"Es una señal de la época en la que vivimos": así se explican las series que reflejan el miedo al auge del autoritarismo
El analista Blas Moreno señala que el aumento de ficciones sobre fascismo, guerras o colapsos sociales responde a una preocupación real por el presente y el futuro de la democracia

La Ventana de la Tele | Series y fascismo con Blas Moreno
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Madrid
Cada vez hay más series que hablan de dictaduras, populismo o sociedades al borde del colapso. No es casualidad. Para Blas Moreno, editor jefe y codirector de El Orden Mundial, estas historias reflejan un momento de incertidumbre global y el miedo creciente al avance de discursos autoritarios, comenta en La Ventana.
"Es una señal clara de la época en la que vivimos", explica Moreno. Según el analista, lo que vemos en la ficción tiene mucho que ver con lo que preocupa a la sociedad: el auge de la extrema derecha, la desconfianza en la política y la sensación de que la democracia atraviesa un momento delicado.
Los productos culturales, añade, no aparecen en el vacío. Directores, guionistas y creadores toman como referencia lo que perciben en su entorno, y eso se traduce en historias que conectan con el clima social del momento.
Un presente lleno de incertidumbre
Las series no solo hablan de fascismo. También muestran guerras, pandemias, apagones energéticos o crisis climáticas. Para Moreno, este patrón refleja una sensación generalizada, el futuro se percibe cada vez más incierto.
"Vivimos un momento en el que cuesta imaginar algo positivo", señala. Esa falta de esperanza, añade, puede convertirse en un problema colectivo. "Si no somos capaces de imaginar un futuro mejor, tampoco vamos a poder construirlo".
El analista advierte además de que esta tendencia puede alimentar el pesimismo social. Cuando el relato dominante es negativo, aumenta el riesgo de caer en el cinismo o en la resignación, una actitud que puede debilitar la confianza en las instituciones y en la capacidad de cambio.
Este contexto se desarrolla en un escenario internacional marcado por tensiones constantes, con conflictos abiertos y decisiones políticas controvertidas, como las adoptadas por Donald Trump y las tensiones con Irán, que han contribuido a alimentar la sensación de inestabilidad global.
Entender el radicalismo para poder frenarlo
Moreno insiste en que estas series también pueden servir como herramientas para comprender mejor la realidad social. Para él, el objetivo no debe ser justificar ni normalizar discursos extremistas, sino analizarlos.
"No se trata de empatizar con los fascistas, pero sí de entender por qué alguien acaba defendiendo esas ideas", explica. Según el analista, conocer las causas que llevan a una persona a radicalizarse es fundamental para evitar que ese fenómeno siga creciendo.
El experto advierte de que estas ideas ya no están tan lejos como antes. "Hoy no es raro tener a alguien cerca que piense así, puede ser alguien en el metro, en un bar o incluso dentro de la propia familia", afirma. En muchos casos, añade, estas posiciones pasan desapercibidas hasta que se expresan abiertamente.
Por eso, insiste en la necesidad de abordar el problema desde la educación y el análisis, evitando simplificaciones que impidan entender su origen.
Tratar al espectador como un adulto
Para Moreno, uno de los grandes retos de la ficción actual es confiar en la capacidad del espectador para reflexionar sobre temas complejos. Mostrar la violencia, la represión o el populismo desde una perspectiva madura puede contribuir a generar un debate social más profundo.
"Hay que tratar al espectador como un adulto", sostiene. A su juicio, ocultar o suavizar estos temas no ayuda a comprender la realidad ni a anticipar posibles riesgos.
Además, defiende que las series pueden ser una oportunidad para abrir conversaciones necesarias sobre el pasado y el presente. Ver historias que abordan el fascismo o los autoritarismos permite reflexionar sobre cómo surgen estos movimientos y qué consecuencias tienen cuando se consolidan.
En ese sentido, Moreno considera que la ficción no solo entretiene, sino que también puede servir como advertencia. Porque, más allá de la pantalla, las historias que hoy vemos reflejan inquietudes muy reales: el temor a que los discursos radicales ganen terreno y la necesidad de entenderlos antes de que sea demasiado tarde.





