"A un niño con altas capacidades le gusta aprender, pero entendiendo el porqué": las claves para comprender su desarrollo educativo y emocional
La coautora del libro "Hijos con altas capacidades: educarlos felices" relata cómo ha sido enfrentarse a este diagnóstico

"Sin saber cómo, la alta capacidad llega a casa": Beatriz Belinchón habla sobre la crianza de niños con estos perfiles
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Madrid
Con motivo del Día Mundial de las Altas Capacidades, el programa de La Ventana ha querido hablar sobre este fenómeno neurológico con Beatriz Belinchón, madre de una niña con altas capacidades y coautora del libro ‘Hijos con altas capacidades: educarlos felices’.
Belinchón es abogada especialista en Derecho Internacional, pero lleva "11 años estudiando y profundizando en las altas capacidades". Cuenta que el diagnóstico llegó desde el colegio y que "sin saber cómo, la alta capacidad llegó a casa". Tras la evaluación inicial, lo difícil fue enfrentarse a un sistema educativo que ayudara a estos niños a desarrollarse no solo en el ámbito formativo, sino también en el social y emocional. La respuesta del centro educativo al que asistía su hija fue demoledora: "aquí no la vamos a poder atender". Aun así, asegura que en estos años se ha avanzado mucho en la capacidad integradora de las personas con altas capacidades.
Las altas capacidades son un fenómeno neurobiológico que "abarca muchos aspectos", desde el cognitivo —cómo piensan, cómo razonan, su agilidad mental— hasta el perfil socioemocional y sensorial. Cada vez más nos vamos desprendiendo de esa idea errónea que vincula automáticamente las altas capacidades con las matemáticas, las ciencias y los números. Y es que hay un número en concreto que "ha hecho mucho daño a los perfiles con altas capacidades": el 130. Este punto de corte determinaba durante años si una persona tenía o no altas capacidades, dejando fuera a perfiles más variados y heterogéneos. "Las altas capacidades son una forma de expresarse, una forma de sentir, de gestionar los estímulos, de aprender diferente", explica Belinchón, quien celebra que "gracias a Dios, poco a poco vamos desterrando la idea del 130".
Las altas capacidades en el ámbito educativo
Sea cual sea el área en la que destaque una persona con altas capacidades, hay algo que debe quedar claro: "a un niño con altas capacidades le gusta aprender", pese a lo que durante mucho tiempo han creído algunos docentes. "Les gusta aprender entendiendo las cosas, el porqué, relacionando ideas", señala Belinchón, que subraya que "no es que estén distraídos, tienen una escucha circular". Es decir, son capaces de escuchar varias cosas a la vez y tener una especie de "sordera selectiva" para aquello que no les interesa, sin dejar de ser conscientes de lo que está ocurriendo a su alrededor.
Las altas capacidades en el ámbito familiar
"Normalmente, cuando una familia empieza a oír las palabras 'altas capacidades', al principio suena muy alarmante", relata Belinchón, que atribuye esa sensación al desconocimiento general sobre este perfil cognitivo. "Cualquier familia que tenga un hijo con altas capacidades vive con unos niveles de intensidad muy notorios". Afirma que "la oscilación emocional en un entorno familiar es difícil de gestionar a veces". Por eso anima a las familias a formarse e investigar sobre el perfil de sus hijos, y a enseñarles a gestionar la frustración y la derrota, situaciones frecuentes que requieren estrategias adecuadas para abordarlas.
Lo más doloroso para los padres es que, a menudo, sean ellos quienes "paguen sus frustraciones". Un comportamiento que suele asociarse a falta de límites o a rechazo, pero que, en realidad, es una buena señal. Belinchón invita a mirar ese gesto desde otra perspectiva: "gracias a que en mí ve amor incondicional es capaz de mostrarse tal y como es, porque ya está enmascarando en otros ambientes todo lo que siente". Concluye que "es muy importante abrazar a esas familias y decirles que miren más allá de la conducta y vean lo que ese niño les quiere decir".




