Ni más primitivos ni más torpes: así crecían los bebés neandertales
Un estudio paleontológico desmonta viejos prejuicios sobre nuestros antepasado y muestra que su desarrollo era incluso más acelerado que el nuestro

Madrid
¿En qué se diferenciaba un bebé neandertal de uno de nuestra especie? La respuesta empieza a tomar forma gracias al estudio de Amud 7, un lactante neandertal cuyos restos han sido analizados con un nivel de detalle sin precedentes. La periodista Patricia Fernández de Lis ha explicado en Hora 25 que el hallazgo no es reciente, ya que los huesos de este bebé fueron descubiertos en los años 60 en una cueva junto al mar de Galilea, en Israel, donde yacían enterrados una veintena de neandertales. Sin embargo, no ha sido hasta ahora cuando un equipo de investigadores ha examinado de forma exhaustiva los 111 fragmentos óseos conservados.
La clave estaba en sus dientes. Apenas tenía dos incisivos inferiores, lo que indica que murió con unos seis meses de vida. Pero al mismo tiempo, el tamaño de sus huesos largos y la capacidad de su cráneo corresponden a la de un bebé humano moderno de casi un año. Esta discrepancia ha llevado a los científicos a una hipótesis clara: los neandertales crecían más rápido que nosotros.
Lo más sorprendente es que estas diferencias aparecen desde etapas muy tempranas. Según la investigadora principal, la anatomía neandertal no dependía tanto del entorno o del comportamiento, sino que estaba profundamente arraigada en su biología desde el nacimiento.
El pequeño Amud 7 ya mostraba rasgos característicos de su especie: huesos más robustos, una clavícula curvada, ausencia de mentón y un cráneo de gran tamaño. Rasgos que, según los expertos, un forense podría identificar incluso en un individuo tan joven.
Además, no se trata de un caso aislado. Otros restos infantiles encontrados en lugares como Francia, Rusia o Asturias presentan patrones similares, lo que refuerza la idea de un desarrollo más acelerado en los neandertales.
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Ni más primitivos ni más torpes: así crecían los bebés neandertales
¿Por qué crecían más rápido? La respuesta podría estar en el entorno, dice Fernández de Lis. Los neandertales vivían en condiciones más frías y duras que los humanos modernos de la época, que habitaban en África en climas más benignos. Esta presión ambiental pudo haber favorecido un crecimiento más veloz, permitiendo que las crías fueran autónomas en menos tiempo.
Sin embargo, esta interpretación también abre un debate interesante: ¿eran ellos más rápidos o somos nosotros más lentos? Desde una perspectiva evolutiva, no está claro quién representa la norma.
Durante décadas, los neandertales han sido considerados una versión más rudimentaria del ser humano. Pero la evidencia acumulada —su capacidad para enterrar a sus muertos, cuidar a los enfermos o desarrollar culturas complejas— sugiere una realidad mucho más sofisticada. Tal vez no eran inferiores, sino simplemente diferentes.
La compleja sociedad del ratopín rasurado
Fernández de Lis ha pasado de los neandertales a uno de los animales más extraños del planeta: el ratopín rasurado. Este pequeño mamífero subterráneo, originario del Cuerno de África, es conocido por sus extraordinarias características biológicas. Puede vivir hasta 40 años, apenas desarrolla cáncer y su piel no siente dolor ante estímulos que afectarían a otros animales.
Pero lo más fascinante es su organización social. Viven en colonias que funcionan como una auténtica dictadura: una única reina se reproduce mientras el resto de individuos —obreros y soldados— trabajan para ella. Hasta ahora, se pensaba que cuando la reina moría, el relevo se producía mediante violentas luchas entre hembras.

Rata topo / BIOPARC

Rata topo / BIOPARC
Un estudio reciente ha cambiado esta visión. Tras observar durante seis años una colonia, los científicos documentaron un caso inédito: una transición pacífica de poder. La reina dejó de reproducirse sin conflicto y su hija asumió el rol reproductivo, mientras la colonia permanecía estable.




