¿Por qué viajan las semillas?
Aprovechando la edición especial de 'Hoy por Hoy' desde el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, hablamos de plantas viajeras y de cómo se desplazan de un lado a otro

Diente de león / CADENA SER

Madrid
La principal razón por la que las plantas han ideado métodos para que sus semillas se desplacen es para colonizar nuevos territorios, extendiendo así su genética, permitiendo que la población de una especie ocupe un área mayor y asegurando así la viabilidad a largo plazo de esa especie.
Uno de los métodos más habituales que nos encontramos de semillas voladoras lo conocemos desde la infancia, con esas semillas que tienen un paracaídas —llamado vilano—, conformado por finísimos filamentos. El diente de león (Taraxacum officinale) es una de las plantas que genera esos paraguas plumosos, en un fruto con forma de globo y conformado por docenas de sus semillas, y que todos hemos soplado alguna vez cuando éramos niños, e incluso de adultos.
Si bien lo normal es que esas semillas vuelen una distancia de pocas decenas de metros con una corriente de aire apropiada—, en uno de mis libros dejé recogido el dato de un estudio que había detectado un vuelo de nada más y nada menos que 160 kilómetros de distancia, como la distancia que hay entre Granada y Córdoba o entre Segovia y Salamanca. Con una corriente de aire favorable, se ve que esta estructura es ideal para volar, desde luego.
También son bien conocidas esas semillas algodonosas que generan los álamos o chopos (Populus spp.), que alrededor de los meses de mayo y junio (dependiendo de las especies y las regiones), producen unas pequeñas semillas rodeadas de una pelusa blanquecina que facilitan su vuelo. Cuando los frutos de los álamos se abren, dejan caer en el aire ese algodoncillo, entre medias del cual aparecen las semillas.
Seguramente que se haya visto alguna imagen de ese momento en algún parque urbano, cuando el suelo se llena de ese algodoncillo. La gente suele llamarlo polen, sin ningún atisbo de realidad, ya que no se trata más que de la estructura que produce el árbol para extender sus semillas más lejos.
El polen
El polen es la estructura que alberga las células reproductoras masculinas. En cuanto a su función, se podría decir que el polen es a las plantas lo que los espermatozoides en muchos animales, ya que su misión es la de transportar la parte genética masculina hasta la parte femenina y conseguir así la fecundación.
Los dos métodos más comunes en las plantas para conseguir esa fecundación es hacer llegar el polen a la parte femenina bien a través del aire o con un mensajero, un polinizador. Las plantas que sueltan el polen directamente en el aire se llaman anemófilas, y son, por ejemplo, muchas gramíneas, como el trigo, la cebada, el centeno, la avena... Ninguna tiene unas estructuras florales llamativas ni con aromas, porque no necesitan atraer a ningún insecto para que recoja el polen y se lo lleve a otra flor. Por eso, estas plantas tienen una polinización menos sofisticada, se podría decir.
Pero no solo son esas hierbas las que se polinizan dejando caer el polen en el aire, sino también grandes árboles que pertenecen al grupo de las coníferas plantas que se reproducen a través de conos o piñas-, como las secuoyas (Sequoiadendron giganteum) o los pinos (Pinus spp.). Estos enormes árboles tampoco esperan la visita de ningún insecto, ya que fabrican una inmensa cantidad de polen, para aumentar la probabilidad de que algunos lleguen a las estructuras femeninas.
Los pinos tienen unos granos de polen muy curiosos, porque si se les mira con un microscopio se verá que cada gránulo tiene adosado un par de globitos, conocidos como sacos aéreos, que permiten que el polen tenga mejor flotabilidad en el aire, como si volaran en globo.
Aves como medio de transporte
El primero es el caso, quizás una leyenda, de cómo se propagó la zarramaga (Erigeron canadensis) desde América para llegar a Europa. Esta planta es una hierba espontánea muy común en las ciudades y pueblos, capaz de colonizar grandes áreas. Es de la familia de las margaritas, pero la zarramaga no tiene sus colores, sino solo unas minúsculas flores verdosas y blanquecinas. Como el diente de león, produce semillas con su correspondiente paragüitas.
Pero no llego desde su región americana hasta Europa volando por sus propios medios, sino que la leyenda cuenta que lo hizo dentro de un ave disecada: un taxidermista rellenó un ave disecada con los frutos de esta especie, un animal que terminó en Europa. Ya podemos imaginar que, en algún momento, del animal disecado se escaparían las semillas, propagando la especie.
Segundo caso. La familia de los cactus tiene como origen único el continente americano, aunque hoy en día se puedan encontrar naturalizados en otros continentes, cultivados por el ser humano, como el caso de las chumberas (Opuntia spp.). Pero hay un cactus que se cree que "emigró" desde América gracias a las aves: el ripsalis (Rhipsalis baccifera).
Este cactus es epífito, por lo que crece en las ramas de los árboles. Tiene unos tallos finos en los que produce unas frutos carnosos y pegajosos, que son los que se cree que pudieron permitir su expansión desde América hasta África, continente en el que esta especie está muy extendida, llegando incluso a Madagascar. Quizás sus semillas se quedaron pegadas a las patas o el pico de las aves migratorias, lo que les facilitó arribar a las costas africanas. Sigue siendo un misterio, aunque esta teoría del vuelo es la más aceptada todavía.
Vemos así que también las plantas vuelan, de una manera u otra.

Eduardo Barba
Eduardo Barba Gómez es jardinero, investigador botánico en obras de arte, paisajista y profesor de jardinería....




