Los motivos por los que 'el David' de Miguel Ángel es la escultura más famosa del mundo y en qué nos puede ayudar en nuestro día a día
Pablo Ortiz de Zárate revela los detalles que convierten esta estatua en una obra maestra capaz de enseñarnos una valiosa lección
⭐️ ¿POR QUÉ es tan IMPORTANTE 'EL DAVID' de MIGUEL ÁNGEL, LA ESCULTURA MÁS FAMOSA DEL MUNDO?
Hay obras de arte que son tan conocidas que todos damos por hecho que son buenísimas. El 'David' de Miguel Ángel es una de ellas. Se trata, seguramente, de la escultura más famosa del mundo. Pero ¿por qué es tan importante? ¿Qué la convierte en una de las mayores obras maestras de la historia?
Lo primero que nos da una pista es la opinión de los mayores expertos en arte de la historia. Casi siempre coinciden en que es una de las mejores esculturas jamás creada. Giorgio Vasari, considerado uno de los primeros historiadores del arte, cuando vio 'el David' de Miguel Ángel, escribió: "Cualquiera que vea esta escultura, no tiene necesidad de ver ninguna otra escultura o el trabajo de ningún otro artista de nuestro tiempo o de otras épocas".
El David de Miguel Ángel es perfecto, pero no por lo evidente
Es la escultura que marca el estándar de belleza masculina ideal. Las esculturas y muchas pinturas que se hacen después de ella, directa e indirectamente se basan en el cuerpo que talla aquí Miguel Ángel. Algo irónico, porque Miguel Ángel vivió martirizado por su propia apariencia física. Él se consideraba muy feo y así lo escribió en sus poemas. Decía que tenía la cara y apariencia de un mendigo porque tenía la nariz rota y no le gustaba su aspecto.
Un encargo de la nobleza para decorar el Duomo
A Miguel Ángel, esta escultura se la encargan un grupo de nobles florentinos para decorar el exterior de la catedral de Florencia, el famoso Duomo. En origen iba a estar sobre uno de los contrafuertes, a una altura equivalente a un edificio de cinco plantas. Esto explica el tamaño inmenso de la escultura. No está hecha a escala humana. Mide 5 metros y 17 centímetros y pesa 5 toneladas y media. Debía ser así de grande para que se viera desde el suelo. Y eso explica también que las manos y la cabeza sean desproporcionadamente grandes.
Tardó 2 años en hacerla, pero cuando acabó era tan perfecta, los detalles de la cara y el cuerpo resultaban tan impresionantes que dijeron que no se podía colocar semejante maravilla a una altura tan grande, no se iba a apreciar. Un comité de expertos decidió que había que ponerla a ras de suelo. Y la colocaron frente al Palazzo Vecchio, en la Piazza della Signoria, la sede del poder político de Florencia.
Era el lugar perfecto porque, además de apreciarse mejor, servía también como símbolo. De hecho, la colocaron de forma que David mira hacia el sur, en dirección a Roma. Un mensaje al todopoderoso Papa. Eso sí, la escultura que podemos ver hoy frente al Palazzo Vecchio no es la original, es una copia. La original fue llevada en el siglo XIX al Museo de la Academia, donde sí se puede observar.
Una obra diferente
Hay muchas esculturas y pinturas que cuentan lo que pasó entre David y Goliat. Casi todas muestran el final de la historia, cuando David ya ha matado a Goliat. Generalmente lo vemos pisando su cabeza cortada o exhibiéndola. En Florencia había dos muy populares, la de Donatello y la de Verroccio. Miguel Ángel prefiere representar el momento anterior al combate, cuando David ya ha aceptado el reto de enfrentarse al gigantesco Goliat. Y esto lo cambia todo.
Está de pie, esperando que llegue el enemigo para empezar la batalla. Vemos su cuerpo de frente, relajado. Miguel Ángel nos lo dice con un truco que copia de las estatuas de la Grecia y Roma antiguas: el contrapposto. Esta postura en la que apoyas todo tu peso sobre una de las piernas, dejando la otra ligeramente flexionada y relajada. Esto hace que la cintura se incline un poco y los hombros también. Da sensación de reposo elegante. Es una de las razones por las que este cuerpo nos fascina independientemente de la orientación sexual. Ahí tenemos al joven David, esperando relajado con el cuerpo de frente. Pero la cabeza está girada. Acaba de ver a Goliat. Es el primer contacto visual, el momento justo en el que vuelve la cabeza y lo ve. Su cuerpo aún está relajado, pero su cara ya está tensa.
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Su mirada frunce el ceño en una mezcla de miedo y concentración. Está analizando qué va a hacer, tratando de contener el miedo lógico ante semejante reto. Un montón de detalles sutiles nos muestran esta agitación: el cuello está tenso, los orificios nasales están abiertos en ese gesto tan claro de tensión, tiene la yugular hinchada (algo que ocurre cuando estás en estado de agitación)…
Además, tiene la piedra escondida en una mano y la honda le cuelga sobre el hombro. Acaba de ver a su enemigo, le da miedo, pero reflexiona y tiene claro lo que va a hacer para derrotarlo. Y aquí llega la respuesta a por qué es una obra maestra: la capacidad de contarnos toda esa lucha emocional interior dándole martillazos a un trozo de mármol es asombrosa.
Y aquí está también el motivo por el que esta obra nos ayuda emocionalmente. Representa algo por lo que todos pasamos continuamente: el miedo. Todos somos David en diferentes momentos de nuestra vida. Todos tenemos retos y tareas a las que enfrentarnos que nos asustan. Son demasiado gigantes para luchar contra ellas. Esta escultura nos da la clave para luchar contra ellas.
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Nos muestra ese miedo que nos paraliza, está ahí, Miguel Ángel no lo esconde. Los héroes también tienen miedo. Pero David lo afronta con calma. Reflexiona. No se deja llevar por el pánico o los pensamientos catastrofistas que nos provoca la ansiedad. Los controla, los deja a un lado para poder pensar con claridad. Cuando te domina la ansiedad no piensas y tomas malas decisiones. Cuanto actúas con calma, piensas mejor. La calma vence a la fuerza bruta y al miedo.
El David de Miguel Ángel resume muy bien la mentalidad renacentista que elogia el pensamiento racional. Un humano que usa la inteligencia y su fuerza de voluntad puede con todo. Por eso tiene la roca escondida, para enfatizar que su victoria no es por la fuerza, es intelectual.
Así talló la escultura Miguel Ángel
Para tallar esta escultura de más de 5 metros, Miguel Ángel construyó una especie de andamio en torno al bloque de mármol e iba subiendo y bajando según la parte que quería trabajar.
La historia del bloque de mármol que usa para 'el David' es muy curiosa. En Florencia tenían un bloque enorme de mármol desde hacía décadas con el que nadie se atrevía a trabajar. Era inmenso, pero demasiado delgado, con poca profundidad, y con varias imperfecciones en la roca. Dos escultores antes de Miguel Ángel habían intentado tallarlo, pero, después de empezar, decidieron dejarlo porque pensaban que al picar iban a encontrar venas, agujeros e imperfecciones. Así que el bloque estuvo décadas abandonado.
Pero Miguel Ángel sí se atrevió. Cuando le encargan la escultura le dicen que tiene que usar ese bloque. Él dice que sí. El principal problema es que el bloque es tan delgado, que no había margen de error. Tenía la cantidad justa para esculpir a una persona de frente.
Miguel Ángel decía que él no creaba una escultura, sino que liberaba a la figura que estaba atrapada dentro de la piedra. Y hay que tener una rara combinación de habilidades. Por un lado, mucha fuerza para poder picar una mole a mano. Por otro, la precisión y delicadeza de un cirujano porque un golpe mal dado, si quitas de más, todo el bloque de 5 metros no sirve para nada, ya no hay marcha atrás. Tardó dos años en acabarla.
Y un último detalle importante: cuando se la encargan tenía 26 años. En el arte clásico es muy raro ver personas que tienen muchísima habilidad de tan jóvenes. La perfección se logra con años de trabajo y práctica. Miguel Ángel es una de esas raras excepciones. Y no solo tenía la técnica. Sobre todo, tenía la madurez necesaria para hablarnos de algo clave en la vida: cómo vencer nuestros miedos. Porque de eso va la escultura, no lo olvidemos. Vencer a nuestras inseguridades y miedos para derrotar a nuestros 'goliats'.
Pablo Ortiz de Zárate
Educador de arte, colaborador de 'Hoy por Hoy'...Educador de arte, colaborador de 'Hoy por Hoy' con la sección 'El Artesano'. Está especializado en el poder de los cuadros para gestionar las emociones. En sus talleres y visitas guiadas por museos enseña a mirar el arte desde el punto de vista emocional como terapia de autoconocimiento.