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Carolina Sarmiento, escritora: "Encuentro más utopías y esperanzas en lo real que en la ficción, en esa gente que para una celulosa en Galicia o una mina en Asturias"

Los excesos de la humanidad han llevado a su límite a la Tierra. La única vía para evitar la extinción masiva pasa por despoblar la mitad del planeta. Esta es la premisa de 'Las fronteras', la nueva novela de la periodista, escritora y poeta Carolina Sarmiento

Carolina Sarmiento, escritora: "Encuentro más utopías y esperanzas en lo real que en la ficción, en esa gente que para una celulosa en Galicia o una mina en Asturias"

Carolina Sarmiento, escritora: "Encuentro más utopías y esperanzas en lo real que en la ficción, en esa gente que para una celulosa en Galicia o una mina en Asturias"

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"Si algo bueno hemos dejado los humanos, es la música. Lo demás son huesos sobre huesos", escribe Carolina Sarmiento (Oviedo, 1981), licenciada en Comunicación Audiovisual. Trabaja como periodista en los informativos de Radiotelevisión del Principado de Asturias. Ha publicado dos novelas, Las fronteras con Siruela es la tercera; un libro de relatos y dos poemarios.

En su novela Vrësno exploraba la frontera entre realidad y ficción. En su poemario Vértigo en la boca la sensación de cruzar una frontera, donde todo cambia tras expresar lo que se siente. También Tarada es una novela de viaje y de huida. "Toda persona que reflexione está en una frontera, porque si piensas, no todo es blanco o negro, no todo es bueno o malo, no todo es justo o injusto y por ahí transita Las fronteras, en ese equilibrio, en esa línea de trapecista", explica la autora.

Cubierta de 'Las fronteras', de Carolina Sarmiento

Cubierta de 'Las fronteras', de Carolina Sarmiento / Siruela

Cubierta de 'Las fronteras', de Carolina Sarmiento

Cubierta de 'Las fronteras', de Carolina Sarmiento / Siruela

En Las fronteras nos encontramos en un tiempo indeterminado en el que los excesos de la humanidad han llevado a su límite a la Tierra. Los que habían heredado un mundo que no les gustaba lideraron semanas de disturbios. Se han producido una serie de guerras, por el agua, por el gas, por el trigo. Se ha creado la Unión de los Pueblos, algo que parece sustituir a las Naciones Unidas. Hay que deshabitar la mitad de la Tierra, no se puede tener más de un hijo, se ofrece una renta universal, se favorece la unidad familiar de los evacuados, se declara la eliminación de cualquier industria contaminante. Queda prohibida la caza, la pesca y la tala.

Nos llevas a un mundo distópico, pero ¿son estas medidas una utopía?

Carolina: La novela empieza con ese tratado de la Unión de los Pueblos que obliga a deshabitar la mitad del planeta y hay una serie de normas, algunas de las que tú has mencionado, muy claras, pero que también rozan el totalitarismo. Bueno, lo rozan no, lo invaden. ¿Es una decisión utópica o distópica? Claro. He ahí la frontera. Podríamos pensar, de un lado de la frontera, que por fin el ser humano toma conciencia de que tiene que cuidar el planeta Tierra porque nos quedamos sin él. Pero ¿cómo lleva a cabo ese cuidado? ¿Hay víctimas? Hay pueblos que desaparecen y, por tanto, desaparecen sus culturas y su historia. ¿Dónde está la línea justa?

Pues por ahí va la novela, aunque yo no tomo parte, no quiero hacer un alegato de nada, simplemente ese es el marco en el que quise situar la aventura, la acción y a un personaje, a un protagonista desesperado por cumplir con ese objetivo: al menos su territorio, su pueblo va a pasar a la naturaleza, va a desaparecer y él el testigo lo quiere entregar limpio y bien. ¿Es justo con lo que está haciendo o se está pasando? Es distopía y es utopía. Con una Unión de los Pueblos abstracta, además, sin una cabeza visible y por orden imperativo. Ahí lo dejo.

"En menos de tres generaciones, el mundo ya no es habitable. Nuestra historia transita entre la distopía de un mundo que ha dicho basta y la utopía de una esperanza de salvación", leemos. ¿Hay esperanza en este planeta y con esta humanidad?, ¿Reside en la tozudez humana? Entre tanta distopía, ¿cuesta imaginar utopías también en la literatura?

Carolina: En la literatura, ¿eh? Ya, muy buena pregunta. Porque es verdad que tendemos casi en cualquier ámbito artístico a evadir utopías y puede que sean necesarias. A mí me gustan las utopías que se ven en la actualidad. Lo que ha pasado ahora con este movimiento vecinal en Galicia que ha parado una fábrica de celulosa. Ahí hay una utopía interesante que puede dar alas a la esperanza. En Asturias, por ejemplo, hay un movimiento muy fuerte en una zona de montaña, que se llama Peña Mayor, donde quieren poner una mina de extracción y están en contra porque se van a cargar un entorno natural maravilloso. Hay un movimiento que yo creo que va a terminar ganando también. Creo que va a ganar la sociedad. Entonces, encuentro más utopías y más esperanza en lo real que en la ficción. Aunque luego, cuando veo también espectáculos, ya no hablo de literatura, siento una emoción no solo mía, sino de los de alrededor, y también veo la esperanza en la sensibilidad humana.

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Cuando mantenemos esta conversación, acaba de estrenarse Orwell: 2+2=5, un documental de Raoul Peck que nos decía que es importante conocer la historia, las masacres de la segunda guerra mundial y del fascismo, para no repetirla. "Sin pasado seremos olvido", dice el protagonista. ¿Es importante tener memoria?, ¿nos quieren desmemoriados entre tanto estímulo e informaciones que nos sobrepasan?

Carolina: Sí, sin duda. Está claro que repetimos los mismos errores y no podemos parar lo que estamos viendo ahora en nuestras narices. A pesar de que se puede hablar de fascismos y de genocidios, se repiten. Incluso sabiendo la historia, una situación de la que tendríamos que haber aprendido, creo que se aprendió, basta que venga otro loco para que seamos incapaces. A ver si otra vez, por la vía de las manifestaciones, de la rebeldía, se puede hacer algo.

La novela está estructurada en 24 capítulos cortos, 24 horas, una cuenta atrás que añade ritmo y tensión a la historia. El primero empieza así: "Sueño mucho. O tal vez sueñe igual que todo el mundo, pero recuerdo más de lo que querría. Y eso es un problema, sobre todo en este momento". Como el protagonista, ¿tú también tienes un cuaderno para trasladar los sueños o pesadillas a la página?, ¿son los sueños fuente inagotable de literatura?

Carolina: Sí, no tengo un cuaderno, pero sí que recuerdo los sueños y me gusta recordarlos. Hago un esfuerzo casi todas las mañanas por intentar recuperar y es una gimnasia que se entrena y que le recomiendo a todo el mundo. De hecho, uno de los puntos de partida de esta novela fue un sueño, un sueño que tuve. A las horas me encontré con una fotografía muy parecida a la del sueño que yo había tenido. Había soñado con una jirafa montada en un descapotable, que es un sueño muy raro, y ese mismo día, en un libro que tengo de historia de la fotografía del siglo XX, me encontré con esa fotografía. Entonces, claro, lo que piensas es: "Carolina, tú esta foto ya la viste en algún momento y por eso soñaste", aunque yo no recordaba haber visto justo esa foto. Pero claro, eso me dio la idea de una de las tramas de la novela, la trama más fantástica en cuanto imaginativa, que es que el protagonista se despierta y encuentra en la mesilla de noche una fotografía del caballo con el que soñó y no es una fotografía que él tuviera. No le gustan las fotos, no tiene fotos en su casa, es un instante onírico, es un robo de su sueño en papel fotográfico. Fue uno de los motores de la novela. Me encantan los sueños, sí.

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El protagonista de Las fronteras es un guarda que trabaja en el cuerpo de guardas fronterizos y se dedica a impedir que entren cazadores a la franja, para que el paisaje se recupere del todo. Que se retiren los escombros del pueblo, que vaya desapareciendo todo rastro humano. Un hombre solitario, suficiente, pero una hoguera en el pecho que no sabe cómo apagar le impide volver a ser quien es. ¿Quién es o cómo es este hombre? ¿Cómo lo has creado?

Carolina: Me inspiré en una persona cercana que es muy dura en apariencia, incluso estética, físicamente, tiene los pómulos muy marcados, es enjuto, es de mirada recta. Pensaba en él en la descripción y, aún así, ves que es una persona muy sensible, que si tiene ese aspecto tan duro es porque es una coraza con la que se quiere proteger de algo. Es una persona muy solitaria y me apoyé un poco en esta persona cercana.

El protagonista es un chico que desde muy joven se tuvo que ir a la primera de muchas guerras que fue enlazando. En un primer momento pensó que eso era una buena idea, irse del pueblo, porque así iba a huir de la presión de tener que ser cazador, que era algo que él no quería. Todos los hombres del pueblo eran cazadores, pero él no quería. Él era un amante de los pájaros, le gustaba dibujarlos, escuchar el trinar de los pájaros. Entonces, bueno, dijo "me voy de de esta opresión." También su padre había tenido un accidente, entre comillas accidente, y quiso huir de todo eso. Cuando regresa en calidad de guarda forestal es un tipo duro, es un tipo solitario que ha visto lo peor del ser humano y él se ha convertido un poco en lo peor, porque se ha convertido en un soldado de élite que ha pasado muchas penurias. Me imagino que eso por dentro te convierte en otro tipo de humano. Ahí está la frontera, de nuevo, entre humano y animal. Y cuando regresa, se toma muy en serio el que los cazadores no pasen, no sobrepasen esa frontera natural y no maten a la fauna que se está desarrollando por fin libre, la fauna salvaje. Ese es él.

"El protagonista está en una zona donde no quedan más que viejos sin tiempo y sin deseo", leo. ¿Te planteaste que fuera una mujer, en algún momento? ¿Dónde están las mujeres en esta historia? ¿Su ausencia es una decisión deliberada?

Carolina: Mira, una de las cosas que me comentaron cuando se leyó el manuscrito, una persona de confianza que leyó el manuscrito me dijo: "es muy arriesgado, a la vez que valiente, hoy en día, siendo mujer, además, escribir una novela en la que no hay mujeres." Pues pues no lo hice intencionadamente, pero es cierto que no quedan mujeres en el pueblo porque se han ido. Es uno de los pueblos llamados a desaparecer, a ser deshabitado. ¿Qué pasa? Que las mujeres, tal vez más sociales, quieren ir a un sitio en el que haya más vida. En el que estén con sus amigas, sus hermanas, sus hijas. Huyen de ese sitio poco a poco y desaparecen. Y en el momento de la historia no hay mujeres.

Aunque su propia ausencia ya denota un protagonismo femenino y una apuesta por unos personajes más violentos, lo siento, que identifico con los hombres. Porque mayoritariamente, generalmente son los que han dirigido las guerras y la violencia. Y sí que hay un referente femenino, que es una investigadora, una divulgadora de la que no puedo decir más, pero que es importante en el devenir de los acontecimientos históricos y en ciertas decisiones.

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Este hombre no está solo. Le acompañan un caballo y un perro. "Los perros son inteligentes. Su vida, la dedican a la contemplación". ¿Qué aportan los animales a esta historia?, ¿son una metáfora de la naturaleza violenta y que lucha por sobrevivir o qué nos enseñan?

Carolina: A mí me fascina el silencio de los animales y nuestro desconocimiento de sus lenguajes. No podemos traducir un ladrido o un relinchar, creo que es imposible. Podemos llegar a descifrar lenguajes de tribus de muy pocos habitantes, pero el lenguaje animal, a día de hoy ,nos es desconocido. Pero, independientemente de cómo se comuniquen, es observar cómo ellos están aparentemente serenos en su hábitat, si nosotros no los alteramos. A mí me resulta mágico pensar qué hay en su cabeza. Y también me atrae la falta de necesidades que tienen. Nosotros arrastramos bolsos, ropa, relojes, de todo. Y ellos, según llegan al mundo, se van sin dejar nada, es biología pura. Me resulta muy sugerente, me resulta mágico y tienen todo el simbolismo de la naturaleza más pura que nosotros hemos ido perdiendo. En algún sitio leí que el ser humano es el único animal que intenta alejarse de ser animal. Nos alejamos y ahora estamos en un momento de despegue, en el que ya se está hablando de que vamos a tener un tipo de memoria externa, una huella digital. Nos alejamos de la animalidad y en los animales veo el origen, el origen de la tierra, el origen de la vida.

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"El amor o es visceral e inexplicable o no lo es", leo. "La verdadera fuerza no es levantar peso, sino subir cada día el ánimo de quien ya no lo tiene", escribes. ¿Dónde quedan esos valores tan reivindicados en estos tiempos? El amor, la bondad, la ternura, la amabilidad...

Carolina: Bueno, pues quedan en el entorno doméstico y entre las familias y las amistades que se cuidan. Y posiblemente también en algunas instituciones, algún centro de mayores, personas que trabajan con niños con alguna discapacidad, por ejemplo. Eso, para mí, es la mayor animalidad en el mejor sentido, la humanidad más pura, la del cuidado, la del cuidador y la cuidadora que arropa y que se deja la vida por que la otra persona mantenga su dignidad. Eso existe, esa es la verdadera utopía. Abracen, cuiden, quieran, porque creo que ahí está nuestra salvación, en querernos y en ser amables.

Con Carolina Sarmiento hemos conversado sobre periodismo y literatura. De escritores que tienen eco en Las fronteras, como Cormack McCarthy, al que cita. De cómo la nostalgia y la melancolía frenan las utopías. Toda la entrevista dándole al play y en tu plataforma de audio favorita.

 

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