Julián López: "Hay que abrazar las contradicciones, forman parte de nuestra naturaleza"
El actor protagoniza 'Lapönia', la tragicomedia de David Serrano que pone patas arriba un encuentro familiar en las fiestas navideñas

Julián López, en el pasado Festival de Málaga durante una sesión en el Teatro Cervantes (Photo by Patricia J. Garcinuño/Getty Images) / Patricia J. Garcinuño

Madrid
Es la primera vez que David Serrano, autor de grandes títulos como 'Días de fútbol' y 'El otro lado de la cama', dirige un texto ajeno, el guion que firman Cristina Clemente y Marc Angelet basado en su exitosa obra teatral. "Me lo pasé muy bien leyendo la obra. Muchas veces las cosas son así de sencillas. Lees un guion y te aburre o no te aburre. Este no me aburrió, me lo pasé bien y veía que podía profundizar en temas que ya se planteaban en la obra, además de pensar que podía conseguir un buen reparto. Es muy difícil encontrar una comedia inteligente, los guiones que siempre me han ofrecido eran muy tontorrones", explica el director.
En 'Lapönia', así se titulan la obra y la película, rompe muchos de los preceptos de la comedia familiar clásica con una divertida exploración de las contradicciones y los dilemas morales. El punto de partida es un viaje, el de la familia formada por Julián López y Natalia Verbeke junto a su hijo. Van a visitar a la hermana de ella con la ilusión de celebrar la Navidad en el hogar de Papá Noel. Esa hermana es Ángela Cervantes, que vive junto a su pareja, al que interpreta el actor noruego Vebjørn Enger, y su hija. El conflicto surge cuando nada más llegar, en el aeropuerto, la niña le revela a su primo un secreto que rompe toda la magia navideña.
"No es habitual en las películas, y menos en el género de la comedia, tener escenas largas, de diálogos, escenas en las que se enrarezca el ambiente y se ponga la cosa más tensa. No hay nada que me guste más en la ficción que enfadarme y cabrearme, de hecho David me dijo que creía que no me había visto nunca en una película enfadado de esa manera. Me tengo que enfadar más en la ficción, esto es un llamamiento a todos los guionistas y directores, yo enfadado, mucho cuidado. Luego en mi vida real intento enfadarme menos", bromea Julián López de su personaje y del arco de una película donde esa anécdota desemboca en discusiones más profundas y acaloradas.
Ese detonante da pie precisamente al director para sacar a los niños de la ecuación y montar una reunión familiar en la que van aflorando de forma tragicómica muchos temas, como el choque cultural y la superioridad moral de los países nórdicos, más cívicos y menos tramposos que el nuestro supuestamente; la educación de los niños, entre mentiras piadosas o una sinceridad extrema, y también resurgen tensiones y heridas familiares entre las hermanas. "Partiendo de una anécdota podíamos hablar no solo de la familia, sino de otras muchas cosas. Podíamos trascender el problema que tenía esa familia a temas más universales para que el público sienta que puede participar de la conversación. Desde luego también hemos intentado que nuestra familia sea muy reconocible y que sus patrones de comportamiento también lo sean para nuestras propias familias o las que tenemos alrededor", defiende Serrano.
Los cuatro actores, que pudieron ensayar durante semanas, tienen una batalla dialéctica en la que van modulando sus posiciones, revelando también su hipocresía y asumiendo sus contradicciones. "El ser humano es contradictorio y hay que abrazar esas contradicciones. Cuando me observo a mí mismo de puertas para adentro, y veo que hago cosas incoherentes, estoy aprendiendo a entender que eso es así, que eso forma parte de nuestras idiosincrasia, de nuestra naturaleza. Somos elementos maleables, nos influye lo que opinan los demás, lo que vemos, lo que tocamos, cómo nos miran... Somos plastilina y hay que abrazar esa condición", dice el actor.
Esa exploración le permite al director hacer una reflexión mayor en tiempos de tanto ruido y crispación con unos personajes que pasan de una actitud defensiva a una voluntad más proactiva, al menos para escuchar el otro. "Al final son cuatro personajes que se escuchan, que cambian de opinión, y eso ahora mismo es complicado de encontrarlo", añade Serrano, que juega con la ironía, con los secretos familiares y con las propias trampas de los personajes en un espacio único, una impresionante casa de madera por la que se van moviendo y enfrentando, por la que transitan de la comedia al drama.
"Aunque sea estática queríamos que no fuera aburrida visualmente. Para eso, nos ayudó mucho la casa. Y también era difícil pasar de una manera orgánica de la parte cómica a la parte más dramática. Para eso era importante que no nos viniéramos muy arriba con la comedia, que no apretáramos el humor y no intentáramos simplemente ser graciosos, porque si no la parte dramática iba a chocar muy fuerte. A veces hablábamos de si nos estábamos pasando, de que tenía que funcionar el chiste sin empujarlo", desvela de un proceso donde lo mejor es la relación entre cuñados, entre el 'tocapelotas' perfecto del finlandés y las reacciones de un Julián López que vuelve a demostrar que tiene un don extraordinario para la comedia.

José M. Romero
Cubre la información de cine y series para El Cine en la SER y coordina la parte digital y las redes...




