"Hay días que en la cocina somos 11": así viven algunos jóvenes en los macro-pisos compartidos
Se duplica el número de inquilinos que viven con más de cuatro personas mientras los jóvenes asumen precios altos, contratos inestables y hogares cada vez más masificados

"Hay días que en la cocina somos 11": así viven algunos jóvenes en los macro-pisos compartidos
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Madrid
Vivir con 10 personas bajo el mismo techo ya no es una rareza. Es lo que le ocurre a Alfredo Ramos, un estudiante chileno de Erasmus que, desde hace meses, comparte un piso en plena Gran Vía de Madrid con un total de 11 inquilinos de distintos países. Se comunican en inglés, se organizan como pueden y sobreviven a una convivencia que, algunos días, roza lo complicado. "Hay días que en la cocina somos 11", cuenta Alfredo. "Del ruido que hacemos, aquello parece una fiesta".
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Paga 650 euros al mes, pero al entrar tuvo que abonar 750 euros más de "gastos de mantenimiento". La inmobiliaria gestiona los contratos de forma individual por habitación y, según explica, ni siquiera avisa cuando entra un nuevo compañero: "Ellos no te dicen nada. Hay gente que quiere quedarse más tiempo y les responden que su habitación ya la tiene otra persona". Renovar el contrato no es una opción: solo se fija la fecha de salida.


Este tipo de situaciones, que hace unos años habrían parecido excepcionales, hoy reflejan un fenómeno en crecimiento. De hecho, según un informe de Fotocasa (septiembre de 2025), el porcentaje de inquilinos que comparten vivienda con más de cuatro personas se ha duplicado en apenas un año, pasando del 6% al 14%. Aunque la mayoría sigue conviviendo con una, dos o tres personas -un 74% del total-, la tendencia hacia pisos masificados se intensifica. La demanda de habitaciones, además, se mantiene estable en el 3% de la población.
El 72% de los inquilinos en pisos compartidos tiene menos de 35 años, lo que coincide con la realidad que recoge el Observatorio de Emancipación Juvenil del Consejo de la Juventud de España: solo el 15% de los menores de 30 años logra emanciparse, y de ellos, el 87% lo hace compartiendo piso. Compartir vivienda se ha convertido, no en una opción, sino en la fórmula predominante para quienes buscan independencia.




"Me daba un poco de miedo, pero me lancé a la aventura"


En este contexto se sitúa también Fernando Tormo y Hugo Fontenla, ambos de 22 años, que viven en un piso de Madrid junto a otras cinco personas, sumando siete en total. Son los más jóvenes del apartamento, donde el resto supera su edad. "Nunca hemos coincidido los siete para ver la televisión", admite Hugo. "Solo una vez, en una cena de Navidad".
Su edificio está gestionado por una empresa especializada en alquiler por habitaciones. Cada inquilino paga por separado y los precios varían según el tamaño de cada habitación: Fernando abona 1.300 euros, mientras que Hugo paga 1.450, a pesar de tener un cuarto más pequeño. Descubrieron esta diferencia de precio durante la grabación de este reportaje. Todas las habitaciones incluyen ducha propia y el piso cuenta con una persona contratada para limpiar, cocinar y planchar la ropa.
Pese a las comodidades, ambos ven su estancia como algo temporal. "Me daba un poco de miedo al principio, pero me lancé a la aventura", reconoce Fernando, aunque ahora prefiere buscar algo con más tranquilidad.
La experiencia de Alfredo, Fernando y Hugo ilustra un mercado en constante cambio: hogares con siete, diez u once personas que normalizan la convivencia masiva, precios que se disparan incluso por habitaciones pequeñas y contratos que cambian en función de las dinámicas de la gestión inmobiliaria. Para muchos jóvenes en España, compartir piso se ha convertido en la única forma de independizarse. Una solución económica que, para quienes la viven, es también un experimento social diario.




