José Carlos Ruiz advierte del poder de la risa: "No todas las carcajadas construyen comunidad"
El filósofo reflexiona, junto a Bernat Castany, sobre el sentido moral, social y filosófico de la risa

Más Platón y menos WhatsApp: Filosofía y Risa
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Madrid
En un mundo marcado por tensiones sociales y conflictos constantes, la risa sigue siendo una herramienta poderosa para comprender la realidad y relacionarnos con los demás. Así lo sostienen el filósofo José Carlos Ruiz y el escritor Bernat Castany en La Ventana, quienes analizan el significado profundo del humor y su papel en la sociedad. Ambos coinciden en que reír no es solo una reacción espontánea, sino también una forma de comunicación que refleja valores, emociones y posiciones morales.
Según Ruiz, toda risa implica una valoración inmediata de la realidad. En sus palabras, "toda risa es un juicio", una reacción que acompasa pensamiento y cuerpo de manera casi involuntaria. El filósofo sostiene además que la risa tiene la capacidad de alterar el ambiente social, ya que su aparición puede cambiar la narrativa de una situación y aligerar la gravedad de lo cotidiano.
En ese sentido, advierte que no todas las risas son iguales ni inocentes. Ruiz explica que el contexto en el que se produce una carcajada revela la posición moral de quien la emite.
"La frontera está en la posición que se le asigna al otro", afirma. Mientras la risa cómplice reconoce al otro como igual, la risa humillante lo convierte en objeto, una diferencia que, aunque breve, puede dejar una huella duradera.
No existe un momento perfecto para reír
El escritor y profesor universitario Bernat Castany, autor del libro Una filosofía de la risa, defiende que la risa no debe posponerse esperando tiempos mejores.
El autor asegura que no existe un momento ideal para el humor. "No existe un kairós, o momento oportuno, ni para la risa, ni para el arte, ni para la filosofía", explica. De hecho, añade que "cuando nunca es el momento, siempre es el momento", subrayando que el humor puede ser especialmente necesario en épocas difíciles.
Castany recuerda que, a lo largo de la historia, la risa ha sido vista con desconfianza en algunos ámbitos. Señala que existe una tradición "agelasta", es decir, contraria a la risa, presente en instituciones como la Iglesia o la Universidad. Según explica, pensadores como San Agustín interpretaron la risa como un signo de orgullo o desprecio.
Una herramienta para aprender y detectar errores
Más allá del entretenimiento, Castany destaca la relación entre humor y conocimiento. En su opinión, la risa funciona como una especie de alarma mental que se activa cuando detectamos incoherencias o errores.
El escritor explica que la naturaleza parece haber dotado al ser humano de un mecanismo cómico que reacciona ante contradicciones o absurdos. "Es como si la naturaleza hubiese instalado en nuestra mente una alarma cómica", afirma, subrayando que el humor puede ayudarnos a identificar falacias y a comprender mejor la realidad.
Recuerda la tradición de la ironía socrática, inspirada en el filósofo Sócrates, que consistía en fingir ignorancia para revelar la falta de conocimiento del interlocutor.
Reír también es una forma de cuidarse
Ambos pensadores coinciden en que el humor cumple una función preventiva y terapéutica. Castany sostiene que la risa puede ayudarnos a conocernos mejor y a enfrentar situaciones difíciles.
En su opinión, el humor actúa como una especie de gimnasia emocional que debe practicarse con regularidad. No solo se trata de reír cuando hay motivos, sino también cuando se necesita aliviar tensiones o afrontar situaciones complicadas.
Además, el autor subraya la relación entre risa y felicidad. Inspirándose en ideas de pensadores como Henri Bergson y Aristóteles, explica que la alegría suele manifestarse a través de la risa y puede ser un indicador de que estamos desarrollando nuestras capacidades personales.
El humor como herramienta social y política
En el plano colectivo, la risa también tiene un papel relevante. Castany advierte que el humor puede contribuir a crear comunidad, pero también puede agravar divisiones sociales si se utiliza de forma agresiva.
El autor sostiene que, en sociedades muy polarizadas, el humor tiende a empobrecerse y volverse más agresivo. En particular, menciona el papel de las redes sociales, donde la comicidad puede convertirse en una herramienta de confrontación más que de unión.
Según explica, el humor puede ser una forma de defensa frente a situaciones difíciles, incluso ante temas como la enfermedad o la muerte. En estos contextos, el humor negro aparece como un mecanismo que recuerda a las personas que siguen vivas, ayudándolas a enfrentar lo inevitable con cierta distancia emocional.
Castany defiende la necesidad de una "risa moral", una forma de humor que no humille ni excluya, sino que contribuya al bienestar colectivo. En su opinión, una persona sin sentido del humor se asemeja a "un coche sin amortiguación al que todas las piedras del camino le hacen saltar".





