La luna en venta
¿Cuántas veces te dijiste, cuando mirabas a los bloques: qué altos son, pero no son rascacielos como los de Nueva York? Los rascacielos no tienen balcones

Barcelona
¿Cuántas veces te dijiste, cuando mirabas a los bloques: qué altos son, pero no son rascacielos como los de Nueva York? Los rascacielos no tienen balcones. La gente de los bloques se asomaba al balcón para mirar a lo lejos; porque antiguamente había sitios que estaban lejos, como la luna. Y por eso las mujeres que querían estar solas, o los viejos que se sentían solos, o los niños, cuyo triunfo era quedarse solos, miraban la luna cuando salían a su balcón. Lo leemos en el Romancero gitano, de García Lorca, mirar la luna es de niños. Hay un infantilismo en dibujar trajes de astronauta. Lo que esperábamos nosotros de los Juegos Reunidos Geyper, bueno, quien los tuviera, los americanos lo tenían con la NASA. Porque lo importante, en este caso, no es la palabra juegos, lo sustancial, aquí, es reunidos. Dentro de esa caja de cartón no se reunían unos juegos. Lo reunido era una familia, una colectividad. Del mismo modo, cada proyecto de la NASA nos reunía a todos colectivamente. Nos amalgamaba como humanidad. Sucedía también con los soviéticos. En su mundo, en vez de astronauta se decía cosmonauta, pero igualmente aspiraban a ser representantes del ser humano. Más tarde, las grandes potencias se lanzaron a su particular conquista del espacio. China, India, Europa... Así, vimos que la humanidad no existe fuera de los sueños. Hoy día, la conquista del espacio está en manos de la iniciativa privada, como vemos con Elon Musk. ¿Se acuerdan de aquel libro que se titulaba Enterrad mi corazón en WoundedKnee? Lo leían los hippies. En sus páginas, Toro Sentado, o quizá era Caballo Loco, o tal vez fue Nube Roja, bueno, un jefe indio decía que ningún hombre tenía derecho a vender y a comprar la tierra, porque no le pertenecía. Imagínense que nos dirían de la luna.




