Una de las primeras españolas en Chernobyl cuenta su experiencia cuando se cumplen 40 años de la tragedia: "Los rusos me miraban diciendo ¿Qué hace esta chica aquí?"
Hablamos con Rocío Millán, participante de la primera misión científica europea a la central destruida, a la ciudad de Prypiat y al bosque rojo en 1990
Rocío Millán, responsable de la Unidad de Conservación y Recuperación de Suelos del CIEMAT, en uno de sus viajes
Rocío Millán es doctora en Ciencias y licenciada en Biología Ambiental. Ahora mismo es responsable de medio ambiente de la Unidad de Conservación y Recuperación de Suelos del CIEMAT (el Centro español de referencia en Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas). Uno de sus proyectos más conocidos es la restauración de áreas afectadas por la minería de la mina de mercurio más grande del mundo: la de Almadén, en Ciudad Real.
No lo admite, cuando le preguntamos, pero sus colegas la consideran una referente en recuperación de zonas contaminadas a través de biorremediación o fitotecnologías. Otro día hablaremos de eso con ella. Hoy la llamamos para hablar de algo que ocurrió hace casi 40 años: Chernobyl. Muy joven, desde 1990, participó en las primeras labores de investigación sobre el terreno en la peligrosísima zona de exclusión, el bosque entre la ciudad de pripyat, completamente desalojada, y la central nuclear, que acababa de explotar.
P: ¿Cuándo fue la primera vez que estuviste en la zona?
Fui de las primeras en llegar porque cuando yo empecé a trabajar en el CIEMAT mi tema era "transferencia de elementos radiactivos entre el suelo, las plantas y los productos de consumo". Y claro: ese fue uno de los temas que se decidió que había que investigar en las acciones europeas llamadas "post-Chernobyl actions".
Entonces... ¿fuiste en el grupo de los primeros europeos?
Eso es. Era la primera vez que nos dejaban entrar a investigadores europeos a la zona. Es decir, personas ajenas a la entonces Unión Soviética. Era la primera vez que gente de fuera podíamos trabajar in situ, que ya era algo muy complicado. El accidente tuvo muchas connotaciones internacionales, la URSS era un mundo bastante cerrado, pero Europa decidió apoyar en la investigación y la descontaminación de los terrenos. Y ese era mi ámbito. Estuve trabajando en un campo muy cerca de la central.
¿Qué te dijo la familia?
Cuando decía que me iba a Chernobyl, mi familia, mis amigos, mis compañeros me preguntaban ¿Cómo te has metido en eso? ¿cómo se te ocurre meterte en este tipo de trabajo? Pero yo creo que alguien lo tenía que hacer. Yo soy bióloga ambiental de base, luego me doctoré en geoquímica, en química agrícola, geología y geoquímica. Y, con esa formación y esa vocación, a mí me atraía. Me atraía hacer cosas prácticas y desarrollar cosas nuevas. Tener la ocasión de desarrollar mi trabajo en un lugar así me pareció único. Creo que fue un lujo.
¿Ibas en nombre del CIEMAT de España?
En esa época, y ahora también, este centro era el máximo exponente en investigación en temas nucleares y sigue teniendo una fuerza increíble a nivel europeo e internacional. Yo entré precisamente para investigar "protección radiológica en accidentes nucleares". Y nada más llegar, al poco tiempo, me destinaron al Centro de Estudios Nucleares de Cadarache, en Francia, donde me incorporé a un grupo que hacia trabajos de campo en Chernóbil para el desarrollo de técnicas de descontaminación de suelos tras el accidente nuclear.
En ese centro se hizo un edificio donde se simuló un accidente nuclear para ver qué pasaría en suelos europeos.
Si. por eso simultaneamos los trabajos allí, en los campos experimentales con los viajes a Chernobyl. Había que probar todas las técnicas antes de ir. Junto a la central, una vez que entrabas, la situación de trabajo era difícil, no había marcha atrás. Lo que hacías lo hacías, tenías un tiempo limitado de exposición. Entonces, primero probábamos todo, ensayábamos todo, para luego, cuando fuéramos allí. ser eficaces y lo más efectivos posible.
¿Estabas en tres países a la vez?
Fui varias veces a Chernóbil en el 91 y el 92, trabajaba en Cadarache y simultaneaba un poco también con parte de mi trabajo aquí en el CIEMAT, en Madrid. Fueron tiempos muy movidos. En realidad estuve en cuatro porque durante ese tiempo la zona pasó de ser la URSS a ser Ucrania. Eran tiempos convulsos (se ríe).
¿Estuviste dentro de la central o sólo en los terrenos colindantes?
Estuve en los terrenos colindantes. De hecho, sí que me ofrecieron entrar en la central, pero la radiación era altísima (eran los primeros años todavía) y no era seguro. Y a pesar de que me lo ofrecieron, mi ámbito de trabajo era la descontaminación de suelos, la recuperación de zonas agrícolas, terrazas y zonas fluviales. Entonces... sí que estuve en la central, pero no quise entrar dentro del todo. El sarcófago estaba recién construido y la radiación era muy alta.
¿Qué se siente al estar allí?
Quizás cuando estás formado y tienes buenos profesionales como tenía yo alrededor, vas más segura. Pero cuando estabas trabajando en un campo, pasaba un camión y levantaba toda esa tierra, todo ese polvo radiactivo que se empezaba a suspender, sufrías.
¿Cómo ibais vestidos cuando estabais en el trabajo de campo?
Cuando te acercas a la zona de evacuación, a la zona que ya está restringida, hay un intercambio de vehículos y ropa. Es decir, tú vas con una ropa, y te tienes que cambiar. Tu ropa nunca entra a la zona sucia ni tampoco en el mismo vehículo. A mí me dejaban un uniforme militar. Y luego un mono que te podias poner o quitar. Dos o tres pares de guantes para protegerte, que te tenías que precintar tu. Y luego el problema es que a veces no había suficientes máscaras. Entonces, simplemente llevabas una mascarilla, como las que hemos llevado en el COVID. Y luego te cubrías la cabeza y demás. También levábamos dosímetros para ver a la radiación que habíamos estado expuestos. Llevábamos tres. Yo llevaba el del CIEMAT, el francés y uno europeo. Y tenían que coincidir las medidas.
¿Y al salir?
Lo primero que hacías era irte quitando capa a capa. La capa externa a la primera, siempre envolviéndola hacia el exterior, para que nunca te tocara. Si había alguna contaminación del suelo o de lo que fuera, no te podía tocar tocara. Nos pasaban unos medidores que te decían si estabas contaminado o no. Cuando te quitaban la primera capa, la segunda capa, si llevabas dos, incluso tres, entonces ya te ponías tu ropa y pasabas por otro medidor.
Y ese era el momento más difícil.
Te ponías de pie en él, ponías las manos y los pies... y te decía si llevabas partículas contaminadas o no. Era muy estresante, porque siempre ibas pensando "que no me haya pasado nada, que no me haya pasado nada".
¿Pensabas eso?
Aunque no quieras pensarlo, lo vas a pensar. Aunque no quiera, aunque estés segura, de cómo habías trabajado y de que habías estado cumpliendo con todas las normas de seguridad, es inevitable pensarlo. Cuando se levantaba viento, todas las partículas de suelo contaminado empezaban a volar. Estábamos trabajando en una zona de un "accidente nuclear severo". Era inevitable pensarlo. Otra cosa era cómo tu manejabas esos nervios o te fueras calmando. Pero había algunos momentos muy estresantes.
¿Teníais medios suficientes?
El primer día llegamos con máscaras antigás nueva, cartuchos y demás. El problema es que lo que entra en zona contaminada no sale. No puede salir a zona limpia. Al día siguiente, ya nos encontramos con falta de material o con que se podía haber contaminado el que nos daban y no te lo podías poner en la cara.
¿Y entonces?
Era muy tenso trabajar allí. Tú querías hacer tu trabajo de la mejor manera posible, pero había sitios donde podías estar ocho horas y sitios que estaban muchísimo más contaminados, donde el máximo de tiempo de permanencia eran dos horas. Tenías que ir todo como muy planificado.
¿Cómo era la relación con los rusos/ucranianos?
Era difícil la comunicación. Muchos de nuestros compañeros de la Unión Soviética no hablaban inglés, con lo cual dependías a veces de traductores, y eso se notaba mucho. Además, Ellos tenían una manera de trabajar y pensar que no era exactamente igual que la nuestra. Además, tú querías obtener información y te la encontrabas con cuentagotas, por decirlo de alguna manera. Aparte el contexto: era el gran accidente nuclear, el que nunca iba a ocurrir y ocurrió, con una cantidad de terrenos afectados enorme, con poblaciones enteras evacuadas. Era una situación un poco –perdóname la expresión– dantesca.
¿No teníais buena información?
Claro. Pasabas por zonas abandonadas que no estaba bien delimitado qué contaminación había en cada zona. Y, a veces, trabajabas con información escasa para la que teníamos que haber tenido. Y aun así avanzamos. Era un un accidente que era la primera vez que nos encontrábamos con algo así. Era todo nuevo.
¿Y tú que pensabas?
Tienes , por un lado, como investigadora, esa parte de, "venga, hay que hacer cosas, venga, hay que ser eficaz, venga, hay que descontaminar". Y por otro lado es... "ojo, que es un accidente nuclear muy grave y es la primera vez que nos encontramos con algo así". Entonces, tenías un poco esa dualidad de, por un lado, la curiosidad científica y las ganas de trabajar y por otro lado, el miedo a lo desconocido. Apenas teníamos datos sobre lo que estaba ocurriendo.
¿Había muchas mujeres científicas allí?
Cuando yo fui, que yo iba desde Francia con el grupo francés, pero formando parte del CIEMAT, era la única mujer del grupo. De hecho, a veces se extrañaban cuando yo llegaba y me preguntaban qué hacía yo allí. En trabajo de campo, a europeas, yo no me encontré a ninguna. Éramos muy pocas mujeres en campo. Tengo compañeras que sí trabajaban en la parte de modelización, en laboratorio tratando los datos y demás. Pero en campo, cuando yo fui, en mi grupo, era la única mujer.
¿Coincidiste con alguna mujer investigadora de la Unión Soviética?
Con dos. Pero tampoco era normal. Me encontraba allí muy sola como mujer. Por ejemplo, cuando me veían llegar para darme ubicación en la zona de trabajo, les descolocaba. Se preguntaban qué hace una chica joven, con veintipico años, trabajando ahí, en una cosa tan peligrosa. Les descolocabas.
En la primera entrada, al primer momento de bajarte y pisar el suelo. ¿Qué paisaje te encontraste? ¿Qué es lo que más recuerdas?
Yo me esperaba algo tremendo. Nos habían metido mucho miedo cuando nos hablaban del accidente nuclear. El Red Forest, el Bosque Rojo, estaba talado y demás. Pero claro, aparte de eso, no se nota nada. Simplemente sigues viendo suelo y vegetación. Y animales. Tú te esperas algo desolado, algo tremendo, pero al final, es un simple bosque. El suelo parece normal. Pero, claro,sabías que estaba contaminado con radiactividad. No huele, no quema, no puedes tocar los contaminantes. Pero están ahí.
¿Y la ciudad de Prypiat?
Eso si me impresionó Quizás lo que más. Ver todos los edificios abandonados. Y esa noria que iban a inaugurar para el primero de mayo. Verlo todo abandonado, una ciudad fantasma. Era increíble. Pensabas en las miles de personas evacuadas. Esos edificios soviéticos enormes y vacíos no se olvidan.
¿Dónde descansabas?
Me ponían aparte, en la zona de exclusión, donde teníamos la residencia. En unas habitaciones aparte. A veces me miraban como diciendo ¿Qué hace esta chica aquí? En reuniones en Kiev o en otras ciudades sí que había más jefas y había más gente que aparecía por allí. Pero en campo yo me vi siendo la única.
Cuando estabas sobre el terreno ¿Qué es lo que hacíais?
Tomábamos muestras para ver la distribución de la contaminación: mirábamos si estaba en superficie, si estaba en profundidad, si estaban los elementos radiactivos más o menos móviles, que pudieran pasar al aire o que pudieran pasar a aguas. A partir de ahí, investigamos qué técnicas de descontaminación podíamos utilizar.
¿Y qué descubristeis?
El cesio en la tabla periódica está al lado del sodio y del potasio, que son macronutrientes. La planta, que no se sabe la tabla periódica (sonríe) lo confunde, Lo mismo pasa con el estroncio, que está al lado del calcio. Entonces, lo que queríamos ver era si, aprovechándonos de esa cercanía, podíamos conseguir que fueran absorbidos por las plantas. Hacer como si la planta lo bombeara del suelo, una fitorremediación. Si la planta lo podía extraer del suelo, podíamos irlo retirando sin excavar, levantar polvo y demás.
Estuvisteis probando algo que se llama "tapiz vegetal descontaminante".
Para que te hagas una idea, son como el césped que se pone en los campos de fútbol o en los taludes de carretera, pero específico para descontaminar. Seleccionando muy bien las plantas, claro, para que tengan capacidad de absorción.
También hicisteis pruebas con árboles
Estuvimos probando una "desfoliación no letal de árboles", para que las hojas que estaban contaminadas, que interceptaron la contaminación radiactiva, no cayeran al suelo. Lo que hacíamos es engañar al árbol, decirle que era otoño sin ser otoño. Los árboles de hoja caduca tiraban la hoja contaminada y la recogíamos antes de que cayera al suelo y se descompusiera y contaminara los suelos.
¿Y funcionaron estas técnicas?
¡Sí! (su tono se vuelve alegremente orgulloso) El tapiz vegetal descontaminante lo probamos cerca de la central y cerca de la ciudad de Pripyat y se siguió utilizando. Tuvo un éxito muy alto. Con dos o tres pasadas de estos tapices, si el contaminante estaba en superficie, funcionaba. Nos aprovechamos de que las raíces fueran muy densas, muy superficiales, para que atraparan contaminantes en el suelo.
Dame números.
Con dos o tres pasadas del tapiz, llegamos a tener rendimientos de descontaminación de más del 80%.
Lo has dicho con muchísimo orgullo, que funcionó. Será el logro del que, en tu carrera, te sentirás más orgullosa, ¿no?
Es que fue muy importante. Yo soy "muy de campo". Entonces, el hacer algo práctico, el ver resultados, ver ayuda algo que has planificado durante meses o años es muy importante. Para mí es un orgullo porque fue una manera de contribuir en un momento en que se sabía muy poco de la magnitud, de la implicación, de este tipo de accidente nuclear. Estar allí, poder poder trabajar en ese nivel y probar tu técnica me pareció que era una experiencia única.
¿Qué reflexión haces de lo que pasó y del mundo en el que vivimos ahora?
Salimos de allí diciendo eso de "no puede volver a pasar". Y años después vimos Fukushima, otro tipo de accidente. No tenía nada que ver ni en fenomenología, ni en cómo ocurrió, ni nada. Pero hubo otro accidente, de otra central. Lo que más me preocupa es que ahora, por motivos bélicos, amenacen centrales nucleares. Me parece demencial.
¿Por qué?
Entre otras cosas lo demostró Chernobyl: Si tú atacas una central nuclear y estalla el núcleo tú no eres dueño del aire, ni de la meteorología, ni de factores climáticos. Entonces, ¿cómo vas a hacer explotar algo que puede afectar a tu propia población? No tiene sentido. Una vez que sale la nube radioactiva, tú ya no la controlas. A mí la amenaza nuclear me da pavor, por las consecuencias que puede tener a muy largo plazo. Piensa que todos los alrededores de Chernobyl siguen evacuado y hay zonas que no se van a poder habitar nunca. Me parece descabellado cómo se juega en las guerras actuales con este tema. Nos puede afectar a todos. Creo que deberíamos ser mucho más cautos. En un mundo tan convulso, da miedo en manos de quién estamos a veces.
Javier Ruiz Martínez
Redactor de temas de sociedad, ciencia e innovación...Redactor de temas de sociedad, ciencia e innovación en la SER. Trabajo en el mejor trabajo del mundo: hacer radio. Me gusta contar historias desde la calle.