"Somos el país de las 6.000 fosas. No se pueden recorrer 50 kilómetros en cualquier dirección sin encontrarse con un fosa"
El director Carlos Iglesias explica cómo esta película iguala la memoria de vencedores y vencidos de la Guerra Civil

“La bala”: el nexo entre los caídos de la División Azul y las fosas del franquismo
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Madrid
El dictador Francisco Franco envió en 1941 a cerca de 50.000 españoles a luchar junto a los nazis: la División Azul. Muchos de ellos murieron en Rusia y sus cuerpos continúan enterrados en paraderos desconocidos, del mismo modo que miles de represaliados del régimen fueron arrojados a fosas comunes y cunetas en España. Ese vínculo entre unos y otros —entre los muertos del bando vencedor y las víctimas de la represión franquista— es el eje sobre el que se construye la película La bala.
Carlos Iglesias dirige y protagoniza este largometraje, en el que aborda la memoria histórica desde un lugar poco habitual. El cineasta ha reconocido en el programa de La Ventana que "llevaba muchos años queriendo hablar sobre los enterrados en cunetas, pero no sabía cómo hacerlo para no enemistarme con la mitad del país". Como él mismo explica, "contárselo a los que están de acuerdo conmigo es fácil, pero contárselo a los que están en contra de la memoria histórica de nuestro país es más complicado".
Durante años no encontró la manera de llevar esa historia al cine hasta que, rodando Ispansi! en Rusia, conoció a dos hermanos españoles que habían viajado 24 veces al país euroasiático para recuperar los cuerpos de familiares caídos allí. Aquellos hombres invitaron a Iglesias a su casa, en Toledo, donde le mostraron la bala hallada entre los restos de su tío. "En ese momento cogí la bala en la mano y nació la sinopsis de esta película", recuerda el director. "De pronto tenía la excusa perfecta: si la derecha quería recuperar a sus muertos, la izquierda también".
Desde hace 12 semanas consecutivas, La bala se proyecta cada martes en los Cines Ideal de Madrid, con un coloquio posterior junto al público. La acogida que ha tenido gracias al boca a boca de los espectadores demuestra, según Iglesias, que hablar de memoria histórica no tiene por qué ser una cuestión ideológica ni necesariamente polarizante.
Abrir las heridas para sanar
La película también interpela a quienes sostienen que "es mejor no remover el pasado" y que no merece la pena reabrir las heridas que dejó la Guerra Civil. Frente a esa idea, Iglesias comparte una experiencia personal.
Cuenta que, al criarse en Suiza, veía con frecuencia documentales en televisión sobre los crímenes del nazismo. Con el tiempo conoció a un hombre judío que trabajaba como productor de esos documentales, en los que se narraba el sufrimiento de su propio pueblo. A pesar del dolor que le provocaban, defendía que contar esa historia "es la única forma de curarse, sacando esas heridas a la luz". "Me deshacía por dentro en la sala de montaje —le confesó—, porque realmente estaba viendo a mi abuelo".
100.000 muertos en fosas comunes
Iglesias concluyó su paso por La Ventana recordando que España sigue siendo "el país de las 6.000 fosas". Como subrayó el director, "no se pueden recorrer 50 kilómetros en ninguna dirección sin encontrarse con una fosa común: es inaudito, es una vergüenza". Y zanjó: "En ese sentido, la película no tiene discusión posible: si vamos a buscar a unos, tenemos que encontrar a los otros".




