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Eider Rodríguez: "La felicidad es absolutamente nada, una frase impresa en una taza barata de café"

La amistad, la literatura, la felicidad, la clase y el amor recorren los relatos de la escritora en 'Era todo el mismo hueco', una radiografía de nuestro vacío existencial, de la crisis espiritual y filosófica en la que estamos inmersos

Eider Rodríguez, escritora: "La felicidad es absolutamente nada, una frase impresa en una taza barata de café"

Eider Rodríguez, escritora: "La felicidad es absolutamente nada, una frase impresa en una taza barata de café"

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Eider Rodríguez (Errentería, 1977) nos deslumbró hace tres años con Material de construcción, su debut en la novela. Un relato de no ficción, desgarrador e incisivo, sobre una generación, una ciudad y un país marcados por el peso de la violencia en la unidad familiar, la ruptura del pacto social, el desclasamiento y la familia. La escritora vuelve ahora al relato con Era todo el mismo hueco, también editado por Random House, en el que recuerda que los vascos son gente divertida, escribe, a pesar de la angustia existencial que atraviesan sus personajes.

Cubierta de 'Era todo el mismo hueco', de Eider Rodríguez

Cubierta de 'Era todo el mismo hueco', de Eider Rodríguez / Random House

Cubierta de 'Era todo el mismo hueco', de Eider Rodríguez

Cubierta de 'Era todo el mismo hueco', de Eider Rodríguez / Random House

Ixabel tiene un malestar crónico, se siente cansada, cada vez más agotada. Lila está triste también, ha dejado de creer en los sueños. Le cuesta respirar, como si el aire fuera demasiado espeso. Elena bucea entre el tedio y la ira. La rabia y una tristeza fosilizada, pétrea. En el último relato se habla de soledad interior.

Los vascos seréis gente divertida, pero los personajes están tristes, sin serlo el libro. ¿Qué les pasa?, ¿qué nos pasa? ¿Cuáles son esos malestares contemporáneos que comparten todas?

Eider: Creo que está de fondo esta ansiedad y esta sensación de incertidumbre tan contemporánea y, sobre todo, de los últimos diez o quince años. Creo que muchos de los pilares de nuestras irrisorias existencias también han caído. Entonces, es difícil vivir siendo consciente de ello y creo que por eso también hacemos como que no lo sabemos, ¿no? Mis relatos también consisten en echar el freno, en pararnos a pensar y de esos destellos de lucidez que podemos tener de vez en cuando, agarrarlos e intentar contarlos.

Por otro lado, no sé si somos divertidos o no, pero creo que, para lo bueno y para lo malo, los vascos y las vascas tenemos como una necesidad o un ansia de trascendencia. No hay más que ver los muebles vascos o los caseríos de piedra, nada es efímero. Supongo que tiene que ver también con la tozudez y con el idioma. Entonces, quizá cierto carácter de los personajes pueda tener que ver también con ello, con esa necesidad de trascender, de encontrar, también en lo efímero, rasgos de libertad.

"A menudo la felicidad estaba tan cerca que (Ixabel) se reprochó sus ansias de salir a buscarla siempre lejos". ¿Qué es la felicidad?, ¿dónde encontrarla? y ¿depende nuestra felicidad siempre del otro?

Eider: Sí, yo creo que somos seres totalmente dependientes, interdependientes, y parte de nuestra felicidad creo que depende de ser consciente de ello. Y que es muy bueno y muy sano saber que dependemos del resto del mundo, pero no solamente estoy hablando de las parejas, sino de, yo que sé, de la persona persona que te lleva en autobús de un lugar a otro o de la persona que cuida de la madre. Hay una palabra que me encanta, se la leí a una filosofa vasca, que es holobionte. Un ecosistema, creo, que consiste en diferentes seres y diferentes relaciones de dependencia con con la naturaleza. Creo que sería mejor nuestro nuestra vida si pensáramos así.

¿Qué es la felicidad? Absolutamente nada, es una palabra impresa en una taza barata de café. Entonces, la labor de una escritora, bueno, mi labor creo que consiste también en ver qué es eso a lo que de vez en cuando tenemos la tentación de llamar felicidad. Pero también qué es aquello que creemos que es la felicidad. Lo que se esconde detrás de estas palabras tan abusonas me fascina, es mi material de trabajo primordial.

En el relato titulado El agujero es cuando se menciona la palabra hueco. "Pocas veces me he sentido tan contenta como la primera vez que entré por aquel hueco", dice la protagonista. Era todo el mismo hueco se titula el libro. ¿Qué hueco es ese que comparten los relatos? ¿Es ese sentimiento de vacío del que hablábamos?

Eider: Sí, por un lado hay un sentimiento de vacío que tiene que ver con lo existencial, con lo filosófico, con lo espiritual. Yo creo que la mayoría de mis personajes lo tienen, bueno, yo creo que todo el mundo lo tiene, más tapado o menos tapado. Y luego también hay agujeros o huecos más literales, como puede ser este, el de una mujer cavando un agujero debajo de su propia casa, sin saber muy bien por qué, pero en ese cavar y en ese vaciar, en ese agujero y en esa oscuridad, de repente, encuentra un diálogo con el mundo y consigo misma y encuentra respuestas que quizás ni siquiera estaba buscando.

Y luego también hay otro tipo de agujeros, en uno de los relatos hay una cueva que tiene bastante importancia, hay un cráter también, hay una casa que está medio construir y en esa cavidad dos amigas construyen un hogar al que luego volverán y a convertir en una casa más real, ¿no? Entonces, bueno, he querido hacer este juego con las diferentes oquedades, o vacíos, o cavidades o agujeros que creo que también pueden contener mucha luz y mucha sabiduría, a pesar de la connotación mala que tiene el concepto de vacío.

Esos espacios son poco idílicos o generan cierta inquietud, ¿no? Un bungalow de madera en un camping, pero rodeado de chalets y algunas construcciones a medias por chanchullos y corruptelas. Un caserío medio ruinoso. Incluso una casa con jardín, La Isla de los Faisanes o un bungalow en Tailandia son escenarios que acaban inquietando.

Eider: Sí, me interesan mucho estos espacios, por llamarlo de alguna manera, diría que residuales. Que no están muchas veces en Google Maps, pero que, sin embargo, forman parte de nuestras vidas y de nuestras miradas. Me interesa lo que sucede ahí, porque, al final, yo considero que soy una escritora que se fija en las cosas nimias, insignificantes, pequeñas, que no interesan por lo general a los periódicos, a los medios de comunicación, a la gente. Mi mirada creo que la entreno para fijarme en qué somos cuando estamos ahí, qué cosas suceden, cómo es el mundo visto desde ahí. Es algo que me apasiona y en lo que pienso seguir trabajando y a lo que pienso seguir mirando.

Hay bastantes infidelidades o intercambios de pareja en estos relatos. ¿Buscamos la pasión, la fe y el deseo perdidos en el otro?, ¿son incapaces de amar o no saben lo que es amar?

Eider: Bueno, claro que no saben amar bien, no sabemos amar bien, ¿no? ¿Qué es amar? Al final yo me ocupo también de eso, de qué es amar. A veces dentro del amor hay maltrato, hay dejadez, hay sadismo, hay perversión, hay no sé, aburrimiento, pero también hay ternura, hay cuidado, hay amistad. Al final dentro del amor hay una amalgama de cosas indescifrable. Entonces, yo intento ver ese nudo, qué es lo que esconde más allá, como decía, de la taza de café.

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Hay tres asuntos que recorren los relatos y que me han llamado la atención, a saber: la amistad, el clasismo y la literatura. ¿Cómo de importante es para ti la amistad, las amigas? ¿Más que la familia?

Eider: Es importantísimo, para mí la amistad es un lugar seguro que intento cuidar y en el que puedo ser yo misma más allá de la norma social, que a veces es necesaria para hacer como que somos seres funcionales. La amistad es poder hablar en libertad de cualquier cosa más allá de lo que nos pautan las diferentes corrientes ideológicas a las que yo también me adscribo, ¿eh? Pero poder hablar, con algunas amigas, claro, poder hablar de mis dudas, de mis inquietudes, me parece fundamental. Son una bombona de oxígeno muy importante. Pero esa sensación de poder hablar de absolutamente cualquier cosa la llevo también a mi relación de pareja o a mi familia. Cuando eso funciona, es como que casi todo funciona, a pesar de que luego pueda acabar, como también pueden acabar las amistades. Me parece eso, tener un lugar seguro, humanamente seguro para sobrevivir es imprescindible.

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Luego está el clasismo. Los ricos. "En pleno siglo XXI y en Francia una chica no puede seguir estudiando por dinero, como si fuera una inmigrante", leo. "Los nuevos ricos no son felices", leo en otro. En Corazón de pato también hay crítica a los ricos y sus cosas. ¿Cómo atraviesa o marca el clasismo tu escritura?

Eider: Pues es algo que también me interesa mucho, como me interesa el reverso de todas las palabras. ¿Qué es rico? ¿Por qué alguien es rico? O sea, parece magia o parece como algo genético. Entonces, me gusta poner en primera línea de dónde viene esa riqueza o insinuar de dónde viene esa riqueza y qué atrocidades han tenido que cometerse para que una persona todavía sea rica. Me gusta hablar de lo real, a pesar de que luego pueda haber partes más oníricas o más mágicas. Sin embargo, esta parte material de la realidad supongo que tiene que ver también con mi formación o mi educación política o cultural. Creo que está en toda mi literatura, la atraviesa y me interesa leer también ese tipo de literatura y ver ese tipo de cine.

Recordamos que Pilar Palomero adaptó Un corazón demasiado grande, un relato de Eider Rodríguez, en Los destellos.

Con Eider Rodríguez hemos reflexionado también sobre la literatura, que también atraviesa los relatos de Era todo el mismo hueco. Si la novela, como se dice en Corazón de pato, tiene más prestigio que los cuentos o relatos. Sí, desde luego, no en Latinoamérica, pero sí en Europa y en España. Y la escritora vasca nos confiesa cuáles han sido los mayores desengaños que ha vivido con la literatura y los escritores, que aparece en el relato Canícula. "No poder desgajar literatura y autora", obra y autor, responde. De su proceso creativo a la hora de escribir y de cómo ve a la juventud, ella que también es docente. ¡Dale al play y escucha toda la entrevista!

 

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