“Por fin llega una persona que me va a entender”: el vínculo que cambió la vida de Maica en su lucha contra la esclerosis múltiple
El libro 'La mirada del paciente', elaborado por Cinfa, visibiliza, a través de fotografías y textos, las historias de quienes afrontan una enfermedad o discapacidad y de aquellos que les cuidan y acompañan

Mari Carmen, enferma de esclerosis múltiple, y su cuidadora Elena. / grau

Madrid
A Maica Fernández, 62 años, le diagnosticaron esclerosis múltiple hace más de 18 años. Desde 2012, vive en la residencia Cai Cocemfe de Petrer, en Alicante. Allí conoció a Elena en 2015, una técnico de ocio y tiempo libre que se ha convertido en su gran apoyo. Juntas protagonizan 'Se miran', una imagen recogida en la página 49 de La mirada del paciente, el libro elaborado por Cinfa que visibiliza, a través de fotografías y textos, las historias de quienes afrontan una enfermedad o una discapacidad y de aquellos que les cuidan y acompañan.
"Vi a una persona que me iba a comprender y me iba a ayudar", aseguraba Maica en La Ventana al hablar de la fotografía, en la que ambas aparecen mirándose y sonriendo. Una mirada que, además de complicidad, transmite un enorme vínculo de cariño. "Elena lo es todo para mí", aseguraba.
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La mirada del paciente | La historia de Maica y Elena
Se conocieron cuando Elena llegó al centro para hacer unas prácticas. "Congeniamos al momento", explicaba Elena. Hasta entonces, la joven nunca había trabajado con personas con discapacidad. "Quise probar y no me lo pensé. He descubierto un trabajo muy gratificante y con el que me siento muy realizada", señalaba.
Elena ayuda a los pacientes con "todo". "Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Lo hacemos todo con ella", resaltaba Maica. El ocio es algo fundamental para este tipo de pacientes porque estar en una resiencia, explicaba Elena, puede provocar una sensación de aislamiento. Así es como la propia Elena se convirtió en "la chica de los juegos": los lleva al cine, a pintar o a gimnasia.
Un vínculo para toda la vida
El vínculo que se crea entre residentes y cuidadores es tan intenso que muchas veces es difícil de explicar. "Me dan mucha vida. Cuando estoy de vacaciones me pregunto cómo estarán ellos y pienso mucho en cómo será el reencuentro", aseguraba Elena.
Es un trabajo duro tanto físico como mentalmente, confesaba. "No todo es de color de rosa. Tenemos momentos malos cuando perdemos a alguien que queremos en la residencia, pero es un trabajo muy agradecido. Ellos lo agradecen mucho", insistía la técnico de ocio.


Lydia Ramón Espinosa de los Monteros
Graduada en Periodismo por la Universidad de Valencia y Máster en Periodismo por la Escuela UAM - EL...




