Muere a los 89 años el exministro de Exteriores Carlos Westendorp, político paciente y figura clave en el diálogo diplomático
Fue un político atípico, gestor de la Constitución, símbolo de Bosnia-Herzegovina y "padrino" de Pedro Sánchez

Carlos Westendorp en una imagen de archivo

Madrid
Ha muerto Carlos Westendorp, exministro socialista de Exteriores durante el gobierno de Felipe González. Fue el creador de la Constitución, la bandera y el himno de Bosnia Herzegovina. Quizás es la faceta menos conocida de Westendorp aquí en España, donde fue ministro de Exteriores y presidente del Club de Madrid y diputado regional, eurodiputado, además de embajador de España en Estados Unidos. En el panorama internacional, fue Alto Representante de la Comunidad Internacional en Bosnia Herzegovina.
Llegó allí apenas unos meses después de la firma de los acuerdos de paz de Dayton, que pusieron fin a una de las guerras más sanguinarias de la historia moderna. Vecinos contra vecinos, amigos contra amigos, y él fue quien hizo el milagro de la primera convivencia regulada con leyes y un sistema de gobierno tripartito centralizado para tres comunidades diferentes, con tres religiones diferentes. "El problema no es que sean de diferente aceptación política, ni siquiera territorial, el problema es la religión. Eso es lo que provoca las guerras más cruentas", explicaba en una entrevista con The Wall Street Journal hace 26 años.
En otra con The New York Times incidía: "Todas las guerras son malas, las que se provocan por invasiones territoriales, las de las rencillas vecinales, las que son por las riquezas de terceros. Todas son malas. Pero las que enfrentan a vecino contra vecino, amigos contra amigos y familiares contra familia, esas guerras son mucho más difíciles de curar". Esta frase vendría muy a cuento al panorama internacional de hoy. Él siempre defendió la legalidad internacional, la negociación, el respeto, el derecho de la ley y la convivencia pacífica.
La negociación por bandera
Gran diplomático, mejor negociador, y creyente socialista, aunque su faceta política no fuera la que más trabajaba, porque era una de esas personas que anteponía el interés general a sus creencias partidistas. Uno de los padrinos políticos del presidente Pedro Sánchez, a quien se llevó a Bosnia para enseñarles los entresijos de la diplomacia internacional, entre disparos cruzados a su coche blindado por las calles de Sarajevo.
Todo esto pueden ustedes leerlo en cualquiera de los artículos que hay sobre él, pero lo que no podrán leer es el magnífico negociador que era, lo paciente que se mostraba en las conversaciones con Milósevic (el presidente de la antigua Yugoslavia), como trataba con guante blanco a los militares internacionales en la misión de la Sfor, al tiempo que se preocupaba por las necesidades de las tres identidades, serbia, bosnia y croata, para incluirlas en la redacción de su Constitución. Pedía dinero para la reconstrucción de Bosnia Herzegovina, viajaba a Japón, Canadá, China, Rusia, la Unión Europea, Estados Unidos y siempre traía fondos para alguno de los muchos proyectos en marcha.
Nunca perdía la calma. Ni cuando su Audi blindado cruzaba la avenida principal de Sarajevo desde el aeropuerto hasta la OHR a gran velocidad, dirigido por sus escoltas de la unidad antiterrorista y de alta montaña de la Guardia Civil, y llegaba con siete u ocho balazos en la carrocería. Le llamaban Diamante, no sé muy bien si porque era el jefe o porque era resistente, brillante, coqueto, caballeroso y un orador excepcional. La que fuera secretaria de Estado con Bill Clinton, la primera mujer en ocupar el cargo, Madelaine Albright, se reunió varias veces con él: le llamaba su "spanish gentleman".
La primera vez que nos reunimos con Bill Clinton, este le dijo a Westendorp que tenía obnubilada a la Sra Allbright y le había pedido expresamente que le facilitara las cosas al Alto Representante de la Comunidad Internacional, un caballero con apellido holandés, pero corazón quijotesco. Para su equipo —nosotros— si las cosas iban bien, era mérito de todos. Si iban mal, él asumía toda la responsabilidad.
La primera vez que le dije a Carlos que era la antítesis de lo que se entendía por socialista, porque era de buena familia, diplomáticos y marines en su árbol genealógico y con dinero, me respondió muy serio: "Estás equivocada en tu apreciación. Un socialista no lo es por el dinero que tiene. Lo es porque cree que todos debemos tener los mismos derechos, los trabajadores salarios justos y el Gobierno tiene que preocuparse no solo por el sector empresarial, sino también por aquellos que no tienen recursos y facilitarles una vida digna".
No era muy dado a dar doctrina, pero cuando hablaba, tenía la cualidad de que todos le escuchábamos con admiración y respeto. Fue mi mentor en Política Internacional, mi admirado Maestro y mi Querido Amigo. Lo has hecho muy bien.

Victoria García
En la SER, desde hace casi tres décadas, con algunas ausencias. Antes en Antena3 Radio y TV. Trabajé...




