"Lo que se hizo allí no se podría hacer en ningún sitio del mundo": el experimento que cambió una isla pero tuvo "graves consecuencias"
La transformación artificial de la isla revela un experimento único en la historia científica que hoy sería inviable por su impacto ambiental

La transformación artificial de la isla de la Ascensión revela un experimento único en la historia científica
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En mitad del Atlántico Sur, la isla de la Ascensión sorprende porque, aunque nació como un terreno volcánico árido y desolado, se transformó en un bosque frondoso en apenas unas décadas. Allí, donde Darwin solo vio un desierto "terrorífico", crecen ahora pinos europeos, ficus sudamericanos y bambú asiático. Un paisaje imposible que no surgió solo, sino que fue construido por el ser humano a mediados del siglo XIX, en uno de los experimentos ecológicos más radicales de la historia.
Desde la propia isla, el ingeniero Víctor Maul explicaba en A vivir que son dos días por qué Ascensión sigue atrayendo a científicos: es un ecosistema creado "a mano", capaz de transformar un desierto volcánico en un vergel insólito. Pero esa imagen, recibió de inmediato un matiz crítico desde el otro lado del teléfono.
La doctora Ana Traveset, investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA-CSIC) y una de las mayores expertas en ecosistemas insulares, entró en la conversación para advertir de sus límites. "Desde luego, lo de Ascensión es un ejemplo de ingeniería ecológica que sirve para entender cómo se ensamblan las comunidades", admitió.
Sin embargo, recordó que eso ya no puede hacerse. Porque si algo demuestra la transformación radical de la isla es que jugar con la naturaleza sin pensar en que sus consecuencias tiene un precio. "Lo que se hizo en Ascensión, introduciendo bambú y especies de cinco continentes, es un experimento que ahora mismo no lo permitirían en ningún sitio del mundo", explicó. Y continuó: "No se podría hacer. Cada país tiene sus leyes de conservación y sabemos las graves consecuencias que tiene la introducción de especies invasoras".
A partir de ahí, Traveset ofreció una perspectiva insular mucho más amplia, recordando que el planeta vive oficialmente en la Década de la Restauración, declarada por la UNESCO, y que hoy las prioridades son otras: restaurar ecosistemas dañados sin agravar los problemas existentes. "Para islas que han sido deforestadas, eso se puede hacer completamente con especies nativas y de hecho se está haciendo ahora", señaló. Y puso ejemplos como: Rodríguez (Mauricio), Tiritiri Matangi y Matangui (Nueva Zelanda), Hawái, Galápagos… lugares donde se trabaja para reconstruir bosques originales sin repetir el error histórico de Ascensión.
Traveset recordó además por qué las islas merecen una protección extrema. "El 20% de las plantas vasculares y el 20% de los vertebrados son especies insulares", explicó, y el grado de endemismo es altísimo: "Diez veces mayor que en los continentes. Más del 60% de las extinciones registradas en el mundo han ocurrido en islas, y el 40% de las especies amenazadas también son insulares". Allí, la llegada de un solo depredador —una serpiente en Guam, un gato en Galápagos, una culebra ornamental en Ibiza— puede desencadenar una catástrofe ecológica imposible de revertir.
Por eso, insistió, la lección de Ascensión no es que plantar especies exóticas pueda "crear" ecosistemas ricos, sino todo lo contrario: que aquello fue un experimento irrepetible, fruto de una época sin legislación ambiental y sin conocimiento sobre la invasión biológica. Hoy se considera un caso excepcional que ayuda a comprender cómo se ensamblan comunidades vegetales, pero también un ejemplo de qué no debe hacerse. "En vez de esos experimentos, lo que hay que reforzar es intentar recuperar lo que había en un pasado y que las actividades humanas eliminaron", defendió Traveset.
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¿Lo que ha pasado en la isla de Ascensión es exportable a otras zonas áridas de nuestro planeta?




