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Ocio y cultura

Selva Almada y la historia de Argentina a través de una casa deshabitada

La finalista del Booker bucea en ‘Una casa sola’ en la historia reciente de su país, a través del silencio que dejan tras de sí los desaparecidos

La Hora Extra | Entrevista a Selva Almada por 'Una casa sola''

Cuenta la escritora argentina Selva Almada (Villa Elisa, 1953) que suele empezar a escribir partiendo de algo muy precario, de una imagen, de una atmósfera, sin saber muy bien qué va a escribir o por dónde le va a llevar la historia. Y eso es lo que le pasó con su última novela, 'Una casa sola', que publica Random House, que comenzó a escribir en una residencia que hizo en Francia, hace algún tiempo, y que decidió retomar el año pasado. "La verdad es que fui sin proyecto, fui a ver qué aparecía en ese mes y pico de soledad, y ahí apareció algo que me venía rondando, que son las desapariciones en democracia. En Argentina, estamos muy marcados, de hecho ahora se cumplen 50 años del último golpe de Estado, todavía con 30.000 desaparecidos. Con todo lo fuerte y lo simbólico que gira en torno a las desapariciones, quería hablar de lo que pasa con esta gente que aún en democracia sigue desapareciendo, y los espacios vacíos que dejan tras de sí".

Finalista del Booker con su anterior novela 'No es un río', la autora empezó escribiendo con un narrador en tercera persona hasta que apareció la voz de la casa, "fue apareciendo en el transcurso de la escritura, y quise explorar qué pasaba si me decidía a ir por ahí. Me daba un poco de vértigo, porque que hablara una casa podía convertirse en algo insostenible pero al final surgió, y la comencé a trabajar y terminó en convertirse en narrador y personaje".

'Una casa sola' de Selva Almada

La casa cuenta su historia y la de todos los que a lo largo de los años han sido sus habitantes, mezclando la intriga y el misterio, en medio de una atmósfera dura, atravesada por la brutalidad de los hombres, reflejo de una vida rural sórdida y oscura, pero también por las mujeres que aman, crían y cuidan, que nos remiten a las madres de Plaza de Mayo y a las madres de las víctimas de trata. Una historia de violencia y de ternura a partes iguales. "La historia se entrelaza con la historia de mi provincia, del interior de Argentina, que tuvo mucha importancia en el siglo XIX, donde hubo muchas batallas, donde se jugó gran parte de la constitución de mi país. Y ahí comienza la novela, con toda la dureza y la crueldad de la guerra, y sigue atravesando distintos momentos de la historia pero termina siendo algo luminoso. Porque la casa que termina deshabitada, al final acaba volviendo al lugar del que salió, vuelve a la naturaleza, y desde ese lugar termina siendo una novela luminosa".

La novela, testigo de la historia de sus huéspedes, hogar y refugio, pero también escondite, comienza con una cita de Estela Figueroa, "he aquí la casa, lo que la puebla, y lo que ella conforma", poeta favorita de la autora, que utiliza para reflexionar sobre el concepto de hogar, "la tengo muy presente mientras escribo, porque además murió hacía poco mientras escribía. Ella es una poeta muy dura y amarga pero de una honestidad brutal. Y lo que ella conforma me pareció tan contundente, qué significa, qué es una casa, deja de serlo cuando no está habitada, o empieza a ser otra cosa, o cuándo se convierte en una casa, es un hogar o es una casa y nada más", se pregunta Almada.

Conversamos con la autora sobre la situación actual en Argentina, ahora que se cumplen 50 años del golpe de Videla, y de la indefensión de los ciudadanos ante los discursos de odio, "la verdad es que es muy complejo vivir en Argentina, yo amo mi país y he decidido vivir en mi país a pesar de todo. Es bastante terrible porque hay una violencia del lenguaje, una violencia simbólica, que nos hace estar en una alerta constante sobre qué es lo que va a pasar. Y lamentablemente esto no es solo una cuestión de mi país, las derechas avanzan en todo el mundo".