'Yo te creo', un asfixiante drama judicial que retrata la lucha de una madre por la custodia de sus hijos
La ópera prima de los cineastas belgas Arnaud Dufeys y Charlotte Devillers, ganadora del Festival de Sevilla, aborda con tensión y precisión una vista judicial para proteger a los menores

Fotograma de 'Yo te creo' / Karma Films

Madrid
Es pronto, quizás, para catalogar el cine de 2026 bajo una etiqueta cerrada. Sin embargo, sí empieza a dibujarse una tendencia clara hacia un drama psicológico familiar que pone el foco en las angustias de madres obligadas a sostener y luchar por todo. Todo, incluso cuando ya no queda espacio para ellas mismas.
Ya lo vimos en 'Si pudiera, te daría una patada', título premiado que sigue a una madre atrapada en una rutina marcada por el estrés, la culpa y la ansiedad. Un retrato de la maternidad contemporánea que encontraba en lo cotidiano su mayor fuente de tensión. En esa misma línea se sitúa ahora 'Yo te creo', la ópera prima de los cineastas belgas Arnaud Dufeys y Charlotte Devillers.
El largometraje adopta la forma de un drama judicial angustioso y asfixiante, centrado en un único día dentro de la sala de declaraciones de un juzgado. Allí, una pareja separada expone sus argumentos en una batalla por la custodia de sus dos hijos.
La propuesta, aparentemente sencilla, se va desplegando poco a poco con una intensidad creciente. La mayor parte de la acción se sitúa en un escenario único, donde cada intervención, cada discurso, cada palabra, deja entrever problemáticas mucho más amplias y universales: la falta de atención real a los menores en los procesos judiciales o los sesgos machistas estructurales que atraviesan la administración de justicia.
Y es que, al fin y al cabo, es la madre quien termina sosteniendo el peso invisible de todo el proceso. Sobre ella recae la necesidad de demostrar su capacidad como cuidadora ante una institución fría y protocolaria, mientras contiene sus propias emociones internas y preocupaciones. El espacio se convierte, así, en un espacio de vigilancia y análisis constante, donde cada gesto es susceptible de ser interpretado y juzgado.
El minimalismo formal busca reforzar esta sensación. La cámara apenas se mueve, pero, cuando lo hace, es para invadir la intimidad casi inexistente de los personajes en un proceso judicial así. Los largos primeros planos, que resultan hasta incómodos, captan al detalle la más mínima expresión de angustia. Asimismo, como ocurría en 'Si pudiera, te daría una patada', los hijos apenas tienen presencia física. Su presencia es más bien conceptual, una presencia ausente que articula todo el conflicto. Esta decisión subraya una de las paradojas centrales de la cinta: aunque todo gire entorno a ellos, la voz de los verdaderos protagonistas queda diluida entre los discursos de los adultos y los abogados que hablan en su nombre sin llegar a escucharlos.
De este modo, 'Yo te creo' se inscribe en una corriente emergente del cine reciente que despoja a la maternidad de cualquier idealización para mostrarla como una lucha silenciosa y profundamente injusta donde las madres batallan por ser escuchadas y reconocidas.
Con una actuación protagónica brillante de Myriem Akeddiou y avalada por múltiples nominaciones a galardones y certámenes como el Festival de Berlín y el de Sevilla, la película llega a las pantallas españolas como un retrato incómodo y necesario que mira a la justicia como otro escenario más de desigualdad.




