Los Oscar más políticos se debaten entre 'Los pecadores' y 'Una batalla tras otra' con opciones para el sonido 'Sirât'
Son las dos películas favoritas para esta noche, ambas hablan del momento político actual y, con toda probabilidad, se repartirán los premios en una noche donde el cine español opta a dos estatuillas gracias al filme de Oliver Laxe

Cadena SER
Los Ángeles
Las dos películas favoritas para esta noche de los Oscar, Pecadores y Una batalla tras otra, parecen tratar los temas que han abierto en canal a Estados Unidos. El racismo, el compromiso político, la inmigración y la violencia. Son temas que nunca han desaparecido desde la fundación del país, pero que en estos últimos años, sobre todo con el segundo mandato de Donald Trump, se han acrecentado. La película de Paul Thomas Anderson adapta la novela de Thomas Pynchon, escritor que habló de la violencia estatal contra los hippies y los movimientos de resistencia. El director traslada la acción a la actualidad para mostrarnos las jaulas de migrantes o cómo funcionan los grupos supremacistas de hombres blancos ricachones, al que pertenece el personaje de Sean Penn. En el caso de Pecadores, el género, en este caso el cine de vampiros, permite a su director Ryan Coogler hablar del racismo que dividió a la sociedad estadounidense y que sigue existiendo y dejando grandes brechas económicas y culturales.
Ambas películas merecerían llevarse premio esta noche, por su habilidad para contar historias que hablan del mundo en que vivimos desde géneros distintos, utilizando distintos elementos y emociones, humor, drama, tensión… Pero además, ambas han sido producidas por Warner, uno de los estudios fundadores del Hollywood clásico que podría tener los días contados ante la compra de Paramount. El fin de Warner podría implicar también el fin de un tipo de película con vocación taquillera, pero donde la autoría importa. Quizá lo tenga más fácil Paul Thomas Anderson, un olvidado de la Academia, para las categorías principales, como mejor película, dirección e incluso algunas interpretativas, como la de actor y actriz de reparto. Para Ryan Coogler, quizá podría caer guion y categorías artísticas y técnicas que pongan en relieve el cuidado visual con el que está realizada. Por ejemplo, mejor fotografía, que podría llevárselo por primera vez en la historia una mujer afroamericana.
La realidad política se cuela en estos premios sobre todo con estos dos títulos americanos, pero también con todo el cine de autor internacional que ha entrado a saco en esta edición, la mayoría, por cierto, películas presentadas en Cannes, festival que sigue marcando el rumbo del cine de autor y que también influye a Hollywood. El agente secreto, del brasileño Klebler Mendonza Filho ha cogido carrerilla en estas últimas semanas y podría ganar en la categoría de película internacional por su forma sorprendente y audaz de contar la persecución de la dictadura y los problemas que Brasil ha tenido para salvaguardar su memoria histórica. Película que tiene varias nominaciones más, entre ellas mejor película, y mejor actor para Wagner Moura. Sobre memoria habla también Valor sentimental, de Joachim Trier, un drama familiar sobre un director de cine y sus traumas con sus hijas, pero que atiende también a cómo la posición ante el nazismo afectó a muchas familias. Son las dos grandes rivales de Sirat, la película española, firmada por Oliver Laxe, que sí tiene más posibilidades en su otra nominación, la de sonido, donde tres mujeres, Laia Casanova, Yasmina Praderas y Amanda Villavieja compiten por el Oscar.

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Esta edición número 98 se celebra en medio de la escalada bélica que Estados Unidos mantiene en Irán con dos películas iraníes nominadas. Jafar Panahi, que durante muchos años no ha tenido el visado para salir de su país, tiene dos nominaciones con Un simple accidente, película ganadora de la Palma de Oro en Cannes. Además, del documental Cutting Through Rocks. No son favoritas en sus categorías, pero su presencia es importante en una noche como esta. No podemos olvidar la nominación a La voz de Hind, en una industria donde posicionarse en contra de los bombardeos en Gaza sigue siendo complicado, su nominación es un éxito, ojalá encuentre pronto una distribución como se merece. Por cierto, que su actor palestino Motaz Malhees no asistirá a la gala esta noche, ya que Estados Unidos le ha denegado el visado.
De las categorías interpretativas tenemos un poco de todo. Las hay que están cantadas, como el Oscar que recibirá Jessie Buckley por su papel en Hamnet. Es la mujer de Shakespeare, la que vive sola el duelo por la muerte de su hijo en una interpretación que pasa por todos los estados posibles: enamoramiento, felicidad, dolor y sufrimiento. No tiene rivales, a pesar de los grandes trabajos del año, como el de Renate Reinsve en Valor sentimental o Rose Byrne en Si tuviera piernas te daría una patada. En mejor actor parecía estar también claro el Oscar para Timothée Chalamet, por Marty Supreme, pero el Sindicato de Actores introdujo intriga al darle el premio a Michael B Jordan por Pecadores. Ojo también a Warner Moura que ganó el Globo de Oro y a las polémicas en torno al joven actor y a la película que representa.
Los trabajos de Sean Penn y Stellan Skarsgard hacen que sea reñida la categoría de actor internacional. El primero ganó el Sindicato de Actores -hay que tener en cuenta que los actores son el gremio mayoritario que vota en los Oscar- y el Bafta; el segundo, el Globo de Oro por Valor sentimental. En actriz de reparto es difícil hacer pronósticos, ya que cada premio lo ha ganado una actriz: Teyana Taylor ganó el Globo de Oro por Una batalla tras otra, Wunmi Mosaku el Bafta por Pecadores y Amy Madigan por Weapons, el del Sindicato de Actores. Otro premio asegurado es el de película de animación, ganará el fenómeno del año en Netflix, Las guerreras K-Pop, que encima actuarán en la gala y de las que es fan hasta Leonardo DiCaprio.

Pepa Blanes
Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...




