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'Incontrolable', el drama social sobre el síndrome de Tourette que combina de forma magistral humor y realidad

El largometraje de Kirk Jones, con un sobresaliente Robert Aramayo, equilibra comedia y drama para desmontar estereotipos y abrir una conversación sobre el Síndrome de Tourette

Fotograma de 'Incontrolable' con Robert Aramayo

Fotograma de 'Incontrolable' con Robert Aramayo / Graeme Hunter

Fotograma de 'Incontrolable' con Robert Aramayo

Madrid

Si algo se le da bien al cine inglés es retratar las realidades sociales de sus calles de una manera brillante. 'Sorry we missed you', 'Billy Elliot' o incluso 'Full Monty' han demostrado que los ingleses son expertos en este tipo de relatos que, además de mostrar la crudeza de la realidad social y económica del país, combinan comedia y drama de forma magistral.

Todo se remonta al nacimiento del free cinema, movimiento cinematográfico creado en los años cincuenta por directores de clase obrera británica que, hartos del cine propagandístico de la época, decidieron recuperar la seña de identidad del país y plasmar la realidad existente en aquellos años. Esta corriente vanguardista, muchas veces denominada "Nouvelle vague inglesa", inspiró al cineasta Ken Loach ('El viento que agita la cebada', 'Lloviendo piedras') que, poco después, se convirtió en su máximo exponente.

En este mismo contexto se inscribe 'Incontrolable' -titulada en inglés 'I Swear'- el nuevo largometraje del director Kirk Jones ('La niñera mágica', 'Mi gran boda griega 2'). Protagonizada por un fantástico Robert Aramayo y bañada en britpop noventero, la cinta narra la historia real de John Davidson, activista por el Síndrome de Tourette, condición que padece desde adolescente.

Todo comenzó en 1989, cuando Jones vio un documental sobre un Davidson de 14 años y, según cuenta, tuvo un gran impacto en él: "Creo que porque era un joven maravilloso que había tenido una vida relativamente normal hasta el momento en el que empezó a desarrollar el Síndrome de Tourette", comenta. Durante años, y mientras grababa sus otras películas, el cineasta no dejaba de pensar en el joven, y siguió viendo los documentales que se publicaban sobre él. Hace no mucho, cuenta, se enteró de que la Reina de Inglaterra le había nombrado Miembro de la Excelentísima Orden del Imperio Británico, lo que le movió a contactar con Davidson por Facebook y presentarse: "Le pregunté si alguien estaba haciendo una película sobre él. Dijo que no, y pensé: "Está bien, voy a ir a reunirme con él y hablar sobre la idea de una película"", recuerda el director. Cuando por fin se conocieron, Davidson le recibió en su casa con un "vamos a tener sexo", y cuando el cineasta le respondió con un guiño, el joven le pidió que ignorara esos tics que, de forma involuntaria, le salían cuando estaba nervioso.

Según la Organización CDC (Centros para el control y prevención de enfermedades), el Síndrome de Tourette es una condición médica del sistema nervioso que hace que las personas que lo padecen tengan espasmos, movimientos o sonidos repetitivos que no pueden controlar. Davidson, tras protagonizar numerosos documentales, en 2003 creó un grupo de apoyo para familias de gente con Tourette, convirtiéndose, así, en un gran referente en la divulgación de la condición.

'Incontrolable' cuenta su historia retratando, con una sensibilidad exquisita, los múltiples frentes -laborales, sociales y familiares- a los que se tiene que enfrentar su protagonista a lo largo de su vida, desde la incomprensión en su entorno más cercano hasta sus encontronazos con la policía. Pero no lo hace desde el dramatismo convencional, sino desde un perfecto equilibrio entre humor y tragedia que logra la empatía hasta del más duro espectador.

Lejos de trivializar la experiencia, el humor y la ironía emergen como fórmulas inteligentes que permiten procesar la incomodidad. Este equilibrio en el tono responde a una decisión creativa consciente por parte del director, quien entendía que uno de los principales riesgos del proyecto era desvirtuar el relato hacia los extremos: “Rob y yo comprobábamos a diario que el tono no fuera demasiado exagerado o demasiado ligero, que no fuera demasiado oscuro, ni demasiado divertido ni absurdo. Intentábamos mantenernos lo más cerca posible del pilar central, que es, básicamente la verdad y la honestidad”, comenta Jones. El resultado es una experiencia profundamente inmersiva y orgánica, donde el espectador se descubre al borde de la lágrima y, sin darse cuenta, riendo.

Otro de los pilares fundamentales de la película es la brillante actuación de Robert Aramayo, actor británico conocido por sus papeles como el joven Ed Stark en 'Juego de Tronos' o como Elrond en 'El señor de los anillos: los anillos del poder'. Sin caer en caricaturas, Aramayo construye un personaje lleno de matices que consigue cautivar desde el primer minuto de metraje, haciendo que el espectador acompañe, casi sin darse cuenta, el conflicto interno del protagonista. El actor cuenta que la preparación no fue sencilla: "Tuve mucha ayuda con la producción, empecé a trabajar con un entrenador de movimiento y dialecto y pasé mucho tiempo con John. Viajé por el mundo conociendo a muchas personas que vivían con Tourette, leí cosas, vi vídeos de YouTube, documentales...", explica. Gracias a su interpretación en la cinta, logró alzarse con el premio BAFTA a mejor actor, imponiéndose a los favoritos de este año Leonardo DiCaprio, Timothée Chalamet y Michael B. Jordan.

Tanto el director como Aramayo sostienen que el largometraje puede iniciar una conversación muy necesaria en la sociedad: "Es una película accesible, algo que puedes consumir y disfrutar. Pero, si quieres profundizar un poco más, también tiene un gran componente educativo. A todos nos han sorprendido gratamente las conversaciones que han surgido de la película, es muy raro formar parte de una historia que haya creado ese impacto", comenta el actor.

El cineasta, por su parte, reconoce que ha sido especialmente relevante la respuesta de quienes conviven con Tourette u otras afecciones neurológicas como el autismo, el TOC o el TDAH, que agradecen que se visibilice una realidad que a menudo permanece oculta. Como señala el director, muchas de estas condiciones no son evidentes, como ocurre con la ansiedad o el trastorno obsesivo compulsivo, lo que dificulta la empatía social. Además, explica, el Síndrome de Tourette ha sido siempre una condición rodeada de estereotipos profundamente arraigados, como la creencia de que los insultos son una manifestación habitual: "Eso no es cierto, solo alrededor del 20% de las personas dicen palabrotas. Así que hay muchas cosas que las personas necesitan desaprender y sobre las que deben educarse, y creo que, si lo hacen, todos los miembros de la sociedad nos beneficiaremos", afirma.

'Incontrolable' llega a los cines como un ejercicio de realismo social británico perfectamente ejecutado, una propuesta que construye de manera brillante un tono propio donde todo encaja: la crudeza del relato, la ternura de los personajes y ese humor inglés tan característico. El resultado es una obra que combina con precisión drama y comedia, y que invita a la conversación demostrando que el cine social, cuando está bien afinado, tiene muchísimo que decir.

 

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