Por qué nos damos besos: una experta explica qué ocurre en nuestro cuerpo al besar
La psicóloga Elena Dapra habla en 'La Ventana' sobre efectos reales de los besos
Beneficios psicológicos y efectos biológicos de los besos
Madrid
En 2023, una pareja tailandesa batió un récord mundial: estuvieron besándose 58 horas, 35 minutos y 58 segundos. No se separaron ni para comer ni para ir al baño. No hubo ni un milímetro de separación entre sus labios. Tal fue el impacto de este Kissathon, que, desde entonces, se acuñó el 13 de abril como el Día Mundial del Beso.
Los besos, explica la sociología, cumplen una función social: producen apego, fortaleciendo las uniones entre las personas. Si nos fijamos en el campo de la biología, la clave está en las sustancias que se liberan al besar. "Entre estas sustancias encontramos endorfinas, oxitocina y cortisol, encargadas de alegrarnos, relajarnos, excitarnos y bajar nuestro estrés", explicaba Javier Ruiz Martínez, periodista científico de la SER, en La Ventana.
Para la psicóloga Elena Dapra, especializada en bienestar psicológico, la función psicológica del beso es esencial: "El ser humano necesita confirmar el vínculo y lo hace a través del cuerpo". Además de este aspecto más general, Dapra ha asegurado en La Ventana que el beso cumple tres importantes funciones, "Vincular, crear conexión y apego; explorar, evaluamos al otro a nivel inconsciente; y reguladora, nos activa, nos calma y nos reconecta".
Con un beso en la boca se intercambian 80 millones de bacterias
¿Y qué pasa con aquellos a quienes no les gusta besar ni ser besados? "No les pasa nada", ha dicho la experta, de hecho, es "bueno" saber poner "límites corporales" y ha insistido en la necesidad de "diferenciar entre afecto espontáneo y obligación".
¿Deberíamos obligar a los niños a dar dos besos cuando no quieren? La psicóloga ha explicado que no deberíamos hacerlo: "Los niños sienten antes de racionalizar, por lo que no han aprendido aún a traicionarse para tener que agradar al otro".
Otro motivo para no querer dar besos es el miedo a contraer algún virus o enfermedad. "Poder contagiarte de una enfermedad marca una distancia; eso es autoprotegerte de una posible amenaza corporal", ha explicado Dapra. Y aunque este temor se fundamenta en algo cierto —en un beso en la boca de 10 segundos se intercambian 80 millones de bacterias— también el sistema inmune se beneficia de esto, ya que, como ha comentado Ruiz Martínez, "aprende de lo que recibe". Hasta tal punto aprende el sistema inmune de una persona que una pareja que se da al menos 10 besos al día comparte la misma microbiota bucal.
Un mundo sin besos
¿Podríamos sobrevivir sin besos? Dapra es tajante: "Sí, pero no nos vamos a vincular igual". Como ha explicado, besar "no es imprescindible biológicamente", pero genera intimidad, activa nuestro deseo y construye cercanía emocional. Por lo tanto, aunque podríamos vivir en un mundo sin besos, "nuestros vínculos serían más fríos, más de cabeza y menos corporales: el problema está en la ausencia de aquello que activa el beso".