La esperanza de refugiados como Andrés tras la regularización: "Podremos vincularnos con las demás personas y progresar"
Es la primera vez que una regularización de migrantes incluye a los refugiados, y se estima que más de la mitad de las solicitudes provendrán de este grupo
Regulación y esperanza
Madrid
Conseguir un contrato de trabajo o alquilar un piso legalmente son algunas de las esperanzas que guardan los cerca de medio millón de personas que se van a poder beneficiar de la regulación extraordinaria de migrantes que España puso en marcha el pasado jueves. Gente que ahora vive hacinada con varias personas en una misma habitación y que encadena trabajos precarios y pagados en negro para mantenerse.
Algunos, como Andrés, llegaron a España huyendo de la violencia en su país. Nos recibe en Valdemoro, en las afueras de Madrid, donde vive desde hace dos años como refugiado tras salir de Colombia. Cuenta que durante semanas vivió el proceso con ansiedad por si no se materializaba. “Estar en un país donde uno no tiene unos documentos con los cuales pueda hacer muchas cosas, como una cuenta bancaria, como un empleo, trae bastantes inconvenientes”.
La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) le está ayudando en su solicitud. No ha tenido problemas para reunir la documentación necesaria porque ha estado inmerso en procesos de educación, socialización y empleo que demuestran su estancia en España, así que está más tranquilo, aunque los trámites aún no hayan terminado.
Recuerda el momento de presentar los papeles con mucha felicidad por todo lo que supondrá en su vida: “incluirse en el país y llegar a producir, a completar muchos sueños, y sobre todo vincularse con las demás personas, cumplir las normas que están aquí y progresar”, explica. “Creo que la meta de cada uno es llegar y progresar en este país”.
La ley aprobada por el Gobierno estipula que pueden pedir la regularización por la vía del arraigo todos aquellos que puedan demostrar que residían en España durante cinco meses de manera ininterrumpida y que no hayan cometido delitos ni en nuestro país ni en el suyo de origen. La novedad es que por primera vez se incluye a los solicitantes de asilo o de protección internacional, y se estima que más de la mitad de las solicitudes provendrán de este grupo. Aunque la normativa deja fuera los apátridas, lo que ha generado una gran protesta ante el colectivo de saharaui.
El proceso de regularización no dotará a estas personas de todos los derechos como ciudadanos plenos de España, pero si va a regularizar su residencia y su permiso de trabajo. Así, las personas como Andrés podrán dejar atrás situaciones de explotación laboral en trabajos en la construcción en los que cobran salarios miserables sin alta en la seguridad social.
El colombiano tuvo que huir de su país porque sufría extorsiones y corría peligro su vida. Ve como “una bendición” su llegada a España. Se siente acogido en una ciudad tranquila a pesar de que sabe que hay un sector de la población reacio a recibir extranjeros. A quienes temen que los inmigrantes vienen a “desfalcar el estado” les dice que “la gente que está aquí viene a progresar y a trabajar e incluirse en la sociedad. Ser parte activa y complemento de los españoles”.