Sara Flores, la artista indígena que intercambiaba sus dibujos por ropa y ahora llega a la Bienal de Venecia
La creadora de arte kené ocupará el Pabellón de Perú en la muestra de Venecia, en representación del pueblo shippibo-konibo

La artista Sara Flores en la selva amazónica.

La Bienal de Venecia reúne cada dos años lo más destacado del arte contemporáneo internacional. Esta edición, con lema "En claves menores”, llega en pleno debate sobre la descolonización del arte y una invitada inesperada: Sara Flores. Una mujer indígena, de 76 años, que hace solo unos años, intercambiaba sus dibujos por ropa (a lo sumo los vendía por 30 euros) y hoy puede venderlos por 60.000 en White Cube, una de las galerías más prestigiosas del mundo. Flores ha pasado de vivir aislada en una comunidad indígena en al Amazonas peruano a exhibir su trabajo en Venecia, además de en París, Londres o, próximamente, en Nueva York.
El largo camino de Sara Flores hasta el Pabellón veneciano de Perú, uno entre los 99 países participantes en esta 61 edición, comenzó en una de las cerca de 150 comunidades que habitan los shipibo-konibo, pueblo indígena de entre 20 y 30.000 integrantes, con lengua y cultura propias, distribuido en la ribera del río Ucayali. Es allí donde esta artista, a los 14 años, aprendió de su madre el kené, técnica tradicional de dibujo estampado sobre cerámicas, telas y madera que, desde 2008, es Patrimonio Cultural de Perú.
Los dibujos kené siguen patrones geométricos de formas laberínticas, inspiradas en las visiones alucinógenas que genera la ayahuasca, la sustancia natural que induce estados alterados de conciencia. Los shipibo-konibo expresan mediante el kené su cosmovisión, marcada por un vínculo profundo con la naturaleza y el espíritu.
Un ejemplo de kené, el diseño del pueblo shipibo-konibo, que Flores ha elevado a un nivel sin precedentes de sofisticación. / Musuk Nolte
Un ejemplo de kené, el diseño del pueblo shipibo-konibo, que Flores ha elevado a un nivel sin precedentes de sofisticación. / Musuk Nolte
Acompañada de una pequeña navaja, Sara Flores, cuyo nombre original, Soi Biri, significa «dibujado con precisión», recorre la selva buscando plantas, semillas y troncos de los que extrae tintes naturales para sus dibujos: marrones tierra, negros ceniza, rojos teja y verdes del Amazonas que estampa con ayuda de un utensilio afilado que ella misma fabrica, a partir de la varilla de un paraguas. La precisión de sus dibujos y la creatividad inagotable de sus diseños le han convertido en la artista mejor considerada de su comunidad, tras años dedicada a la práctica que hoy continúan sus hijas y nietas.
Sara Flores, Peruvian Shipibo artist. / Musuk Nolte
Sara Flores, Peruvian Shipibo artist. / Musuk Nolte
Problemas en el paraíso
Pero Sara Flores y su comunidad se enfrentan desde hace años a múltiples amenazas que hacen peligrar su existencia: la de la minería ilegal que explota las profundidades del Amazonas, la de los pescadores y ganaderos furtivos que esquilman la tierra que alimenta a los indígenas, y la de los menonitas, la comunidad cristiana ultraconservadora de origen europeo, instalada en América latina desde hace un siglo, y acusada de deforestar al menos una extensión de 12.000 campos de fútbol de selva amazónica. “Los cocaleros también entran al bosque, siembran coca, se hacen dueños de los terrenos y luego venden la coca y malogra a los niños y jóvenes”, explica la artista sobre el cultivo ilegal de coca, otra de las amenazas que se cierne sobre su comunidad. El arte kené se ha convertido así también para los shipibo-konibo en un grito contra la deforestación. Una forma de resistencia política ante las amenazas.
La trayectoria de Sara Flores se ha desarrollado en la selva, que provee a la artista de todo lo necesario para la vida y la creación. Los tintes naturales, como los contenidos en estas botellas, proceden del Amazonas. / Musuk Nolte
La trayectoria de Sara Flores se ha desarrollado en la selva, que provee a la artista de todo lo necesario para la vida y la creación. Los tintes naturales, como los contenidos en estas botellas, proceden del Amazonas. / Musuk Nolte
Consciente de la difícil situación que atraviesen los suyos, Flores reparte equitativamente las ganancias de su trabajo: una cuarta parte para ella, otra destinado a que sus hijas y nietas enseñen el kené a otras mujeres, el tercer 25 por ciento para que los shipibo-conibo paguen a los abogados y activistas que defienden sus derechos, y una cuarta parte para la oficina que desde Harlem, en Nueva York, se encarga de que su historia se conozca en todo el mundo.
Sara Flores se ha convertido así en una pequeña celebridad local para su comunidad, donde hace 50 años, en 1976, cofundó la primera cooperativa de mujeres shipibo, un hito en la autonomía económica de este pueblo profundamente matriarcal. Ahora, cuando su obra se cotiza en decenas de miles de euros, Flores mantiene el vínculo con su comunidad a través de Bakish Mai Multiversity, la institución educativa instalada en la selva tropical, de la que es cofundadora, y que se dedica a la transmisión intergeneracional de conocimientos indígenas, mientras reclama mayor protección a su comunidad por parte del gobierno de Perú. “Los peruanos no reconocen nuestro trabajo. Los mestizos, como les llamamos nosotros, no lo valoran. Para ellos no es nada”, se lamente.
El diseño curatorial de la exposición “Sara Flores. De otros mundos” se centra en el carácter experimental de su práctica, desde patrones geométricos que se manifiestan sobre lienzo de tocuyo, hasta diversos subestilos y formatos. / Musuk Nolte
El diseño curatorial de la exposición “Sara Flores. De otros mundos” se centra en el carácter experimental de su práctica, desde patrones geométricos que se manifiestan sobre lienzo de tocuyo, hasta diversos subestilos y formatos. / Musuk Nolte
Una historia, múltiples lecturas
La historia de Sara Flores está llena, sí, de contradicciones. Procede de una humilde comunidad indígena pero le representa White Cube, galería que tiene en su nómina a algunos de los artistas más cotizados del mundo. Comprometida con un pueblo indígena que reclama su autodeterminación, pero elegida para la Bienal de Venecia por el gobierno peruano. Y fichada por Christian Dior para estampar su obra en una colección de bolsos de Christian Dior vendidos por entre 7.000 y 25.000 euros y agotados en cuestión de semanas.
En la puesta en valor del trabajo de Sara Flores ha tenido mucho que ver el comisario de arte italiano y activista indígena Matteo Norzi, director de la oficina shipibo-konibo en Nueva York, organización sin fines de lucro cuya misión es promover los estilos de vida creativos del pueblo shipibo-conibo en el entorno del arte contemporáneo. Norzi es quien ha logrado que el arte de Sara Flores haya sido incluido en las principales colecciones institucionales del mundo: Museo Guggenheim y Metropolitano de Nueva York, Tate de Londres… El trabajo de Flores, representado por White Cube y The Shipibo-Conibo Center, ha merecido también exposiciones individuales en el Museo de Arte de Lima (2025), White Cube Bermondsey (2025), White Cube Paris (2023) y CLEARING, Nueva York (2023, 2022), entre otros.

El comisario Matteo Norzi (Italia, 1976) es activista por los derechos indígenas y cofundador y director ejecutivo del Centro Shipibo-Conibo de Nueva York, entidad que ha dado a conocer a artistas como Sara Floresi. Su documental, *The Hummingbird Paints Fragrant Songs*, sobre Sara Flores, codirigido con Èlia Gasull Balada, se estrenará en 2026. / Prin Rodriguez

El comisario Matteo Norzi (Italia, 1976) es activista por los derechos indígenas y cofundador y director ejecutivo del Centro Shipibo-Conibo de Nueva York, entidad que ha dado a conocer a artistas como Sara Floresi. Su documental, *The Hummingbird Paints Fragrant Songs*, sobre Sara Flores, codirigido con Èlia Gasull Balada, se estrenará en 2026. / Prin Rodriguez
Para Norzi, la presencia de Sara Flores es un auténtico caballo de Troya en el mercado del arte contemporáneo. Especialmente cuando museos como el Guggenheim de Nueva York, en cuyo patronato figuran empresas que deforestan el Amazonas, adquieren su obra. En pleno debate sobre la descolonización de los museos y la reivindicación del arte surgido en los márgenes, el trabajo de Flores es un recordatorio de que el arte contemporáneo no solo nace en contextos de riqueza.
Con su capacidad para equilibrar los principios geométricos del kené y su innovación continua desde la década de 1950, Flores ha llevado el enigmático diseño kené a un nuevo estadio, que conecta las ansias de autodeterminación política del pueblo shipibo-conibo con la reivindicación de un futuro sostenible.
Desde junio su trabajo podrá verse en la sede White Cube de Nueva York y antes en ‘De otros mundos’, la exposición en la Bienal de Venecia que consagrará el arte indígena en uno de los escaparates de mayor prestigio del mundo para el arte contemporáneo. Por primera vez en su historia, Perú estará representado así por una artista indígena en una exposición individual auspiciada por el Patronato Cultural del Perú, organización privada sin fines de lucro responsable de la participación de Perú en las Bienales de Venecia. La selección de obras, de los curadores Issela Ccoyllo y el propio Matteo Norzi, reúne nuevas pinturas de gran formato sobre lienzo de algodón silvestre; esculturas con forma de mosquitera, y su obra ‘Non Nete (Una bandera para la nación Shipibo)’, que muestra una bandera pintada a mano ondeando al viento y recuerda el sueño de autodeterminación de la nación indígena.
La película 'Non Nete (A Flag for the Shipibo Nation)' mostrará en la Bienal de Venecia una bandera pintada a mano mientras suena la grabación de un chamán soplando buenas intenciones dentro de una botella de ayahuasca.
La película 'Non Nete (A Flag for the Shipibo Nation)' mostrará en la Bienal de Venecia una bandera pintada a mano mientras suena la grabación de un chamán soplando buenas intenciones dentro de una botella de ayahuasca.




