, concluye la autora, una de las nuevas voces a seguir en el cine español.

José M. Romero

José M. Romero

Cubre la información de cine y series para El Cine en la SER y coordina la parte digital y las redes...

 

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