John Irving: "Estados Unidos está en manos de un dictador y debería haber un impeachment"
El autor regresa al mundo de 'Las normas de la casa de la sidra' con su nueva novela, con la que recorre la historia del estado de Israel en el siglo XX

John Irving

Michael Caine ganó uno de sus dos Oscar a mejor actor de reparto por aquel papel del doctor Larch, director del orfanato de St. Cloud's en Las normas de la casa de la sidra, adaptación de Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, por la que el propio Irving también recibió el Óscar. Más de 25 años después de aquella adaptación y 40 de la publicación del libro, el escritor norteamericano regresa a aquel universo y al mismo orfanato con La reina Esther, que publica Tusquets, una historia donde el autor explora la identidad y la pertenencia, dos de los grandes temas que atraviesan su obra, y con la historia del estado de Israel de fondo.
En La reina Esther, Irving (New Hampshire, 1942) vuelve al estado de Maine y a aquel aislado orfanato, donde dos mujeres dejan abandonada a una niña de cuatro años. Casi 10 años después, aquella niña sigue sin encontrar quien la acoja, hasta que aparecen los Winslow, una familia liberal que hizo lo posible por proteger a aquella niña de origen judío, que había nacido en Viena a principios del siglo XX. "Más de la mitad de mis novelas son históricas y no es una casualidad que también sean las más políticas. Mis novelas tienen una trama y una línea temporal, con un elenco de personajes que preexisten durante más años de los que luego necesito para escribir. Siempre se más del final de las historias que del principio, pero en ésta ha ocurrido todo lo contrario", explica el autor desde el despacho de su casa en Toronto, en la presentación de la novela a la prensa española.
En ese principio está el famoso doctor Larch, viejo conocido de Irving, que aquí utiliza para empezar una historia en la que también el lector puede volver a encontrarse con las mismas enfermeras de St. Cloud's, eso sí más jóvenes, pero con nuevos niños. Irving decidió que fuera un nuevo elenco de huérfanos no adoptados, con una pequeña niña judía entre ellos. "Sabía lo que iba a pasar a la protagonista, el momento en el que emigra de Viena, el antisemitismo con el que se iba a encontrar en Nueva Inglaterra, y con una madre asesinada que la iba a convertir en la menos adoptable de todos. Pero yo conocía al doctor Larch y sabía todo lo que iba a hacer por conseguir que una familia la acogiera".

Portada de 'La reina Esther' de John Irving

Portada de 'La reina Esther' de John Irving
En el final la protagonista Esther tiene 76 años y está vinculada a la creación del estado de Israel, explica el autor, "esta novela es anterior a los acontecimientos del 7 de octubre, por lo que no es contemporánea, pero donde termina y lo que dice es una premonición de lo que realmente acaba pasando". Un momento crítico para escribir esta historia, que él mismo ha definido como projudía y proisraelí. "La novela acaba en 1981 y yo en ese momento estuve en Israel y tenía toda la simpatía hacia los sionistas que se vieron con la necesidad de fundar el estado de Israel. Pero también estuve en contacto con judíos de izquierdas, que ya eran críticos con la presencia de judíos en Gaza y Cisjordania. Cuando volví en 2024 ya era evidente que ese conflicto que había intuido, tristemente era una realidad. El conflicto era mucho más aciago y persistente de lo que había imaginado. Hay momentos en los que no te sientes a gusto con tu presagio. Me sentí culpable, avergonzado".
Explica Irving, autor de novelas como 'El mundo según Garp' y 'El hotel New Hampshire' que 'La reina Esther' es, en realidad, una historia sobre los orígenes, relacionada con el antisemitismo que la protagonista sufre desde pequeña, y en la que termina siendo obvio que decida volver a la tierra de la que procede. "No escribo novelas sobre temas contemporáneos, pero si escribes sobre la historia es probable que nos hable de lo que es bastante posible que esté pasando o que vaya pasar".
El führer Trump
Residente en Toronto desde el primer mandato de Donald Trump, "no por una cuestión política sino amorosa" (su mujer es canadiense), asegura Irving que no piensa volver a Estados Unidos, aunque allí vive gran parte de su familia, dos de sus hijos, sus nietos y sus hermanos, un país que dice no reconoce, que está gobernado por un dictador, al que se refiere como "el fürher Trump", ante la impasible actitud de unos legisladores, incapaces de hacer un trabajo por el que han sido votados por los ciudadanos.
"Hay cobardes en el partido republicano elegidos para proteger y defender la constitución de los Estados Unidos, son fascistas, y sigo esperando que hagan su trabajo y que dejen de permitir a Trump todos sus excesos. Me perturba decir que no hay gente en mi país de origen lo suficientemente formada para reconocer el fascismo, y me cuesta entender cómo puede estar volviendo también el fascismo a Europa. Trump y Orban son amigos, así que no me sorprende. Estados Unidos ha dejado de ser un país democrático, es un país autoritario en manos de Trump. Estamos en manos de un dictador y debería haber un impeachment, claramente". Y añade, "la guerra que estamos viendo en Oriente Medio es la guerra de Netanyahu. Es la guerra que ese torpe de Trump, que no para de meter la pata, ha alentado, y Netanyahu ha utilizado a Trump en su beneficio, se ha aprovechado de su estupidez y su autoritarismo".




