El sistema que utilizan en los hospitales para gestionar los tiempos de espera
Este sistema explica por qué hay pacientes que pasan antes pese a haber llegado más tarde

El sistema hospitalario que determina los tiempos de espera en urgencias
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Madrid
En las urgencias hospitalarias el orden de atención no depende de la hora de llegada, sino de la gravedad del paciente. Es una de las principales fuentes de incomprensión en las salas de espera, pero también una de las claves para que el sistema funcione. "No todo el mundo llega por lo mismo ni necesita lo mismo, aunque desde fuera parezca que todos estamos igual", explicaba Carmen Navarro, celadora de urgencias del Hospital Universitario de Getafe (Madrid), en A vivir que son dos días.
El sistema que organiza los tiempos de espera se conoce como triaje y se aplica nada más acceder a urgencias. En el hospital de Getafe se utiliza el sistema Manchester, un protocolo que clasifica a los pacientes en función de su estado clínico mediante un código de colores. "Funciona por colores y a cada persona se le asigna uno según lo que tenga", resumía Navarro.
El rojo identifica a los pacientes críticos que necesitan atención inmediata. El naranja corresponde a situaciones muy graves; el amarillo, a urgencias que pueden esperar un tiempo; y el verde, a patologías leves. El último nivel es el azul, el de menor prioridad. "El azul es el que no tiene prioridad, el que tendría que ir al ambulatorio", explicaba la celadora. Eso no implica una negativa a la atención: "A nadie se le va a negar la asistencia, pero sí se puede demorar".
Este sistema explica porque hay pacientes que pasan antes pese a haber llegado más tarde. Una lógica difícil de asumir para quienes esperan fuera. "Lo que más presión mete es el familiar", relataba Navarro. "La persona que está realmente mala muchas veces no protesta, pero quien acompaña viene muy nervioso y muy asustado". Parte del trabajo de los celadores consiste en explicar esa prioridad y contener el malestar. "Nos dicen: 'Hemos llegado a las nueve y ya está pasando gente que vino después'".
Todo ocurre en un contexto de presión constante. El Hospital Universitario de Getafe atiende a una población creciente con recursos limitados. "Somos un pequeño gran hospital y muchas veces estamos saturados", afirmaba Navarro. Esa situación obliga a priorizar, dar altas y recolocar pacientes, lo que convierte al triaje en una herramienta imprescindible para sostener el servicio.
"Todo el que viene a urgencias no viene por gusto", recordaba la celadora. Cada persona siente que su problema es urgente, pero el sistema tiene que decidir quién puede esperar sin riesgo y quién no. De esa decisión dependen los tiempos de espera. Y también, en buena medida, la tensión que se vive cada día en las salas de urgencias.




