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La búsqueda del cuerpo perfecto en el cine nazi

Nayra Sanz Fuentes analiza como las películas de la época nacionalsocialista, en especial las de Leni Riefenstahl, difundieron la ideología de Hitler.

PATRI CAMPORA

La Alemania nazi convirtió el cuerpo en un elemento central de su régimen. Y el arte, especialmente el cine, fue un instrumento decisivo para moldear primero la identidad individual y luego la colectiva. Esta es la tesis central que la cineasta, escritora y productora Nayra Sanz Fuentes expone en el libro El cuerpo nazi. El cuerpo contenido. La estética del poder en el cine de Leni Riefenstahl editado por Trotta. “Me interesa dedicarme a profesiones que me permitan estar dentro del pensamiento crítico, ya sea la escritura o el cine”, nos cuenta la autora. “La idea de dónde venimos, hacia dónde vamos, el concepto de herencia y de legado son realidades que me interesan muchísimo. Somos cuerpo y somos cuerpo político. Somos constructo cultural. Y me interesó muchísimo pensar en uno de los momentos más dramáticos de la historia del Siglo XX y cómo llegamos a algo tan terrorífico y bárbaro como el Nacionalsocialismo. Entonces auné todos esos temas: herencia, legado y el cuerpo inserto en una sociedad atravesado por la política y cómo todo ello se podía explicar a través de las imágenes de Leni Riefenstahl”, nos explica.

A lo largo de las más de 300 páginas del libro Nayra Sanz Fuentes desarrolla los conceptos de Cuerpo contenido y Estado contenido. “Por un lado se fomentaba la existencia de cuerpos fuertes, vigorosos y jóvenes, lo que yo llamo Cuerpo contenido. Una ideología con un concepto dramáticamente racial que defendía que el alemán puro, que tenía sangre aria y que pertenecía a un grupo elegido y que se debía a la comunidad para construir ese supuesto imperio de los mil años. Y partiendo de esa individualidad después se decía: tú no eres nada, tu comunidad lo es todo, tu nación lo es todo. Y ahí llegamos al concepto de Estado contenido, es decir, cómo se conforma toda una sociedad que responde a la ideología de ese líder fuerte, místico y mesiánico representado por Adolf Hitler”, nos desarrolla la autora.

En la primera parte del libro Nayra Sanz Fuentes explica de una manera pormenorizada cómo se construyó la cosmovisión Nacionalsocialista y cómo se llegó a ese momento histórico. “No surgió de la nada ni de repente. Se fue fraguando de forma muy lenta, desde unos 120 años antes”, afirma. “Viene de tendencias del Siglo XIX y principios del XX. Entre ellas el antisemitismo. En un primer momento hay un antisemitismo religioso. A posteriori llega un antisemitismo social y en tercer lugar aparece un antisemitismo de rivalidad, en donde se considera que los judíos están confabulando, haciendo un complot mundial para hacerse con el poder general. Y ahí acontece este antisemitismo que fue tan característico del Nacionalsocialismo”, asegura.

E indudablemente el arte y el cine se convirtieron en herramientas clave para difundir esas ideas. Tanto es así que cuando el Nacionalsocialismo llega al poder uno de los primeros ministerios que crearon fue el de Propaganda. “Es verdad que, en otros momentos de la historia, como durante la Primera Guerra Mundial, había habido propuestas propagandísticas, pero no de estas características”, nos dice la autora. Fue Josef Goebbels el que creó una ley del cine en 1934 con toda una serie de decretos que estipulaban de forma muy precisa y clara qué tipo de imágenes se debían crear para que las masas pensasen lo que quería la ideología del Nacionalsocialismo.

Durante el periodo Nazi, en 12 años, hubo unas 1.200 producciones cinematográficas y todas las películas estaban condicionadas a su ideología. Desde que comenzó el régimen se generaron toda una serie de normativas. Una de las primeras fue impedir que los judíos trabajasen en las producciones alemanas. “Había películas que eran las que se denominaban Tendence films, películas de tendencia, que trataban de reforzar la idea del líder fuerte. Indudablemente ese líder fuerte era una metáfora siempre de Hitler que guiaba al pueblo a su buen fin”, nos cuenta Nayra Sanz Fuentes. “Después había otras películas directamente antisemitas, como El judío Süss, y luego toda una serie de cintas de entretenimiento que pasaban un proceso de censura para que, de una u otra manera, cumplieran con el imaginario y la ideología Nacionalsocialista”.

Y es en ese contexto cinematográfico cuando surge la fascinante y controvertida figura de Leni Riefenstahl y sus películas El triunfo de la voluntad y Olimpiada que se convirtieron en la mejor propaganda del régimen nazi. “Esa es una de las razones por la que escribí este libro”, confiesa la autora. “Me pregunté quién fue este personaje y cómo pudo brillar en un régimen que marginaba a las mujeres y que las destinaba fundamentalmente a la procreación”. El trabajo de Leni Riefensthal es extremadamente controvertido en lo político, pero extraordinario en el desarrollo el lenguaje cinematográfico. “Aportó lo que hoy podríamos llamar la glamurización de la imagen”, nos cuenta Nayra Sanz Fuentes.

Otro de los logros cinematográficos de Leni Riefenstahl fueron sus descubrimientos técnicos. “Era una directora que imaginaba algo y pensaba cómo lo podía hacer. Quería filmar debajo del agua e integraba en su equipo a ingenieros y técnicos para que diseñaran cámaras subacuáticas. Pensó también en puntos de vista que nadie antes había imaginado. En 1932 para su película La luz azul quiso filmar escenas de noche y, como no pudo hacerlo, pidió a Hollywood unas lentes. Mezcló dos tipos lentes de diferentes colores para dar la sensación de que, aunque rodaba de día, se veía la noche. Fue la precursora de la llamada noche americana”.

Pero además de todo este recorrido histórico Nayra Santos Fuentes insiste que su libro es profundamente contemporáneo. “El cine del Nacionalsocialismo le dio una importancia clave al cine como forma de manejar y manipular a las masas y estos días vemos, por ejemplo, cómo las noticias de la guerra de Irán las anuncia Donald Trump en vídeos a través de redes sociales. De ahí mi interés por educar a las nuevas generaciones en lo que significa nuestra lectura de imágenes en movimiento. Es algo que me importa muchísimo y en lo que estoy muy involucrada”, concluye la autora de este ensayo: El cuerpo nazi. El cuerpo contenido. La estética del poder en el cine de Leni Riefenstahl.

 

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