Sociedad

El primer crimen racista reconocido en España: la historia de Lucrecia Pérez, 30 años después

El caso que destapó el racismo estructural en los 90 vuelve a resonar en plena ola de discursos de odio y alarmismo xenófobo.

Mural de Lucrecia Pérez en Aravaca / Change.org

Madrid

En noviembre de 1992, España despertó de golpe. Mientras el país se miraba en el espejo de la modernidad, entre las Olimpiadas y la Expo de Sevilla, un crimen sacudió la imagen oficial y obligó a mirar hacia una realidad que durante años había sido negada: el racismo.

Lucrecia Pérez y la España racista (1992)

En Aravaca, un grupo de cuatro jóvenes neonazis, liderados por un guardia civil en activo, asesinó a tiros a Lucrecia Pérez, una mujer dominicana de 33 años que vivía en España sin papeles y trabajaba como empleada del hogar. Fue el primer crimen racista reconocido oficialmente en nuestro país.

Aquel asesinato no fue un suceso aislado. Ni siquiera fue un estallido espontáneo. Llegó tras semanas de rumores, bulos y discursos xenófobos dirigidos contra la comunidad dominicana que se reunía en una plaza de Aravaca. Las autoridades habían negado que existiera racismo; los medios, en algunos casos, alimentaron estereotipos; y la extrema derecha aprovechó el clima para sembrar odio y carteles que hablaban de “invasión”, “guetos” y “pérdida de identidad”.

Lucrecia pagó con su vida ese caldo de cultivo. Unos mensajes que han cambiado poco en 30 años.

Una vida marcada por la precariedad y por un país que no quería ver el racismo

Lucrecia había llegado desde la República Dominicana para trabajar y ayudar a su familia. Vivía con miedo, sin derechos y sin red, como miles de mujeres migrantes en aquella época. Tras perder su trabajo como interna, dormía en una discoteca abandonada, la Four Roses, también en Aravaca, junto a otros compatriotas, mientras soportaba los insultos, el acoso policial y la deshumanización diaria.

La madrugada del 13 de noviembre, cuatro neonazis entraron en la discoteca. Dispararon cuatro veces. Tres de esos tiros alcanzaron a Lucrecia. Murió allí mismo.

Un juicio histórico y una herida que sigue abierta

La investigación demostró que el arma utilizada pertenecía a un guardia civil: Luis Merino, líder del grupo. Fue condenado a 54 años de prisión; los tres menores que lo acompañaban, a 24 años. Pero la realidad es que estuvieron poco tiempo entre rejas. Años después, todos estaban de nuevo en la calle.

El asesinato desató manifestaciones masivas por todo el país y abrió un debate inédito en España sobre racismo, impunidad institucional y presencia de neonazis en las fuerzas de seguridad. Fue, para muchos, el inicio de la conciencia colectiva sobre los crímenes de odio en nuestro país.

Treinta años después: los discursos de odio vuelven al centro

Volver a la historia de Lucrecia en 2026 no es un ejercicio de nostalgia ni de memoria selectiva. Es un espejo.

Hoy, los discursos que antecedieron a aquel crimen: bulos sobre migración, alarmismo racista, teorías de “sustitución demográfica, etc. han vuelto con más fuerza que nunca. Ya no están relegados a octavillas clandestinas: hoy se escuchan en instituciones, tertulias y redes sociales.

Los datos lo confirman: los crímenes de odio se mantienen al alza cada año, especialmente los motivados por racismo y xenofobia. La deshumanización vuelve a normalizarse.

Por eso el caso de Lucrecia sigue siendo urgente, porque recuerda lo que pasa cuando el odio se tolera. Porque demuestra que las palabras importan y enseña que un discurso no es inocuo: puede ser el primer paso hacia un crimen.

Un episodio imprescindible

La nueva temporada del podcast Crímenes de odio (Podium Podcast en colaboración con SER Podcast) reconstruye minuciosamente el caso de Lucrecia Pérez: su vida, el contexto migratorio de los 90, la campaña racista en Aravaca, la noche del crimen, el juicio, la impunidad, la reacción social y el paralelismo con nuestros días.

Una historia que debería seguir enseñándose y escuchándose. Porque lo que sucedió en 1992 no pertenece solo al pasado. Nos interpela aquí y ahora.