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Europeísmo y centralidad, pero pactando con la extrema derecha: el PP europeo celebra sus 50 años sin una estrategia clara sobre cómo relacionarse con los ultras

La formación liderada por Manfred Weber cumple medio siglo en una legislatura en la que los populares han ido rompiendo el muro que antes de las elecciones prometieron construir con las fuerzas de extrema derecha en la Eurocámara

El Partido Popular Europeo cumple 50 años

Bruselas

La legislatura comenzó oficialmente en junio de 2024, cuando las elecciones revalidaron al Partido Popular como la familia política más votada en todo el continente con una notable distancia de los socialistas. Hoy vuelven a ser el principal grupo en el Parlamento y a sus filas pertenece la presidenta de la Comisión y la presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola, con un mandato que expira en 2026, resultado de un acuerdo con los socialistas por el que se reparten la presidencia dos años y medio.

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Pero la mayor presencia de asientos del PP en el Consejo, hoy con Merz o Tusk ocupando sillas que antes ocupaban otros partidos, está abriendo la puerta a un tercer período de la popular maltesa al frente de la Eurocámara. Porque el PP domina la cúpula de las instituciones con una socialdemocracia con la menor cuota de poder de la historia y quiere que ese poder consolide su mayoría o controle gran parte de las instituciones.

Además, el PP tiene en su mano el centro de gravedad de la Eurocámara porque la aritmética parlamentaria permite dos mayorías. La europeísta –con el PP, socialistas, liberales y verdes– y la llamada mayoría Venezuela –con el PP, las patriotas de Le Pen y Orbán, los reformistas y conservadores de Meloni y de forma más puntual, Alternativa para Alemania–.

Von der Leyen pidió no pactar con la extrema derecha, pero Weber no le ha hecho caso

La legislatura, decíamos, empezó en junio de 2024, pero sentó sus bases y parte de su epitafio meses antes, cuando –en el congreso de Bucarest– Von der Leyen se presentó a las elecciones poniendo líneas rojas a su partido. Una de ellas era no pactar con la ultraderecha, algo que ha desoído el líder del grupo parlamentario y del partido, el alemán Manfred Weber.

El PP defiende que no rompe el cordón sanitario al pactar con los partidos a su derecha porque esgrimen que ellos pactan enmiendas, como también hacen los socialistas con la izquierda. Sin embargo, lo cierto es que esa complicidad ha definido y decantado mayorías que han endurecido políticas en materia migratoria, donde su discurso prácticamente es el mismo que el de las formaciones de extrema derecha, aunque también coinciden en su escepticismo con parte de la agenda verde europea.

Una sintonía parlamentaria que no cuestiona el PP español, que asume la secretaría general del partido con Dolors Montserrat y que es la segunda delegación más grande tras la CDU alemana. Un PP de Feijóo con más sintonía con Weber que la propia Von der Leyen y parte de la CDU porque los alemanes no ven con buenos ojos el acercamiento a la extrema derecha que ellos mismos vetan en el Bundestag.

De ahí el reproche público que le hizo el canciller Merz a principios de esta semana, después de que la agencia de noticias alemana DPA publicara la existencia de un grupo de WhatsApp en el que eurodiputados del PP y de la extrema derecha, incluida Alternativa para Alemania, se coordinaban para endurecer la política migratoria, con contactos personales incluidos.

"No cooperamos con los radicales. Quienes lo hagan tienen que atenerse a las consecuencias", afirmaba el canciller este lunes, poniendo la responsabilidad en Weber. Un PP europeo que trabaja con la extrema derecha, pero que asegura defender la coalición europeísta y que juega a varias bandas. Porque el PP de Weber pacta con ambos espectros de la Eurocámara, tiene el número de escaños suficiente para hacerlo y establecer las mayorías, y pacta con uno u otro en función de sus intereses.

Enrique García

(Sevilla, 1994) Corresponsal en Bruselas, siguiendo...