Un psicólogo explica por qué elegir estudios se ha convertido en un tormento: "Viven paralizados por el miedo a equivocarse"
El experto alerta de la presión, la incertidumbre y las expectativas irreales que bloquean a los jóvenes en un momento decisivo

Un psicólogo explica por qué elegir estudios se ha convertido en un tormento: "Viven paralizados por el miedo a equivocarse"
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Madrid
Elegir estudios entre los 16 y los 18 años, una decisión que debería formar parte natural del crecimiento, se ha transformado en una fuente de angustia generalizada. Así lo explicó el psicólogo Alfonso Navarro, especialista en adolescencia, en La Ventana, donde advirtió de que muchos jóvenes afrontan este proceso desde el bloqueo y la presión constante. Su diagnóstico es contundente: ‘Viven paralizados por el miedo a equivocarse’.
Según Navarro, esa paralización viene de una mezcla de miedo, exigencia y expectativas desmesuradas proyectadas sobre chicos que todavía no están preparados para anticipar su futuro. ‘A nivel cerebral les queda mucho por madurar. Les pedimos que elijan qué camino les va a llevar al éxito cuando ni siquiera los adultos somos capaces de anticiparlo’, explicó. Para ellos, escoger una rama o una carrera no es un paso más, sino una decisión que sienten como definitiva.
La presión de tenerlo claro
Uno de los grandes males, según el psicólogo, es la idea extendida de que todo adolescente debería tener una vocación definida. Muchos sienten que dudar es fallar, que no saber lo que quieren hacer implica estar ‘incompletos’. Navarro lo ve a diario en consulta: "jóvenes que viven la elección como una prueba de identidad, cuando en realidad apenas están empezando a conocerse".
A esto se añade un componente que acentúa el miedo: el sentimiento de que un error académico va a condicionarles para siempre. ‘La decisión se vive como irreparable’, resumió.
Expectativas familiares y miedo heredado
Navarro también subrayó el papel de las familias, que muchas veces transmiten sus propios temores sin darse cuenta. ‘Cuanto más miedo tienen las familias, más presión ponen sin querer’, dijo. Comentarios muy habituales —‘de esto no se vive’, ‘esa carrera no tiene salida’, ‘elige bien porque te lo juegas todo’— terminan construyendo un marco emocional en el que lo importante no es aprender o descubrirse, sino no fallar. El psicólogo insiste en que estas advertencias no suelen venir desde la exigencia, sino desde el cariño y el deseo de proteger. Pero el efecto es el contrario: disparan el miedo.
Un sistema que multiplica la angustia
El contexto académico tampoco ayuda. Navarro recordó que el Bachillerato funciona como una carrera de fondo con mucha presión y poca certidumbre. ‘Es una oposición’, afirmó. Las notas de corte cambian, la competencia es alta y ni siquiera un buen expediente garantiza entrar donde uno quiere. Esa imprevisibilidad alimenta el miedo a no estar a la altura o a quedarse fuera, incluso cuando se hace todo “bien”.




