"Emiratos, Baréin o Qatar dependen casi al 100% del agua desalinizada": el peligro de convertir en blanco de guerra a las infraestructuras hidráulicas
La tensión en Oriente Próximo amenaza con poner en jaque el suministro a cerca de 90 millones de personas
Las plantas desalinizadoras, un objetivo estratégico en el conflicto de Oriente Próximo
Madrid
Desde el comienzo del conflicto en Oriente Próximo el pasado 28 de febrero, iniciado por Estados Unidos e Israel, las infraestructuras hídricas también han sido blanco en los ataques cruzados. El punto de mira está en el petróleo, al igual que su producción y refinerías para tratarlo, pero no hay que olvidar la amplia dependencia de los países del golfo Pérsico de las grandes plantas desalinizadoras que son cruciales para el abastecimiento de agua potable. El clima árido, la ausencia de ríos y la esquilmación de las aguas subterráneas hacen que dichas infraestructuras sustenten la arquitectura hídrica que, por otra parte, muestra su vulnerabilidad en el contexto bélico.
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A comienzos de mes, Irán denunció un golpe estadounidense sobre la planta desalinizadora de la isla de Qeshm y por el que se cortó el suministro de 30 ciudades. Días después, Baréin acusó a Teherán de lanzar un dron sobre una de sus desaladoras. Además, Dubai, Emiratos Árabes y Kuwait también han notificado daños en sus infraestructuras hídricas por los impactos de misiles caídos sobre el terreno. "Emiratos, Baréin o Qatar son países en los que la población depende prácticamente al 100% del agua desalinizada y solo una pequeña cantidad de la agricultura se abastece con otras fuentes", explica Xavier Sánchez Vila, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Barcelona. Cabe destacar que menos de 30 plantas desalinizadoras surten de agua a más de 60 millones de personas.
Fernando Novo, experto en gestión integral de recursos hídricos y seguridad de instalaciones, habla de catástrofe humana si hubiera una ofensiva a gran escala: "Si quedan inutilizadas 4 grandes plantas en Emiratos Árabes dejan de abastecer a 10 millones de personas. Igual que en Qatar o en Kuwait si quedan inutilizadas 3 plantas, se quedan sin suministro en cada uno 4 millones de habitantes". No obstante, ambos expertos coinciden en que la dependencia energética de las desalinizadoras, grandes consumidoras de electricidad, hace que sucumban en caso de asedio a las centrales: "Normalmente, estas plantas están en grandes complejos de generación de electricidad. No hace falta atacar una desalinizadora directamente para que deje de funcionar, cortas la energía que las hace funcionar y se acabó".
El agua es un elemento más de guerra y puede llevarla a dimensiones desconocidas, tal y como alertaba en un informe la CIA en 2010. Consideraba entonces que el "agua es un recurso estratégico" y advertía de que la dependencia extrema de las desalinizadoras de las naciones del golfo Pérsico supone una debilidad crítica ante posibles sabotajes u ofensivas militares. Además, reza el análisis, más del 90% del agua desalinizada procedía de apenas 56 grandes plantas, de ahí que las subrayara como objetivos estratégicos de alto impacto. En conjunto, estas instalaciones generan una capacidad de desalinización de 29 millones de metros cúbicos de agua al día. Es el equivalente al 42% de la producción mundial, según un estudio de la revista Nature en enero de 2026.
"No están lo suficientemente protegidas"
"Normalmente no se duplican los sistemas porque las plantas, hasta la fecha y en todo el mundo, se construyen bajo criterios industriales y no pensando que sean objetivos militares", señala Fernando Novo. Al respecto, argumenta que sería apropiado comenzar a dotar a las instalaciones hidráulicas de protección como si se tratasen de infraestructuras críticas: "Hay que pensar en que el agua es algo muy serio y las desalinizadoras tienen un potencial importante de mejora porque son muy sensibles y no están todo lo protegidas que deberían".
Los ejemplos más recientes sobre los ataques contra la red hidráulica están en Gaza, Siria o en Ucrania. "Lo primero que hizo Israel fue destruir la única planta desalinizadora de la Franja cuando comenzó su invasión", recuerda Xavier Sánchez Vila. En junio de 2023, la presa de Kakhovka de Ucrania, supuestamente derribada por Moscú, desencadenó consecuencias con alto coste humanitario al quedar hundidos pueblos y ciudades. Mientras, el derecho internacional prohíbe atacar infraestructuras civiles indispensables para la supervivencia de la población. Además, en abril de 2019 se publicó la Lista de Principios de Ginebra como referencia para su uso en conflictos armados e incluye como norma la protección de las infraestructuras hidráulicas.
Coste medioambiental de la guerra
Las desalinizadoras que abastecen a casi 90 millones de personas en Oriente Próximo no son solo vulnerables a los cortes de energía, sino también a la contaminación. El coste ambiental del conflicto ya se nota con ataques a refinerías o a buques petroleros. "Las desalinizadoras captan agua del mar y si se ha desparramado la carga de un barco, esa captación puede saturar los pretratamientos", detalla Fernando Novo, "el riesgo es que habría una parada de la planta, nuevamente ocurre como con el suministro eléctrico porque desde el punto de vista ambiental se paralizaría sin necesidad de un ataque directo".
María Ibáñez
Periodista en servicios informativos. A veces,...Periodista en servicios informativos. A veces, edito Matinal SER los fines de semana. Graduada en Periodismo por la Universidad de Sevilla