La carta de una víctima de abusos en la Iglesia: "Por primera vez en mucho tiempo hay un motivo real para la esperanza"
En una carta escrita el mismo día en el que se ha firmado el protocolo de reparación, una víctima pide que "el sistema funcione de verdad"
El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños; el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello; el presidente de la Conferencia Española de Religiosos, Jesús Díaz Sariego y el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo; durante, la firma, este lunes en Madrid, del protocolo para indemnizar a las víctimas de abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica cuyos casos han prescrito / Chema Moya (EFE)
Una víctima de abusos sexuales dentro de la Iglesia ha escrito una carta en la que asegura haber seguido "con atención e incertidumbre" la firma de la puesta en marcha del nuevo sistema de reconocimiento y reparación a las víctimas de abusos, de la que reconoce es un "motivo real para la esperanza".
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En su misiva señala como "un paso fundamental" la inclusión de las víctimas que pasaron por el Plan PRIVA, ya que asegura que estos casos "no estaban cerrados" a pesar de que ya se diesen como tal. Explica que a pesar de conllevar una indemnización, esta no fue acompañada de "una motivación clara", por lo que asegura que esta revisión "es la primera vez que muchos" podrán "ser valorados en un marco con garantías reales".
Tras centrarse en los casos que pasaron por el Plan PRIVA, habla de los baremos, es decir, una cantidad económica fijada, que en este protocolo no existe. La víctima destaca que la inexistencia de estos baremos implicará "que cada caso deberá ser evaluado según su gravedad y su impacto real" y añade que si se aplica correctamente "puede ser más justo que un sistema rígido". Por ello remarca la importancia de que cada resolución "se ajuste a la realidad concreta de cada víctima".
Finalmente dedica unas líneas a destacar el papel que tanto asociaciones como medios han hecho en este proceso: "Sin su presión constante, este acuerdo probablemente no habría sido posible". "Hoy se ha dado un paso importante. Ahora toca dar el siguiente: que este sistema funcione de verdad. Porque la reparación no es una concesión. Es un derecho", ha concluido.
Lee la carta completa:
Soy víctima de abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia y, como muchas otras personas, he seguido con atención —y también con incertidumbre— todo el proceso que ha llevado a la firma del nuevo protocolo de reparación entre el Estado y la Iglesia. Hoy, por primera vez en mucho tiempo, puedo decir que hay un motivo real para la esperanza.
El hecho de que las víctimas que ya hemos pasado por el Plan PRIVA podamos acceder a este nuevo sistema y solicitar una revisión es, sin duda, un paso fundamental. Durante mucho tiempo, se intentó trasladar la idea de que nuestros casos estaban cerrados. No lo estaban. Y este acuerdo lo reconoce.
En mi caso, pasé por el Plan PRIVA y recibí una indemnización que, aunque supuso un reconocimiento, no fue acompañada de una motivación clara, ni de un desglose verificable, ni de un proceso con las garantías que ahora sí incorpora este nuevo sistema. Acepté en un contexto de vulnerabilidad, sin saber que más adelante existiría un mecanismo con intervención del Defensor del Pueblo, con mayores garantías y con una evaluación más completa e independiente.
Por eso, la posibilidad de revisión no es una segunda oportunidad: es la primera vez que muchos de nosotros podremos ser valorados en un marco con garantías reales.
Se ha hablado mucho de “duplicidades”. En mi caso no existe ninguna. Lo ya percibido debe tenerse en cuenta, sí, pero únicamente para evitar pagar dos veces lo mismo. La revisión no busca cobrar dos veces, sino completar una reparación que, en muchos casos, ha sido insuficiente.
También se ha hablado de los baremos. Que no exista una tabla cerrada y pública no significa que no vaya a haber valoración económica. Lo que significa es que cada caso deberá ser evaluado según su gravedad y su impacto real, y eso, bien aplicado, puede ser más justo que un sistema rígido. Pero precisamente por eso será aún más importante que cada resolución esté bien motivada, sea transparente y se ajuste a la realidad concreta de cada víctima.
En mi caso, por ejemplo, ya hubo un reconocimiento previo de una especial gravedad. Si ahora existe un sistema nuevo con mayores garantías, lo lógico es que la revisión parta de esa realidad y complete la reparación hasta donde corresponda, teniendo en cuenta lo ya percibido, pero sin usarlo como un límite artificial.
Además, no todas las víctimas hemos tenido las mismas condiciones. Quienes pasamos por PRIVA lo hicimos en un sistema interno, sin supervisión pública, sin un órgano independiente que resolviera en caso de desacuerdo y sin las mismas garantías que hoy reconoce el nuevo protocolo. Impedir el acceso a quienes ya pasamos por ese proceso, o vaciar de contenido nuestra revisión, habría supuesto consolidar una desigualdad evidente entre víctimas. Por eso, este momento es tan importante.
El protocolo abre una puerta, pero ahora todo dependerá de cómo se aplique. La reparación no puede ser solo simbólica ni arbitraria. Debe ser individualizada, motivada y proporcional a la gravedad de cada caso. Y, sobre todo, debe ser justa.
Quiero también reconocer el papel de los medios de comunicación y de las asociaciones de víctimas. Sin su presión constante, este acuerdo probablemente no habría sido posible. Hoy se ha dado un paso importante. Ahora toca dar el siguiente: que este sistema funcione de verdad. Porque la reparación no es una concesión. Es un derecho.