Selecciona tu emisora

Ir a la emisora
PerfilDesconecta
Buscar noticias o podcast

Con cráneo o sin él

Goya sigue siendo por naturaleza un artista incómodo; que esa cualidad haya resistido el paso del tiempo explica más que ninguna otra cosa el secreto de su vigencia

Francisco de Goya en un retrato

Francisco de Goya en un retrato / UniversalImagesGroup

Francisco de Goya en un retrato

Madrid

En poco más de dos años, exactamente el 16 de abril de 2028, se celebrará el segundo centenario de la muerte de Francisco de Goya, uno de esos artistas de alcance universal cuyo eco, lejos de ir desvaneciéndose con el paso del tiempo, incrementa día a día su influencia en los nuevos creadores.

Entre otras muchas aportaciones a la historia del arte, la forma novedosa y brutal que tuvo de presentar la guerra y sus consecuencias continúa siendo un mazazo para nuestras conciencias doscientos años después, sobre todo cuando de nuevo hay mandatarios que banalizan el sufrimiento y el daño que van a causar con sus misiles como si no fuese más que otra partida de su videojuego preferido. Sí, el viejo y sordo Goya sigue aquí para explicarles a los desalmados, con muy gráfica crueldad, en qué consisten los destrozos de las guerras y quiénes son sus víctimas.

Aunque Goya tuvo un gran éxito en vida como pintor de la Corte, no le resultó fácil conservar su prestigio tras su muerte. Los grabados sobre los desastres de la guerra no tuvieron apenas difusión durante décadas, sus pinturas negras estuvieron a punto de desaparecer y su cuerpo estuvo enterrado más de medio siglo en un discreto rincón del cementerio bordelés de La Chartreuse sin que nadie en España mostrase interés en su traslado.

Fue el cónsul español en Burdeos, Joaquín Pereyra, quien en un paseo casual encontró la tumba y comunicó a sus superiores en Madrid el hallazgo, a la espera de instrucciones para su repatriación. Tuvo que esperar ocho años hasta que su sugerencia fuese atendida, lo que da una idea de dónde estaba el pintor aragonés en el escalafón de las preocupaciones culturales de la España de entonces.

Pero no habían terminado ahí los desatinos ni los misterios. Lo cuenta estupendamente el escritor Miguel Barrero en su libro La cabeza de Goya (Xordica), donde recrea aquel episodio y la sorpresa que todos los implicados tuvieron al descubrirse que al cuerpo de Goya le faltaba la cabeza. Cuando el cónsul informó al Gobierno de tan macabro hallazgo por si querían reconsiderar sus planes, la respuesta que recibió desde Madrid fue tajante: “Envíe Goya con cráneo o sin él”.

El misterio no resuelto de esa cabeza desaparecida -qué ironía que los premios del cine español se expresen a través de su “cabezón”- parece una fácil metáfora de cómo la figura de Goya nunca se ha dejado encajar fácilmente. Por sus propias contradicciones personales -su ambición por triunfar en palacio y su inclinación por las ideas ilustradas y reformistas- y también por la aparente distancia radical que había entre algunas de sus producciones artísticas.

A la altura del primer centenario de su muerte, Goya ya había sido elevado al olimpo de los grandes pintores españoles de siempre, pero su imagen más popular y alegre de majas y toreros no hacía fácil la comprensión de ese otro Goya oscuro y desesperanzado por “los tristes presentimientos de lo que ha de acontecer”.

Habrá que ver cómo enfoca el segundo centenario la Comisión Nacional recientemente aprobada por el Consejo de Ministros -con cierto retraso- para organizar la efeméride, porque Goya sigue siendo por naturaleza un artista incómodo; que esa cualidad haya resistido el paso del tiempo explica más que ninguna otra cosa el secreto de su vigencia.

Pero, en todo caso, lo que es indiscutible es que el universo creativo de Goya es uno de los mayores capitales intangibles con que cuenta España a nivel internacional y, por tanto, se trata de uno de los mejores activos para eso que se suele llamar diplomacia cultural o poder blando. Es decir, una ocasión inmejorable para afinar la imagen internacional de España como un país comprometido con la denuncia permanente de las guerras injustificadas e ilegales y con los abusos de todo tipo contra la dignidad de las personas. La insobornable libertad intelectual de Goya no podría ser más actual en el mundo desquiciado de hoy.

José Carlos Arnal Losilla

José Carlos Arnal Losilla

Periodista y escritor. Autor de “Ciudad abierta, ciudad digital” (Ed. Catarata, 2021). Ha trabajado...

 

Directo

  • Cadena SER

  •  
Últimos programas

Estás escuchando

Hora 14
Crónica 24/7

1x24: Ser o no Ser

23/08/2024 - 01:38:13

Ir al podcast

Noticias en 3′

  •  
Noticias en 3′
Últimos programas

Otros episodios

Cualquier tiempo pasado fue anterior

Tu audio se ha acabado.
Te redirigiremos al directo.

5 "

Compartir