Tres penitentes y tres horas de silencio: así es la procesión de 'Los Negros', la más pequeña de España
La procesión, que recorre las calles de Bonilla de la Sierra (Ávila), es una tradición centenaria que anuncia la muerte de Cristo
La procesión más pequeña de España resiste en un pueblo de 24 vecinos
Madrid
Mientras ciudades como Málaga o Sevilla viven multitudinarias procesiones en Jueves Santo, en un pequeño pueblo de la provincia de Ávila se mantiene una de las tradiciones más singulares de la Semana Santa española, la procesión de Los Negros, considerada la más pequeña del país.
En la localidad de Bonilla de la Sierra, apenas tres penitentes recorren las calles en silencio durante la madrugada, sin pasos ni imágenes religiosas, acompañados únicamente por el sonido de una campana, una turuta (un instrumento similar a un fagot) y un tambor.
Carlos Jiménez-Torres, de 24 años, es uno de los tres participantes que mantienen viva esta tradición. Para él, formar parte de esta procesión es una responsabilidad que va más allá de lo religioso. "Aunque la historia es algo difusa, se calcula que comenzó entre los siglos XV y XVI", explica en La Ventana. La tradición se interrumpió a mediados del siglo XX por conflictos internos en la cofradía, pero volvió a retomarse en la década de los ochenta y desde entonces se mantiene activa.
Tres penitentes, tres instrumentos y tres horas de silencio
La procesión de Los Negros comienza a las doce de la noche desde la histórica Iglesia Colegiata de San Martín de Tours, uno de los edificios más emblemáticos del municipio.
Vestidos completamente de negro y con el rostro cubierto por un verdugo, una prenda que sustituye al tradicional capirote, los tres penitentes recorren lentamente las calles empedradas del pueblo. Cada uno tiene un papel fundamental, uno lleva una esquila o campana, otro toca la turuta y el tercero marca el ritmo con un tambor.
El recorrido puede durar cerca de tres horas debido a la lentitud del paso, que sigue una cadencia solemne y constante. "La cadencia es muy lenta y aunque seamos pocos, la duración es muy larga", señala Carlos, describiendo la esencia pausada de esta tradición.
El sonido que acompaña la procesión tiene un significado muy concreto, anunciar la muerte de Cristo. No hay imágenes, ni grandes tronos, ni multitud de cofrades, solo el eco de los instrumentos.
Carlos forma parte de esta tradición desde los 17 años, cuando heredó el puesto tras el fallecimiento de un amigo cercano de su familia. "Los penitentes tienen un cargo vitalicio, salvo en casos de fuerza mayor", explica.
En invierno, en Bonilla de la Sierra viven apenas 24 personas, y Carlos es una de ellas. Tras terminar sus estudios de Historia en la Universidad de Salamanca, se encuentra actualmente en un año sabático en el pueblo.
A pesar de su tamaño, la procesión ha ganado notoriedad en los últimos años gracias a su difusión en medios de comunicación, lo que ha atraído a visitantes de pueblos cercanos e incluso a turistas que se encuentran en la zona durante la Semana Santa.