Sara Barquinero: "No creo en la cultura de alta y baja calidad, sí en la que no se consume de forma rápida e irreflexiva"
Después de triunfar con 'Los escorpiones', la escritora regresa con 'La chica más lista que conozco', una novela de campus y de iniciación, sobre el amor y el abuso de poder, con una estudiante que se lía con su profesor universitario

Sara Barquinero: "No creo en la cultura de alta y baja calidad, sí en la que no se consume de forma rápida e irreflexiva"
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Después de obsesionarnos, inquietarnos y arrastrarnos hasta el final con Los escorpiones (Lumen, 2024), una novela sobre los fantasmas que se esconden detrás de Internet, Sara Barquinero vuelve a sorprendernos gratamente con La chica más lista que conozco, su nuevo libro. Una novela de campus, de iniciación, trufada de reflexiones filosóficas y observaciones de no ficción a pie de página.
La protagonista es Alicia, una chica de Valladolid que viene a Madrid a estudiar Filosofía en la universidad. Alicia, leemos, es una cínica insoportable. También una optimista incurable, romántica, pero luminosa, a la manera de los ingleses decimonónicos. Siempre pensaba que lo mejor estaba por venir. "Cuando estaba construyendo el personaje de Alicia, lo que me dibujé en la pizarra fue: siempre que consigue algo ya le deja de gustar. Y en ese puede que se parezca un poco a mí, pero toda la historia que que sucede en la novela no está basada en hechos reales. He cogido cosas que he ido viendo en la universidad, en mi experiencia y en la de mis amigas y he creado algo que es completamente ficción", advierte la escritora y doctora en Filosofía.

Cubierta de 'La chica más lista que conozco', de Sara Barquinero / Lumen

Cubierta de 'La chica más lista que conozco', de Sara Barquinero / Lumen
Alicia escogió Filosofía cuando sus notas le habrían permitido ser, por ejemplo, abogada. Eso también le pasó a la autora, con la que abordamos el atractivo el atractivo y futuro de una carrera de humanidades hoy, frente a una de economía o derecho, que leemos en la novela.
Una historia muy coral, pero el otro gran protagonista es Juan Camala. Un profesor más o menos joven, tiene 36 años, el doble que Alicia. Juan se lía primero con Penny y a Alicia, más allá de si es o no un delito, le parece asqueroso salir con una alumna, sobre todo con una tan infantil como Penny. Pero Alicia acaba acostándose también con él. "Es supernormal que los alumnos y las alumnas, sobre todo las alumnas, deseen a sus profesores, por la cultura que tenemos, pero estos deberían poner un límite", afirma.
Barquinero describe un microclima universitario lleno de relaciones sexuales entre profesores y alumnas, sobre todo. Algunas consentidas, otras no. Y también un acoso ambiental permanente que ejercen determinados profesores sobre los estudiantes, profesores que disfrutan de una corte de Minions. ¿El sistema universitario es así de asqueroso y caciquil? "Mucha gente que ha leído el libro se siente reconocida en ese sistema de la universidad pública", responde la escritora, si bien todo está intensificado en la novela.
Estamos en unos años, en la novela, justo después del Movimiento #MeToo. Hay debates feministas, unidades de igualdad y puntos violeta en la universidad. ¿Cómo se gestiona cualquier denuncia de abuso de poder o sexual en el contexto universitario? "La violencia institucional no se vale solo de injusticias, sino de la lentitud y opacidad de sus procedimientos", escribe Barquinero en el comienzo del capítulo Libro II. "No puede ser que las víctimas de abusos, muchas veces, pierdan el conocimiento de qué pasa con sus denuncias con procedimientos tan largos", lamenta.

Las asociaciones feministas son, ante todo, un grupo humano atravesado por las mismas rencillas, dinámicas de identificación y bajezas que cualquier otro, leemos en La chica más lista que conozco. En una de las observaciones del libro reflexiona sobre la envidia y competencia entre mujeres, soterrada y sutil, frente a la rivalidad masculina, violenta y abierta. "El entorno universitario está atravesado de relaciones de poder ajenas a los principios del movimiento feminista", advierte la escritora, que confiesa haberse debatido intelectualmente con Pola Oloixarac y su libro Bad hombre, sobre feminismo, la cultura de la cancelación y las denuncias falsas.
Sin embargo, hay una gran defensa de la amistad femenina, eso sí, alejada de las utopías y el positivismo tan explotados en la literatura. "Todas tenemos amigas estupendas y otras que están deseando que nos vaya mal, estamos atravesadas por la injerencia del patriarcado, del capitalismo y de otros sistemas competitivos. Las protagonistas de mi novela acaban discutiendo por un tío y también por una plaza, así que sí, las mujeres pueden tener sororidad, pero también son humanas", explica.

Sara Barquinero reflexiona sobre la decadencia progresiva de la vida universitaria en cuanto a la intelectualidad de izquierdas. Desde Íñigo Errejón o Juan Carlos Monedero, acusados y denunciados por abusos o agresiones, a la figura del intelectual comprometido, que alcanzaría tanta centralidad durante unas décadas del siglo XX: "un individuo único que, como ciudadano privilegiado, interviene en la sociedad civil, de forma decisiva y significativa, actuando como referente moral de manera libre, sin que ello implique alinearse necesariamente con un partido político o un medio de comunicación", escribe citando a Émile Zola.
"La decadencia de la figura del intelectual responde a varias cosas. Una es la multiplicidad de los medios de comunicación. Ahora sería muy difícil pensar en un único canal de difusión, hay más diversidad, para bien o para mal. Creo también que la crítica que se ha hecho desde la izquierda a este intelectual comprometido, como fue Sartre, también ha debilitado esa idea de que el intelectual debe tener un compromiso político fuerte", explica entre otras razones.
Intelectuales sobre los que Jean-Paul Sartre también escribió, por cierto, durante la ocupación alemana. El libro, como decíamos, está lleno de observaciones de no ficción que acompañan a lo que estamos leyendo y sintiendo a través de Alicia, la protagonista. Muchas reflexiones filosóficas, citas, datos, autores. Pero, por encima de todos, se decanta por Sartre. "Recuerdo que, cuando era estudiante, siempre se decía que Sartre era un pésimo lector de Heidegger y ya, no había más explicaciones. Hay modas filosóficas, hace años estábamos todo el rato con Foucault y con Benjamin y hace mucho que Sartre no tiene su momento, pero yo creo que le podría llegar ahora en relativamente poco tiempo", dice.
A través de Sartre, Sara Barquinero reflexiona también sobre la vergüenza. Desde esa vergüenza que debe cambiar de bando, de víctimas a abusadores, a la vergüenza de clase. Estudiantes que han nacido en familias en cuyas cenas se hablaba de literatura y que podían adornar sus trabajos con conocimientos que no posee del todo, frente a estudiantes de clases populares que solo pueden enfrentarse a un examen con su propia capacidad de análisis". Además, "a Alicia le da vergüenza que sus compañeros conozcan el piso cutre de su tía Puri", en el que se aloja en Madrid, una mujer enganchada a Aquí no hay quien viva, concursos y culebrones.
El filósofo francés también le sirve para reflexionar sobre el amor, "una empresa insensata", según Sartre. "Un proceso de cosificación", escribe ella. ¿Qué es el gran amor nietzscheano?, del que habla en la novela, le preguntamos. ¿Qué relatos en torno a las relaciones amorosas y románticas ha creado y está creando la ficción? "De Cumbres borrascosas a Pequeñas mentirosas, las mujeres siempre hemos sido salvadoras y amantes de un hombre mayor", responde.
La chica más lista que conozco no es un libro ligero, aunque su lectura, a caballo entre la novela y todas esas disertaciones filosóficas, ha vuelto a atraparnos y arrastrarnos hasta el final, como con Los escorpiones. Con Sara Barquinero hemos terminado analizando cómo es la Generación Z, a la que ella pertenece, como la dramaturga Berta Prieto, que también advertía de que forman parte de una generación de nativos digitales, pero en un entorno de medios de comunicación cada vez más fragmentados e ideologizados, sin intelectuales, con dificultad de imaginar, espacios tecnificados de competencia salvaje, consumo segregado e ideologizado.

Los protagonistas de La chica más lista que conozco son personas a las que el Movimiento 15-M les ha pillado muy jóvenes, muchas son políticas aunque no militen en ningún partido. En una de las Observaciones reflexiona sobre la radicalidad y la necesidad de cambios revolucionarios. Nos ha recordado a unas palabras del Lászlo Krasnahorkai, el último nobel de Literatura, que, cuando pasaba por España, decía que él, como su amigo Bela Tar, de jóvenes creían en la necesidad de cambios revolucionarios, radicales, pero ahora, con el paso de los años, esa radicalidad se ha templado.
Bela Tar y Krasnahorkai estuvieron muy presentes mientras que Barquinero estudió filosofía, reconoce, "películas y novelas que tenías que ver y leer para hacerte el interesante", nos cuenta. Decía el escritor húngaro que, ante la intemperie de nuestro tiempo, él se ase a un arte y una cultura de calidad, "que requieren un esfuerzo, frente a lo cutre de Hollywood, la literatura popular y otras baratijas culturales impensables hace cuarenta años".
Sara Barquinero está de acuerdo en buscar algo que nos eleve, desde lo ideológico y lo crítico, pero sin caer "en los discursos reduccionistas que dicen esto es alta cultura, esto es baja cultura, me parece algo tremendamente anacrónico. Sí hay una diferencia entre el arte y la cultura que se produce y se consume de forma rápida, y quizás irreflexiva, y aquel que te hace entrar en un universo".
Ella, ante todo, pretende no aburrir, es de lo que más le preocupa. Y, desde luego, este libro no nos ha aburrido en absoluto. Más de 450 páginas en las que hemos entrado en ese universo universitario en el que "muchos profesores replican dinámicas infantiles, siguen en una adolescencia o primera juventud permanentes, porque, al fin y al cabo, tienen el mismo calendario que los niños, de septiembre a junio y sometidos a constantes evaluaciones". De esto trata, al fin y al cabo, La chica más lista que conozco.





