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Eduardo Mendoza: "No sé estar sin escribir"

El escritor barcelonés presenta en 'A vivir' su última novela: "La intriga del funeral inconveniente" (Seix Barral)

Eduardo Mendoza: "No sé cuál puede ser la medicina para luchar contra el virus de la corrupción"

Madrid

Ramoncito Valenzuela en un periodista en prácticas que publica su primera noticia en el periódico. Es una crónica sobre un funeral que ha tenido lugar en un tanatorio barcelonés. A él han asistido muy pocas personas, algunos trabajadores de la funeraria, la hermana del muerto, un personaje misterioso y el propio Ramoncito (aparte del finado, claro). A partir de la publicación de esa noticia Ramoncito es despedido. ¿Qué se esconde detrás de ese funeral para que el becario termine en la calle? Pero, ¿no era esta una novela protagonizada por el detective sin nombre?

Efectivamente esta es la sexta entrega (tras once años) de la serie sobre el detective sin nombre, pero, ya avisa Mendoza, cualquier apunte más que hagamos sobre esta cuestión puede considerarse spóiler.

De lo que sí ha hablado mucho el autor de Sin noticias de Gurb es de su forma de plantarse ante el papel en blanco (sigue escribiendo a mano). Dice que no empieza a escribir sobre un personaje hasta que no tiene su nombre. "Se me ocurre una frase y luego se la pongo a un personaje".

"Escribir un libro de humor te obliga a trabajar cada palabra, cada frase, porque si falla el engranaje, falla toda la novelas. Hay veces que he tardado dos días en acabar una frase".

En la serie del detective sin nombre, aparte de los nombres de los protagonistas, lo que más llama la atención es la tendencia que tienen estos a disfrazarse. "Lo que más me divierte de esos personajes es la vanidad. La vanidad es una cualidad humana que genera mucho humor".

En cuanto al estilo, al lado de palabras prácticamente en desuso, Mendoza utiliza neologismos que le sirven como una herramienta más para fabricar esas situaciones tan propias de su literatura que rondan el absurdo. "Me gusta mezclar el lenguaje que yo oía a mis mayores, casi del siglo XIX, con el lenguaje de hoy en día, con el de las redes sociales".

Barcelona es casi un personaje más en las novelas mendocianas. "Le debo mucho a Barcelona y Barcelona me ha tratado siempre muy bien". Es muy habitual encontrarnos con alcaldes de la ciudad, siempre anónimos, aunque los reales aceptan de muy buen grado esos cameos e incluso se sienten identificados con algunos de ellos.

Un elemento muy frecuente en la literatura del autor barcelonés es la corrupción, especialmente en la saga del detective sin nombre. Mendoza se lamenta de la tendencia a la corrupción que hay a todos los niveles en la sociedad española: "No sé cuál puede ser la medicina con la que se puede luchar contra este virus".