El día más tonto del año
Dicen que el día más triste del año fue el pasado 19 de enero. Era lunes y comenzaba Ingrid, la novena de las 17 borrascas del invierno. Lo del día más triste me parece bastante arbitrario

Barcelona
Dicen que el día más triste del año fue el pasado 19 de enero. Era lunes y comenzaba Ingrid, la novena de las 17 borrascas del invierno. Lo del día más triste me parece bastante arbitrario. Yo no tengo mal recuerdo del 19 de enero. Pero sí estoy seguro de que hoy es el día más estúpido del año. Para ser más exactos, la noche más estúpida.
Esta madrugada adelantamos el reloj y nos ponemos con dos horas de adelanto sobre el sol. Un disparate.
Se supone que lo de cambiar de horario dos veces, en primavera y en otoño, ahorra energía. Tengo mis dudas, pero vale. Asumiremos los trastornos del sueño como homenaje al querido estrecho de Ormuz de nuestros desvelos.
Ahora bien, a lo de vivir sincronizados con Alemania, que está en otro meridiano, no le veo ninguna excusa. La idea se le ocurrió a Franco en 1940, imagino que para demostrarle a Hitler que sus corazoncitos latían al unísono. Y ahí nos hemos quedado. Diciendo en junio, como bobos, “caramba, son las 10 y aún es de día”. Claro. Porque en realidad son las 8.
A mí no me parecería tan mal adelantar el reloj si en esa hora que nos saltamos pasaran cosas buenas. Si brincáramos de las 2 a las 3 y, ale hop, el mundo mejorara.
Si resultara que Donald Trump ya estuviera recibiendo el tratamiento médico especializado que necesita. Si resultara que los ayatolás ya no fueran fanáticos asesinos y se hubieran convertido en hippies con flores en la barba. Si en esa hora que no existe Yahvé bajara a la tierra para darle personalmente a Netanyahu una patada en el culo.
Por desgracia, eso no pasará. El domingo por la mañana nos levantaremos con cara de conejo estreñido, como siempre, y el mundo seguirá siendo el de siempre. Pero con el horario cambiado.
Me llamo Enric González. Les deseo un feliz fin de semana.




