Sara Andrés, atleta paralímpica: "Tras el accidente, mi mejor terapia fue el humor negro"
La deportista española que perdió sus pies en un accidente de coche en 2011 y superado después un cáncer, cuenta cómo su vida fue mejor al ser capaz de superar ambos trances

Madrid
Es profesora de Primaria, psicopedagoga, atleta paralímpica participante en tres juegos, ganadora de tres medallas en dos campeonatos mundiales de atletismo adaptado en la especialidad de velocidad... Todo eso es verdad, pero no es lo más importante. Ella es sobre todo un brillante e inteligente manual de instrucciones para superar grandes adversidades, un tutorial para torcerle el paso a las cosas cuando vienen muy mal dadas, una herramienta de precisión para extraer de lo malo una gran oportunidad para ser más feliz. Y es madre, porque la vida genera vida, igual que la resignación produce tristeza y ennegrece el alma. Es, Sara Andrés, una persona de proporciones gigantescas.
Sara, pegada a una sonrisa durante toda la conversación, cuenta cómo era su vida antes de que con 25 años, un accidente de coche —del que nada recuerda hasta que se despertó en un hospital y supo que había pedido sus pies— le devolviera a una vida diferente: "Yo era una chica muy exigente conmigo misma y con los demás. Un poco cruel porque no me perdonaba nada, buscaba todo el tiempo la perfección con una gran falta de tolerancia si no la conseguía".
Luego del accidente, la llegada de un tiempo de hospital, de operaciones, de luto por la pérdida, pero un tiempo también de aprendizaje, de tres asignaturas bien aprobadas con nota: la paciencia, la valoración del presente y no del pasado ni del futuro, y la humildad: "No fue sencillo, durante mucho tiempo pensé que para estar así, lo mejor hubiera sido morir en el accidente de tráfico. Viajé a un pozo negro, pero luego descubres que se sale, que en las peores cosas siempre está lo mejor, pero hay que saber verlo y no es fácil. Me ayudaron durante todos los meses que estuve en silla de ruedas los terapeutas y los psiquiatras. Ahora no recuerdo cómo era andar con los pies, aunque siempre que sueño los tengo".
Y si estas fueron las tres asignaturas que la licenciaron, la matrícula de honor fue el exquisito manejo de la herramienta más potente para cambiar el mundo: el humor. "Mi gran terapia puede decirse que es el humor, y, sobre todo o especialmente, el humor negro. Tanto, que tiró de él, cuando de nuevo la calamidad le miró de frente con un cáncer de tiroides. Cuenta Andrés que tras ser operada, en la UCI, a un enfermero le dijo que con ella se habían equivocado, que le habían seccionado los pies por error. Al enfermero no lo volvió a ver aunque trató siempre de disculparse en persona: "Decían que tras la operación de tiroides, es normal que el paciente sufra grandes y bruscos cambios de humor, o de perderlo, y yo sólo quería asegurarme a través de una broma de que no había sido así en mi caso. Entonces le dije que por error me habían quitado los pies, el pobre se puso de todos los colores sin dejar de mirar mi historial clínico".
En el camino hacia la nueva felicidad, Sara Andrés cuenta que lo más difícil fue comenzar a amar de nuevo su propio cuerpo y que cuando se mostró tal cual era, todo fue más fácil. Aquella mañana en clase, ante sus alumnos, cuando a la vuelta de los juegos paralímpicos de Río, en la que había sido quinta, llegó a clase y como no quería que sus alumnos se enterasen por la tele o un periódico de su accidente tomó una decisión: "En el aula les puse vídeos de los juegos olímpicos y de los paralímpicos y después les enseñé mis prótesis. Hubo todo tipo de reacciones: desde "qué chulas, yo quiero unas...", "Das un poco de miedo", "Qué guay una profesora mitad robot, mitad mujer..." Y lo mejor de todo es que al rato ellos y ellas ya habían pasado a otra cosa, ya no le dieron más importancia".
Y surgió entonces el atletismo, sin ser muy consciente de que no tener pies le daría la oportunidad de demostrar cuan veloz podía correr. Participante de tres Juegos Paralímpicos, medallista mundial de bronce en dos ocasiones y una de plata en los mundiales de París y Londres. "Yo era muy deportista y cuando empecé a dar clases lo fui dejando. Tras el accidente, sin embargo quise retomar el deporte para desfogarme, eso era lo que buscaba en el atletismo, hasta que me enganché, se me daba bien y ya no paré, porque es muy brutal, muy adictivo", confiesa.
Ahora con una excedencia por maternidad y pensando en volver a participar en el atletismo hasta que el cuerpo aguante, sonríe satisfecha ante el gran resultado que le ha sacado a la segunda oportunidad que le ha sabido sacar a la vida en la prueba de obstáculos que tan bien sabe correr.

Sergio Castro Salillas
Redactor y guionista en la SER desde 1996. Estuvo en La Ventana, A Vivir y ahora es redactor de Hoy...




