Podía ser peor, o elogio del tecnócrata
Pedro Sánchez acaba de nombrar como número dos del Gobierno a Carlos Cuerpo, que a la tecnocracia y la burocracia une el esfuerzo meritocrático
Ignacio Peyró: "Podía ser peor, o elogio del tecnócrata"
Lo habitual es llamar ministro tecnócrata a aquel que sabe de algo, y llamar ministro político aquel que lo mismo te lleva las infraestructuras que negocia la cuota de tu fruta de hueso en los mercados.
Los tecnócratas, debe decirse, no gozan de gran fama entre nosotros. Parece que, conforme uno es más tecnócrata, debe correlativamente ser menos humano. La tecnocracia es fría, tendemos a creer: trata al ciudadano como un apunte contable y piensa que la empatía es esa virtud que tienen los flojos.
Si te suben los impuestos, pensamos que detrás hay un tecnócrata. ¿Que te enredan con la pensión? Eso, sin duda, suena a tecnócrata. Por si fuera poco, además, ese tecnócrata, que por algo rima con burócrata, no te añade un solo voto.
Ah, pero a veces también echamos de menos lo bueno que nos aporta -y lo malo que nos quita- un tecnócrata. Alguien a quien no hay que explicarle de qué va su ministerio. Alguien que va a tener que vencer más escrúpulos para hacer demagogia. Alguien que va a estar en política un rato y después va a volver a lo que sabe. Y alguien para quien gobernar no equivale a echar mucho rato en twitter.
Pedro Sánchez acaba de nombrar como número dos del Gobierno a Carlos Cuerpo, que a la tecnocracia y la burocracia une el esfuerzo meritocrático: el nieto de minero que llega al sancta sanctorum del Estado. No estamos aquí para hacer un canto encendido. Pero convengamos al menos que podía ser peor.