El válido argumento de un taxista que obligó a un científico a explicar por qué es verdad la llegada a la Luna
Una charla que le hizo reflexionar

El válido argumento de un taxista que obligó a un científico a explicar por qué es verdad la llegada a la Luna
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Una de las teorías conspiranoicas más extendidas y con mayor aceptación es la que niega que realmente el ser humano llegara a la Luna. El comienzo de esta historia es aquel 21 de julio de 1969, cuando en las televisiones de todo el mundo se seguía ese momento en el que Neil Armstrong abrió la escotilla del módulo lunar del Apolo 11, descendió por la escalerilla y pisó la superficie de nuestro satélite por primera vez. Fue un momento emocionante y, como dijo el propio astronauta, "un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad", habiendo conseguido un hito histórico, técnico y científico que ha sido muy comentado en todos los sentidos y aún en la actualidad, cuando ha pasado más de medio siglo desde que se diera aquel viaje de cinco días.
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Como apuntamos, hay quien considera que esto fue un montaje para ganar lo que en aquel momento se denominó como carrera espacial, una lucha de esfuerzos científicos entre Estados Unidos y la Unión Soviética para superar al otro dentro del marco de la guerra fría, en todos los aspectos, también en la exploración extraterrestre. Y argumentos han expuesto muchos los negacionistas, partiendo de la base de que crea incredulidad el hecho de que tan solo habían pasado 12 años desde que la URSS pusiera en órbita el primer satélite artificial de la historia, es decir, genera dudas que en poco más de una década, los estadounidenses, que no habían podido adelantarse a aquello, pudieran crear toda la tecnología necesaria para que tres hombres pudieran salir ir al espacio exterior, viajar a 400.000 kilómetros de distancia, pasear por la Luna y volver a casa sanos y salvos.
Pero ese solo es el principio, porque las excusas para sustentar la creencia de que todo fue una farsa son extensas, algunas como el ondeo de la bandera de Estados Unidos en un lugar donde no hay atmósfera, las manchas en las imágenes emitidas y capturadas por fotografías, la ausencia de la presencia de estrellas en ellas, la posición de las sombras o que no se hayan podido fotografiar por mediación de telescopios los restos de la misión Apolo. Aunque si hay una reina dentro de la argumentación para afirmar que nunca llegamos a la Luna es quizá la más simple: si pudimos hacerlo en 1969, ¿por qué en la actualidad, con muchísima más tecnología y recursos, no hemos vuelto? De hecho, una vez que se produjo este evento histórico, el pensamiento era que incluso a estas alturas estaríamos habitando en nuestro satélite, como buena cuenta pueden dar muchas historias de ciencia ficción de esa época y posteriores.
La cuestión es la siguiente, que realmente hay explicación para todas y cada una de esas afirmaciones que tanto han calado a nivel general, incluso en personas que no son para nada conspiranoicas, lo que pasa que o no se quieren escuchar o, simplemente, no se explican lo suficiente. Y sobre ello reflexionó Pere Estupinyà, bioquímico y divulgador científico, en La Ciencia de A vivir que son dos días, después de que estuviera en Colonia (Alemania) para visitar el Centro Europeo de Astronautas (EAC) de la Agencia Espacial Europea (ESA) de cara a la grabación de uno de los capítulos del programa científico que está preparando para TVE. Y en la preparación para este le ocurrió que tuvo que debatir con un taxista que le espetó que era de los que creía que el ser humano nunca había llegado a la Luna, esgrimiendo uno de los argumentos más extendidos, considerado como perfectamente válido por el colaborador del programa, y que le llevó a tener que explicarle las razones por las que sí que era cierto.
Las pruebas
Estupinyà comentaba que durante la grabación de este episodio decidieron preguntar a la gente por la calle sobre qué pensaban acerca del viaje a la Luna y el posible viaje a Marte. El mencionado taxista le dijo que no sabía si ya habíamos llegado, un pensamiento que está bastante extendido, como reflejan las estadísticas, pues entre un 20 y 30% de personas consideran lo mismo, según nos explicaba el divulgador científico. "Él no estaba convencido. Lo que decía era un argumento muy válido, que lo que le extraña es que hayan llegado 50 años atrás, con tecnología más rudimentaria, y ahora les cueste tanto volver", contaba Pere, a quien apostillaba Javier Sampedro, doctor en genética y biología molecular, que "eso nos sorprende a todos". Sin embargo, realmente hay bastantes pruebas que reafirman la versión oficial.
El propio Pere decía que "sabemos que viajaron con mucho más riesgo" y que él mismo ha estado en la NASA y ha visto los restos lunares, puesto que realmente esta es una de las cosas que obvia esta gente, y es que una de las pruebas más claras de la llegada como cierta son los 400 kilos de rocas de nuestro satélite que se trajeron a la Tierra y se repartieron por todo el mundo para su estudio, así como el polvo lunar que trajeron consigo en los componentes y trajes. Y eso no es todo, sino que se pueden desmentir las cosas que suelen lanzar los negacionistas, como el tema de la bandera. Javier Santaolalla, doctor en física y un reconocido divulgador científico, hacía varios vídeos sobre esto y decía que "en la Luna no hay atmósfera y por eso la bandera debería caer, pero como los ingenieros sabían eso le pusieron unos hierros para que se pudiera mantener fija", y el hecho de que ondee se explica fácilmente: al clavar la bandera, esta empieza a oscilar, no a ondear, y precisamente como no hay presión atmosférica, el movimiento tarda más en pararse.
Santaolalla también dio explicación al tema de la ausencia de estrellas en las imágenes, algo que es totalmente normal, pues "es lo que ocurre cuando tienes un frente luminoso tras un fondo que es más oscuro", diciendo que pasaría lo mismo si intentáramos tomar una foto de las estrellas debajo de una farola. Y sobre las manchas en las fotografías también hay una razón técnica que se conoce como efecto Flare, que también ocurre en la Tierra, al igual que las sombras que se dice que deberían ser paralelas, pero esto no tiene sentido con el concepto de perspectiva, pues hay que tener en cuenta el punto de fuga. Y sobre la ausencia de imágenes a través de telescopios de los restos de la misión Apolo, es tan sencillo como pensar en lo lejos que estamos. Hay unos 400.000 km de distancia entre la nuestro planeta y su satélite, y ni telescopios tan potentes como el Hubble son capaces de captar cosas tan pequeñas como las que se dejaron en la superficie. Santaolalla apunta que, más allá de los restos que trajeron de la misión, las fotos o los testimonios; "se dejó un espejo en la superficie de la Luna", lo que permite que, "desde aquí, si sabes dónde está ese espejo, si lanzas un láser va a ir y va a rebotar, una forma muy precisa de medir la distancia entre la Tierra y la Luna". Una prueba concreta más.
Una reflexión sobre la conspiración
El contexto del fin de la guerra fría y la carrera espacial, porque lo único que quería Estados Unidos era llegar antes que la URSS y ya lo consiguió, por lo que el gasto extremo que se realizó en proyectos espaciales ya no tenían demasiado sentido ni entonces ni en las siguientes décadas, siendo mucho más rentable mandar robots y satélites para la experimentación, hicieron que dejáramos la Luna tranquila. Y así se lo contó Estupinyà al taxista. "Le estuve explicando que en total han ido 12 astronautas, varias misiones...", porque no era un negacionista, según decía el bioquímico, porque le escuchaba, "y al final dijo: 'Ah, bueno, claro, es que si me lo explican así ahora me lo creo'. Fue muy fácil de convencer", aseguraba en A vivir que son dos días, lo que le hizo reflexionar.
"Hay mucha gente que ha oído campanas, es decir, que quizá no tienen tanta información, puede ser en lo de la Luna o temas mas de riesgos de vacunas y muchas otras cosas, que simplemente escuchan a unos diciendo una cosa y otros diciendo otra...", comenzaba diciendo Pere Estupinyà, que dice que todo este encuentro y la charla que tuvo con aquel hombre le hizo pensar "en la necesidad de a veces explicar un poco mejor algunas creencias que están muy asentadas".

Miguel Muñoz
(Linares, 1992) Periodista, SEO y redactor digital en la Cadena SER. Graduado en Periodismo por la Universidad...




