La Ventana
Sociedad

Al autoritarismo que llega con votos se le echa votando

La lección que deja Hungría frente al avance del poder autoritario

"Los echan los votos": Francino analiza la victoria de Péter Magyar en Hungría

Madrid

Yo creo que hemos perdido la cuenta de los ultimátums, las amenazas y los insultos que Donald Trump profiere contra quien se le pone a tiro —nunca mejor dicho—. Pero, dado que hace apenas unos minutos tiene que haber entrado en vigor el bloqueo sobre el Estrecho de Ormuz, que supuestamente debe ejecutar la Armada estadounidense, pues nada: abrimos la ventana y dejamos constancia.

Todo es un poco raro, porque el Estrecho de Ormuz ya está bloqueado —o, al menos, controlado— por Irán. Apenas circulan buques, de hecho. Se supone que lo que Trump intenta ahora es que nadie le pague ni un duro al régimen de los ayatolás como peaje por ese tránsito. Y todo esto cuando estamos en pleno alto el fuego y en plenas negociaciones entre Irán y Estados Unidos. Aunque, claro, Benjamin Netanyahu, cuyo ejército sigue machacando Líbano todo lo que puede y más, ya se ha encargado de avisar de que esto del alto el fuego de Irán —o con Irán— puede cambiar en cualquier momento.

Es tan cansino este hombre. Y no es por frivolizar, ni mucho menos, porque este drama no da para muchas bromas o para ninguna. Pero me acordaba el otro día, con todo este follón que tenemos en marcha, del gran Karlos Arguiñano. Hace un año, cuando el ejército de Netanyahu arrasaba Gaza, él un día, mientras cocinaba en Antena 3, se dirigió así al primer ministro de Israel:

"Bueno, ¿sabéis de qué me estoy acordando ahora? De Netanyahu. Cocina un poquito, Netanyahu, que te va a cambiar el carácter. Te lo digo como lo siento, te lo dice un abuelo de trece nietos".

De todas formas, no creo que hoy ni Netanyahu, ni desde luego Trump, ni Putin, ni Milei, ni Abascal, ni Steve Bannon, entre otros, estén muy satisfechos con los resultados electorales de ayer en Hungría. Esta mañana alguien decía, en El Abierto de Hoy por Hoy, que estas elecciones no iban de derecha a izquierda, sino de algo más profundo: que al final lo que está en juego es la democracia tal y como la conocemos o el autoritarismo. Es decir, lo que han hecho gentes como Orbán: carcomer el sistema por dentro para convertirlo en algo muy parecido a una autocracia.

La conclusión de Hungría —al menos para mí, y esto es muy personal—, la más importante y creo que muy esperanzadora, es que si Trump, Milei, Bolsonaro u Orbán iniciaron su cruzada autoritaria y ultraderechista aupados por los votos —porque así fue—, existe una manera de sacarles antes de que lo destrocen todo. Y esa manera son, precisamente, los votos.