La reflexión de Carolina Iglesias sobre la bondad: "Elijo ser buena, pero no me toquéis el papo"
La presentadora de 'Ni tan bien' asegura cualquier error que cometa le deja con la consciencia intranquila
La bondad también tiene límites
Madrid
En un mundo gobernado por el conflicto y los enfrentamientos violentos, la bondad es una virtud que gran parte de la sociedad reclama. La maldad aparece de forma constante en la actualidad, pero todavía quedan personas que tratan de llevar la bondad por bandera y apaciguar el mundo con sus buenas acciones.
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Hacer el bien es muy importante, pero como todo, en exceso puede terminar siendo algo malo. Así lo demuestra un estudio de la Universidad de Carolina del Norte que Carolina Iglesias, presentadora de Ni tan bien, ha interpretado de una forma bastante particular.
Ser bueno, pero sin exagerar
Iglesias asegura que no puede confirmar que la bondad pueda hacer más feliz al que la practica, aunque tiene claro que uno tampoco puede hacer grandes esfuerzos por tratar de hacer feliz al resto. La conductora del programa afirma que ella trata siempre de hacer el bien "compense o no, esté Mercurio donde esté", pero no pretende gastar todas sus energías en servir al resto y no en ayudarse a sí misma.
"Ser buena tampoco significa ser pardilla", este es el principio que guía todas las decisiones que Iglesias toma en su vida. La presentadora tiene claro que a ella le va mejor ser buena, porque si todas aquellas equivocaciones fortuitas que ha tenido a lo largo de su vida ya le remueven la conciencia, no tiene motivos para "ser mala a posta".
La felicidad de la maldad
A pesar de estar de acuerdo con la hipótesis de este estudio universitario, Iglesias cree que la maldad también puede hacer felices a algunas personas. "Yo voy a seguir queriendo ser buena. Y si la gente luego es mala, pues será infeliz, aunque yo veo a la gente mala con una sonrisa que parece el gato de Alicia en el País de las Maravillas" comenta la presentadora.
La conductora de Ni tan bien sueña con un mecanismo que consiga castigar la actitud de esas personas que deciden practicar el mal. Esta herramienta permitiría a Iglesias reclamar horas de sueño a todos esos sujetos malignos que han perturbado su descanso.