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Gus Van Sant cuestiona la glorificación de los criminales en el thriller setentero 'Prime Crime: A True Story'

La película, basada en una historia real y que bebe del mejor cine setentero, está protagonizada por un desesperado Bill Skarsgård, Colman Domingo y Al Pacino

Fotograma de 'Prime Crime: A True Story' / Vertigo Films

Fotograma de 'Prime Crime: A True Story' / Vertigo Films

Fotograma de 'Prime Crime: A True Story' / Vertigo Films

Madrid

La última vez que el cineasta estadounidense Gus Van Sant estrenó un título fue en 2018 con 'No te preocupes, no llegará lejos a pie', protagonizada por Joaquin Phoenix. Siete años de ausencia que han dado para mucho, porque el cineasta se ha centrado en otras formas de expresión artística, como por ejemplo, la pintura. En España pudimos ver sus obras en La Casa Encendida de Madrid.

Tras la espera, Van Sant regresa a las pantallas con 'Prime Crime: A True Story', un efectivo thriller setentero basado en hechos reales. Protagonizado por un excepcional Bill Skarsgård, la cinta sigue a un hombre normal de Indeanápolis que, tras ser estafado por un banco, secuestra al hijo del dueño, interpretado por Dacre Montgomery ('Stranger Things'). ¿Lo único que pide a cambio de su liberación? Una disculpa pública del dueño (al que da vida el gran Al Pacino), una compensación económica y la total impunidad.

A través de la peripecia del protagonista, Tony Kiritsis, que tiene a su rehén atado por el cuello a una escopeta, el filme explora temas como la lucha de clases, el nepotismo, el populismo, la mediatización y la frivolidad de estos mismos medios de comunicación. Sin embargo, lo más importante que aborda la historia es el peligro de elevar a héroe del pueblo a una figura criminal, pues Kiritsis se convirtió en un "héroe popular" en 1977 al haber "desafiado el sistema".

Estos hechos pueden sonar a sucesos virales (e, incluso, aplaudidos por muchos) de nuestra historia más reciente como el de Luigi Mangione, ese joven estadounidense que asesinó al presidente de la compañía de seguros United Healthcare en noviembre de 2024. A pesar de ello, el propio Van Sant comentó en el Festival de Venecia que esto no tenían nada que ver: "Algunos de esos sucesos, al estilo de Luigi Manione, ocurrieron en noviembre, justo después de que empezáramos. Nosotros empezamos en septiembre". Y añadió: "Así que, a mitad de la preparación, nos dimos cuenta de que estaban pasando cosas que eran similares y se estaban entrelazando con nuestro propio proyecto. Pensamos: «¿Es eso bueno o malo?», y fue interesante. Probablemente nos afectó mientras lo hacíamos", comentó el director.

Lo verdaderamente incómodo del largometraje es preguntarse por qué este tipo de figuras son glorificadas. La narrativa de "hombre corriente contra el sistema" puede llegar a generar cierta empatía y a simplificar conflictos estructurales más complejos, encapsulando todo el suceso en una historia fácilmente consumible. Una historia que se convierte en una épica con la que sentirse identificado construida a base de una frustración colectiva. Porque sí, existe un malestar real en la sociedad estadounidense con determinadas empresas como las de préstamos o de seguros: "chanchullos" internos, sensación de desprotección y decisiones totalmente deshumanizantes. A pesar de todo ello, convertir ese malestar colectivo en legitimación de la violencia es una solución completamente errónea y disfuncional.

Es aquí donde el ecosistema mediático entra en juego. La cobertura intensiva (y frívola), la necesidad de generar relato y la lógica de audiencias tienden a amplificar estas figuras hasta darles un título casi mítico. Una peligros romanización del agresor frente a la complejidad de las víctimas. Pero claro, eso es mucho más viral y atractivo para generar clicks.

Otro pilar de 'Prime Crime: A True Story', encuadrada en un gélido febrero de 1977, es su maravillosa ambientación: vestuario, peluquería y maquillaje, forma de rodaje, cámaras. banda sonora... todo bañado de una estética setentera perfectamente lograda, consigue una experiencia totalmente inmersiva no solo en la narrativa, sino también en lo visual. Con todo ello, la película dialoga con películas del género, muy en auge en estos últimos años, como 'Dos buenos tipos', protagonizada por Russell Crowe y Ryan Gosling o el 'Mastermind' de Josh O'Connor, dirigida por Kelly Reichard.

Ahora bien, además de todo ello, es evidente la huella de 'Tarde de perros', de Sidney Lumet, en su capacidad de convertir un suceso criminal en un espejo social. Al igual que en el clásico del 76, protagonizado, también, por Al Pacino, la calle observa atentamente, los medios amplifican y el protagonista queda atrapado en una espiral donde la línea entre víctima y verdugo se vuelve cada vez más difusa.

Lo que está claro es que a Gus Van Sant no se le escapa ni un detalle e, inspirado en ese convulso Los Ángeles de los 70, construye una propuesta que funciona en sus múltiples capas: como thriller contenido, ejercicio de reconstrucción estética y, sobre todo, como espejo social. Una historia que además de entretener, incomoda... y obliga a mirar dos veces.

 

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