Sucedió Una Noche
Cine y TV

El discurso de los premios Óscar que la Academia no volvió a permitir

Durante años no hubo límite en los discursos de los Óscar, hasta que Greer Garson subió al escenario y la Academia decidió que aquello no podía volver a ocurrir

El día que un discurso de los Óscar obligó a cambiar las normas de la gala

Madrid

Durante muchos años, los discursos de agradecimiento en los premios Óscar no tenían cronómetro. Los ganadores podían tomarse el tiempo que quisieran para hablar, agradecer o reflexionar. Hasta que Greer Garson subió al escenario y cambió las reglas para siempre. En el programa Sucedió una noche de la Cadena SER, recordaron esta semana el discurso más largo de la historia de la Academia, una intervención tan inusual que provocó un antes y un después en la ceremonia.

Ocurrió en 1943, cuando la actriz británica ganó el Óscar a la mejor actriz por La señora Miniver, una película ambientada en la Inglaterra castigada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El filme se convirtió en un símbolo de resistencia civil y tuvo un impacto enorme en la moral del público. Winston Churchill llegó a asegurar que la película había hecho más por el esfuerzo de guerra británico que "una flota de destructores".

Pero el momento que pasó a la historia no fue la película, sino lo que ocurrió después. Cuando Greer Garson recogió la estatuilla, su discurso se alargó durante cinco minutos y treinta segundos, una eternidad para los estándares actuales y el más largo jamás pronunciado en una gala de los Óscar.

Lejos de limitarse a una lista de agradecimientos, la actriz quiso aprovechar el altavoz para cuestionar el propio sentido del premio. "La nominación ya es suficiente recompensa", defendió, antes de criticar abiertamente la idea de competir entre actores. "Actuar no es una competición", sostuvo desde el escenario, comparando los premios con "una carrera de caballos" en la que, a su juicio, no tenía sentido elegir un único ganador.

Tal y como explicaron en Sucedió una noche, aquel alegato sorprendió —y también incomodó— a la Academia. Hasta ese momento no existía ningún límite para las intervenciones, pero el discurso de Garson fue el detonante para imponer restricciones. Desde entonces, el tiempo de palabra pasó a estar controlado y vigilado, un cambio que sigue vigente décadas después.

El récord aguantó casi 60 años. No fue hasta el año 2003 cuando Adrien Brody lo superó por apenas 10 segundos, al recoger el Óscar por El pianista. Aun así, su discurso ya se produjo en una ceremonia donde el tiempo estaba vigilado y el contexto era muy distinto, sin una crítica al propio sistema de premios como la que hizo Garson.

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