"Yo no hago cameos": la condición de Cantinflas para participar en 'La vuelta al mundo en 80 días'
El actor mexicano fue muy claro cuando le contactaron

"Yo no hago cameos": la condición de Cantinflas para participar en 'La vuelta al mundo en 80 días'
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En 1956, Michael Anderson se puso al frente de una de las adaptaciones cinematográficas más recordadas, 'La vuelta al mundo en 80 días', basada en la novela mítica de Julio Verne, una que aunque salió en formato de libro en enero de 1873, ya había visto la luz anteriormente al haber sido publicada por entregas en el periódico Le temps, desde el 7 de noviembre hasta el 22 de diciembre de 1872. La película fue la elegida por Jack Bourbon recientemente para que la recordaran en Sucedió una noche, porque además de ser una obra maestra del séptimo arte, esconde una gran cantidad de curiosidades que son dignas de recapitular, algunas de ellas llevándola a ser recordada como auténtica pionera, como el hecho de que fue la que acuñó por primera vez en la historia el término cameo, por lo que David Niven, Shirley McLaine y Mario Moreno 'Cantinflas', protagonistas de la cinta, no fueron los únicos rostros famosos en aparecer en pantalla.
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El propio productor, Michael Todd, explicó en su momento que la idea que tuvieron en mente para darle un empujón mayor a nivel de reclamo era la de juntar a 50 o 60 actores y actrices reconocidos, para lo que tuvieron que dar pequeñas apariciones a todos. Consiguieron este "proyecto imposible" y en la promoción lanzaban la certeza de que era la película con más estrellas de todos los tiempos. Podemos ver en ella rostros como los de Buster Keaton, Peter Lorre, Charles Boyer, John Gielgud, George Raft, Cesar Romero, Fernandel, Frank Sinatra, Marlene Dietrich e incluso al dramaturgo Noël Coward o el torero español Luis Miguel Dominguín. Además, inventaron incluso el nombre 'cameo', puesto que, para convencer a las estrellas, Todd les decía que sus apariciones serían como pequeños retratos que lucirían como joyas, en referencia a los camafeos, que en su traducción al inglés se llaman cameos.
Tantas personalidades tuvieron que gestionar que incluso una de las que tuvieron papeles protagónicos en un principio iba a aparecer de manera puntual. Es el caso de Cantinflas, pero este no quiso algo tan pequeño. Su hijo, Mario Arturo Moreno, contó mucho tiempo después esta anécdota, asegurando que desde el set "querían hacer la película con todas las estrellas de Hollywood y del mundo" y como Cantinflas estaba "considerado la estrella latina", le contactaron de inmediato para ponerse de acuerdo en su aparición en forma de cameo, pero el actor mexicano les fue muy rotundos diciéndoles que él no hacía eso: "Yo hago un papel, pero cameos no, discúlpeme". De esta forma, el productor le preguntó qué personaje quería entonces, así que le dijo que Jean Passepartout, algo que lo dejó contrariado porque este era francés, pero la salida de Cantinflas fue sencillamente sublime: "¿Y yo qué culpa tengo de que Julio Verne no conociera México?"
Del set a la plaza
Salió adelante su contratación y el comediante apareció en el film en el papel que quería, teniendo la curiosidad de que incluso fue actor de doblaje, porque puso su propia voz para la versión en español. Antes, comenzaron a comportar todo para llevar a cabo este ambicioso proyecto que costó un total de 6 millones de dólares de la época para el que se construyeron 140 sets de rodaje en siete grandes estudios que Todd alquiló en Hollywood, y para los exteriores viajaron por medio mundo para grabar en los países en los que se desarrollaba la trama. Comenzaban en Inglaterra, pasando después por Francia, España, India, Tailandia, China y Estados Unidos, hasta volver de nuevo al punto de partida. En todos estos lugares se rodaron varias escenas, y en nuestro país tuvo lugar una bastante especial.
La plaza mayor del pueblo madrileño de Chinchón se convirtió en una plaza de toros, con todos los habitantes que por aquel entonces residían allí haciendo de extras mientras veían a Luis Miguel Dominguín y Cantinflas toreando unos novillos. Y esto fue significativo, porque el actor mexicano le echó valor y no precisó de ningún doble para grabar la escena en la que tiene que hacer la faena, algo que le llenó de felicidad puesto que el famoso cómico había sido torero en su juventud, conservando siempre su afición, hasta el punto de que manifestó durante su vida que "si no hubiera sido artista, hubiera sido torero". Y es que, como podemos ver, el mexicano era un hombre de ideas fijas.
Escucha Sucedió una noche completo
Este es un fragmento de Sucedió una noche, con Antonio Martínez y Elio Castro. Puedes escuchar el programa completo aquí:

James Cagney, ‘Todos los hombres del presidente’, ‘La vuelta al mundo en 80 días’
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Miguel Muñoz
(Linares, 1992) Periodista, SEO y redactor digital en la Cadena SER. Graduado en Periodismo por la Universidad...




