Así salvó Samaranch los Juegos de Invierno: "Si no los juntamos, nadie los comprará"
Según recordó Paloma del Río, Samaranch entendió que las audiencias y los ingresos de los Juegos de Invierno no garantizaban su supervivencia

Paloma del Río recuerda como Samaranch salvó los Juegos de Invierno
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Madrid
La periodista Paloma del Río, una de las voces más reconocibles del olimpismo español, repasó en A vivir que son dos días algunas de las historias menos conocidas de los Juegos. Entre recuerdos de ceremonias, anécdotas de la villa olímpica y apuntes de una trayectoria que suma ya dieciséis ediciones, explicó que los Juegos de Invierno estuvieron a punto de quedarse sin futuro hasta que Juan Antonio Samaranch tomó una decisión que los cambió para siempre. "Si no los unimos, nadie los comprará", recordó Del Río sobre aquella frase que marcó el rumbo del COI.
Según contó la periodista, el expresidente del COI comprendió que las audiencias y los ingresos de los Juegos de Invierno no garantizaban su continuidad. "Los de invierno no los compran más que Austria, Alemania, Suiza, Canadá, China… los que pueden hacer deportes de invierno", explicó. Por eso, Samaranch decidió vincular su venta a la de los Juegos de Verano, un movimiento que Del Río definió como clave para asegurar la supervivencia del olimpismo invernal: "La gallina de los huevos de oro eran los de verano. Si los de invierno iban solos, no los quería nadie".
Ese contexto histórico da sentido a historias que hoy parecen improbables, como la clasificación de Jamaica en bobsleigh o la aparición de deportistas españoles en disciplinas sin tradición en nuestro país. El caso más paradigmático es el de Ander Mirambell, primer atleta español en competir en esqueleton. Paloma del Río relató su irrupción en el circuito con una mezcla de admiración y perplejidad: "Él quería ser olímpico. Quería hacer atletismo, pero no llegaba. Entonces dijo: pues voy a hacer deportes de invierno". Eligió uno de los deportes más extremos y menos practicados del programa olímpico.
Los inicios de Mirambell rozaron lo artesanal. "Los austríacos se quedaron de piedra porque no tenía ni material ni nada", recordó Del Río. Y añadió una imagen que ya es parte de la mitología del deporte español: "En sus primeras zapatillas ponía ralladores de queso para poder agarrarse al hielo. Yo las he visto". Según la periodista, los técnicos europeos, sorprendidos, llegaron a mirarlo con compasión: "Decían: este pobre…".
Sin embargo, la constancia del deportista y la voluntad de la Federación Española de Deportes de Hielo abrieron puertas donde no las había. Mirambell llegó a entrenar con equipos de Suiza, Alemania y otros países que sí cuentan con pistas: "Aquí no hay instalaciones, así que tuvo que buscarse la vida", explicó Del Río. Tras competir en varios Juegos, el pionero decidió impulsar un programa para captar nuevos talentos: "Cuando hizo dos o tres Juegos Olímpicos dijo: vamos a promover que haya más gente haciendo esqueleton".
En su nuevo libro, Esto no estaba en mi libro de los Juegos Olímpicos (Almuzara), Del Río reúne muchas de estas historias que normalmente quedan fuera de cámara: la vida en la villa, los debates sobre qué deportes deben entrar o salir del programa, la desigualdad aún presente en algunas disciplinas y ese ‘celofán’ que envuelve a los Juegos y que, según ella, engancha al espectador durante dos semanas aunque no vuelva a ver jamás ese deporte.
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Paloma del Río presenta su nuevo libro




