Pensar en la ruptura como alivio: la clara señal de que la relación no funciona y no siempre queremos ver
La divulgadora especializada en neurociencia y psicología social de las emociones analiza en 'Mañana Empiezo' algunas claves de las relaciones de pareja tras publicar 'Me quieres o qué quieres'
Raquel Mascaraque, divulgadora científica especializada en neurociencia y psicología social de las emociones ha publicado el libro Me quieres o qué quieres (Aguilar) y ha pasado por el podcast Mañana Empiezo para analizar por qué repetimos patrones perjudiciales en nuestras relaciones, cómo el cerebro nos condiciona durante el enamoramiento y por qué muchas veces confundimos amor con miedo, dependencia o costumbre.
"El amor debería generar más calma que ansiedad", explica Mascaraque. Sin embargo, la mayoría de personas crece consumiendo referentes culturales —películas, series, canciones o redes sociales— que asocian el amor al sufrimiento, la intensidad extrema o la incertidumbre constante.
Ha señalado además que la forma en la que nos vinculamos está profundamente marcada por el aprendizaje emocional temprano. "Nuestros primeros modelos relacionales construyen la idea de lo que creemos que es normal. Si eso no se cuestiona, puede perpetuarse en la vida adulta", explica.
El cerebro enamorado (y por qué tomamos malas decisiones)
Durante la fase inicial de una relación de pareja se produce una intensa activación hormonal que afecta a la toma de decisiones. "Durante el enamoramiento se reduce la actividad de la corteza prefrontal, la parte del cerebro encargada del razonamiento y la planificación", apunta Mascaraque. Por eso, advierte de la tendencia a idealizar y minimizar señales de alerta, y recomienda no tomar decisiones vitales importantes durante los primeros meses de relación.
Cuando ese pico hormonal se regula, aparece una etapa más estable del vínculo. Es en ese punto cuando muchas parejas entran en crisis. "Nos han vendido que el amor tiene que ser constante e intenso, pero el amor real también pasa por el aburrimiento, la frustración y las conversaciones incómodas", señala.
Comodidad, conformismo y señales de alerta
Mascaraque invita a distinguir entre estar cómodo y permanecer por inercia. La comodidad no es negativa en sí, pero la pasividad puede convertirse en una señal de desgaste. "Si ves que algo no funciona y no haces nada por cambiarlo, el vínculo se va deteriorando poco a poco", describe con la imagen de un huerto que se seca por falta de cuidados.
Entre las señales de alarma destaca las faltas de respeto, la pérdida de autoestima, los ataques constantes o una sensación clave: imaginar la ruptura como alivio.
Dependencia emocional y relaciones disfuncionales
Otro de los puntos centrales es la dependencia emocional y los vínculos desequilibrados. Mascaraque insiste en que no se trata de etiquetar a personas como tóxicas, sino de identificar comportamientos dañinos y contextos relacionales problemáticos.
"El aislamiento es uno de los mecanismos más habituales en las relaciones manipuladoras", alerta. Por eso insiste en la importancia de mantener redes de apoyo fuera de la pareja, para que la relación sea una elección libre y no una necesidad.
Límites, comunicación y vínculos sanos
Para construir relaciones saludables a largo plazo, Mascaraque señala cuatro pilares básicos: comunicación, respeto, sinceridad y confianza."No podemos esperar que la otra persona adivine lo que necesitamos. Pedirlo de forma clara también es responsabilidad propia", explica.
También subraya el papel de los límites emocionales, físicos y temporales como elemento esencial del amor propio. "Cuando no existe un espacio personal protegido, algo empieza a desajustarse en la relación".




