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José Luis, víctima de abusos sexuales en la diócesis de Getafe: "Ponía sus genitales en mi cara y notaba su erección"

Le obligaba a confesarse casi a diario, le ponía los genitales en la cara, le tocaba, le besaba, le pedía masajes y lo emborrachaba. La víctima acudió al obispado de Getafe para denunciar. Le atendieron con frialdad y el vicario general le dijo que querían conocer lo que pasó, "pero no airearlo"

"Ponía sus genitales en mi cara y notaba su erección"

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La SER desvela hoy parte de la grabación que realizó una de las numerosas víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia católica cuando a principios de 2024 se decidió a denunciar ante esta institución lo que había sufrido siendo menor de edad. Fue en el obispado de Getafe, en Madrid. El victimario, Alberto Arrastia Cebrián, había fallecido unos años antes. Ese día reciben a José Luis el vicario general de Getafe, Javier Mairata, y María Auxiliadora Pérez Rey, directora de protección al menor en esta diócesis. La grabación muestra cómo invitan a la víctima a rememorar todos los abusos mientras toman nota y redactan un informe. José Luis se hunde a lo largo de la conversación en varias ocasiones, llora, le tiembla la voz y tiene que parar de hablar. El vicario general solo le ofrece un vaso de agua cuando pasan cuarenta minutos de reunión. En ningún momento le informa de qué medidas de reparación pueden ofrecerle, ni tampoco le detalla si van a poner en marcha algún tipo de investigación o si van a resarcirle de alguna manera. Al final de la charla, el vicario general le dice: “no podemos hacer nada porque [el victimario] ha fallecido, pero sí podemos buscar maneras de conocer la verdad, no para airearla porque no queremos airearla pero sí que se conozca”.

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José Luis, víctima de abusos sexuales en la diócesis de Getafe

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Es la primera vez que esta víctima, 24 años después, es capaz de contar los abusos que sufrió más allá de las paredes de la consulta de su terapeuta. El vicario se limita a informarle de que va a tomar nota de todo lo que les cuente, como si fuera el funcionario policial de una comisaría donde alguien va a denunciar que le han robado el móvil. María Auxiliadora, la directora de protección al menor, es quien le pide que comience a hablar. “Necesitamos saber lo que ocurrió, cuándo y un poco también las consecuencias. Es el marco para que podamos hacer lo máximo posible y que conste todo”, le explica. José Luis suspira y empieza a verbalizar todo lo que lleva guardado tanto tiempo. “Siempre era la persona que me confesaba, casi siempre acabábamos en la capilla o en la sacristía o en un despacho parroquial y entonces allí me daba la absolución, siempre de rodillas ante él y siempre acercaba sus genitales a mi cara y yo notaba la erección”. Nadie dice nada. Solo se escucha el teclear del vicario tomando nota. “Recuerdo el olor o cómo me pedía que le diera un masaje”, sigue la víctima, “una peregrinación en la que a un cura de Arroyomolinos le dio un tirón en la pierna y como a él le gustaba tanto que yo le diera masajes me pidió que lo hicieran con aquel señor. Se bajó los pantalones y le tuve que dar un masaje al señor aquel, pero me acuerdo de mirarle a él [a su agresor] y tenía aquellos ojos, aquella mirada, era asqueroso”.

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José Luis, víctima de abusos sexuales en la diócesis de Getafe

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La voz de José Luis empieza a quebrarse. Pero sigue. “Siempre nos invitaba a cerveza, incluso siendo menores de edad. Con dos cervezas con 16 años no vas borracho de caerte pero evidentemente la percepción de la realidad es otra”, sigue, “entonces aprovechaba, te tocaba el culo, te daba muchos besos, te pedía un masaje o te tocaba una teta”. “Es muy asqueroso”, explica la víctima, “éramos niños y le daba igual”. De fondo sigue sonando el teclado con el que escribe el vicario mientras José Luis empieza a romperse. “Siempre que podía me pedía que me confesara, me decía ‘hace cinco días que no te confiesas’, pero ¿qué podía hacer un niño en cinco días para tener que confesarse? Un niño de 16 años que se dedicaba a rezar y a sus estudios, no hacía otra cosa, de hecho, dejé el atletismo por seguir la palabra de Cristo”.

La víctima explica que quiso contárselo al entonces obispo de Getafe, Rafael Zornoza, investigado ahora por el Vaticano por abusos sexuales durante esa etapa en la ciudad madrileña. “Sé que había gente que lo sabía, sé que Zornoza lo sabía. Un día se lo quise decir en un viaje a Italia. Le dije mira Rafa tengo que hablar contigo, pasó algo con Alberto, y aquella tarde que había algo preparado nos dieron la tarde libre”. Nunca se lo pudo contar.

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José Luis, víctima de abusos en la Iglesia católica sobre el obispo Zornoza

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La víctima rompe en llanto. Solo en ese momento el vicario le ofrecer un vaso de agua y María Auxiliadora le dice que esté tranquilo. “Estás reviviendo”, le dice. “Al menos ahora puedo verbalizarlo”, responde José Luis. “Y eso te va a ayudar”, le espeta la mujer. Pero José Luis ya es un huracán de preguntas sin respuesta. “¿Por qué a mí? ¿Por qué el encubrimiento? No he podido volver a entrar a una iglesia, no pude ir a la boda de mi hermana”, llora. “¿Por qué tengo miedo de ir por la calle por si alguien me hace algo? No puedo confiar en nadie ¿Cómo salgo de esto? ¿Cómo hago para estar en un grupo de amigos y que me duren más de dos años porque lo único que quiero es salir corriendo?”, se pregunta angustiado. El vicario calla y sigue tecleando.

José Luis se tranquiliza y sigue recordando. “Se quitaba el alzacuellos siempre que salía con nosotros e íbamos al bar. Lo escondía y desabrochaba un par de botones. Ya era un tío con un pantalón negro y una camisa negra”, relata. José Luis aguantó hasta la confirmación porque, según confiesa en esta grabación, no era capaz de explicarle a sus padres, fervientes creyentes, el motivo de dejarlo. “Cuando bajo de confirmarme me pongo a llorar porque ya no tengo que volver más”. Tiempo después, su agresor le contactó por redes sociales al ver una foto suya en moto. “Me dijo que si le daba una vuelta, que me quedaba muy bien la chaqueta de cuero y que si quería unas botas con puntera me las podía conseguir en Cáritas”. José Luis no contestó.

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Vicario general de Getafe

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Una hora y media después, José Luis cree que lo ha contado todo. El vicario general lee el informe que ha redactado. Aséptico, frío, estéril, despojado de todo sentimiento. La víctima muestra su conformidad. “No sé si esto va a servir para algo”, dice José Luis. El vicario le contesta: “a ti te va a servir y claro que va a servir, todo esto ayuda a saber lo que pasa, esto ayudar a dar luz, no podemos hacer que no suceda”. El vicario sigue: “No podemos hacer nada porque el victimario ha fallecido pero si por lo menos que se pueda conocer la verdad, no para airearla pero sí que se conozca”. José Luis asiente. María Auxiliadora lo despide con un “cualquier cosa nos llamas”. La víctima no recibió una copia de la denuncia ni traslado de la misma ante notario. Tampoco acudió a la comisión del PRIVA que pusieron en marcha hace un año la Conferencia Episcopal y la Conferencia Española de Religiosos CONFER. José Luis espera reparación y justicia 26 años después.

 

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