José Carlos Ruiz: "Las redes sociales han convertido la tentación en cansancio y frustración"
El filósofo reflexiona sobre cómo Internet ha transformado la tentación en una suma de estímulos constantes que dispersan la voluntad y generan fatiga
José Carlos Ruiz reflexiona sobre la tentación y el cansancio en las redes sociales
Madrid
La tentación ya no es lo que era. Al menos, no en la era de las redes sociales. Lo que durante siglos fue un pulso íntimo entre el deseo y la voluntad se ha transformado hoy en una sucesión constante de estímulos que no busca seducir, sino agotar. Así lo explicó el filósofo José Carlos Ruiz en La Ventana, donde reflexionó sobre cómo Internet ha alterado nuestra relación con el deseo y la elección.
"Antes de Internet y de las redes sociales, la tentación tenía un nicho de intimidad muy fuerte entre el sujeto y su objeto", señaló Ruiz. "La tentación es una invitación personalizada solo para ti, porque despierta un deseo ignoto, algo que no sabías que estaba dentro".
Ese carácter íntimo se ha diluido en el ecosistema digital. "A las redes sociales ya no les interesa tanto el objeto como tu atención", advirtió el filósofo. El resultado es una transformación profunda de la voluntad: "Las nuevas tentaciones han hecho que la voluntad se deslavace, que se disperse en múltiples focos".
Ruiz subrayó que las tentaciones contemporáneas son más superficiales que nunca, pero también mucho más numerosas. "Son muy pueriles, pero hay muchas". Una cadena interminable de microestímulos —notificaciones, vídeos, promociones, novedades— que fragmentan la atención. "Ya no luchas intensamente contra algo que pueda cambiar tu ser, sino que estás repartido en mil lugares a la vez".
Esa dispersión constante tiene efectos claros. "Como estás en mil lugares con una atención fragmentada, tu vida se convierte en un exceso de atención vacía". Un vacío que no genera placer, sino desgaste: "Eso provoca frustración, fatiga y un cansancio tremendo".
El filósofo puso nombre a este fenómeno: neofilia, la atracción permanente por lo nuevo. "La novedad te tienta constantemente", explicó, pero sin ofrecer una recompensa real. "Tu voluntad no se fortalece, se cansa".
En ese contexto, Ruiz recordó que la tentación no siempre ha tenido mala fama. "Es un temblor de la voluntad", algo que desordena esquemas y obliga al sujeto a replantearse quién es y qué desea. Sin embargo, en el modelo actual, ese temblor se ha convertido en una vibración continua que no transforma, solo erosiona.
"Si pudiéramos controlar la tentación, dejaría de serlo y se convertiría en deseo", recordó el filósofo. Pero en las redes no hay control posible: "Todo está diseñado para anticiparse y multiplicarse". Y en esa lógica, añadió, el dominio ya no se ejerce desde fuera: "La mejor manera de dominar a alguien es hacer que se autocastigue, que interiorice el miedo a salirse del código".
La consecuencia es una paradoja inquietante: nunca ha habido tantas opciones ni tantas distracciones, pero tampoco tanta sensación de cansancio vital. "La voluntad ya no se enfrenta a algo concreto; se dispersa". Y una voluntad dispersa, concluyó Ruiz, no decide ni se rebela: "simplemente se agota".