Chet Baker y la hora más luminosa del genio maldito
Esta semana recordamos 'Chet', uno de los trabajos más seductores del James Dean del jazz

Chet Baker y la hora más luminosa del genio perdido
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Madrid
Hay pocas cosas que duelan más en la música que ver caer a los grandes. Una caída lenta, escabrosa y pública ante los ojos de ese mundo que un día los adoró. Una de las caídas más duras y prolongadas del jazz la protagonizó Chet Baker, un tipo que conquistó el mundo del género en los 50 con un estilo suave, una cara hermosa y una buena dosis de carisma. Un hombre que se enamoró de la música, una música que durante décadas fue su tabla de salvación.

Los grandes discos de jazz, en Sofá Sonoro
En 1959, el trompetista editó Chet, un disco en el que se acompañaba de Bill Evans o Herbie Mann y que figura entre lo más querido y popular de una discografía apabullante, llena de trabajos grabados a menudo por la necesidad de conseguir dinero en efectivo.
Tras este fogonazo de belleza, Baker entró en una etapa marcada por una severa adicción a las drogas duras, una adicción que lo acompañó hasta su triste muerte en un hotel de Ámsterdam a finales de los ochenta. Antes de coleccionar deportaciones de los distintos países europeos en los que habitó, el músico mostró su talento en una serie de discos que revelaban tanto su faceta como instrumentista como sus dotes de cantante, algo poco habitual entre las figuras del jazz de aquella época. Esta semana queremos recorrer su disco más emblemático y, para ello, nos acompañan el periodista Manuel Recio y Lucía Taboada con sus reportajes.
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